Los siete domingos de san José

El Papa Francisco convocó el pasado 8 de diciembre de 2020 un Año dedicado a San José. En su carta apostólica el Santo Padre nos recuerda que San José amó a Jesús «con corazón de Padre».

Por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano. Muchos santos le han tenido gran devoción.

Entre las devociones populares al glorioso patriarca figuran los «Siete Domingos a San José». Consiste esta devoción en participar en la Eucaristía y comulgar, previa confesión si es necesario, siete domingos seguidos meditando
los Siete Dolores y Gozos de San José. El tiempo más apropiado es comenzarlos siete domingos antes de la solemnidad de san José, el día 19 de marzo.

En la primera mitad del siglo XIX, el papa Gregorio XVI fomentó esta devoción, concediéndole muchas indulgencias, y el beato Pío IX, declaró a San José como Patrono Universal de la Iglesia en 1870. Precisamente es conmemorando el 150 aniversario de esa declaración que en la Carta apostólica ‘Patris corde’ (‘Con corazón de padre’), el papa Francisco, dedica el año 2021 al santo Patriarca.

En la presente edición, hemos querido actualizar el lenguaje y el contenido de este loable ejercicio de piedad. Se han incorporado ecos del magisterio del Papa Francisco, así como algunas de las urgentes necesidades de nuestro mundo en las que San José nos estimula a comprometernos en la construcción de un mundo más justo y mejor según el proyecto del Reino de Dios.

Dolores y gozos de San José

Ofrecimiento

¡Glorioso Patriarca San José! Venimos a consagrarte estos siete domingos, meditando en ellos «tus dolores y gozos». Te ofrecemos nuestro corazón; recíbelo y hazlo semejante al tuyo, para que todos los días de nuestra vida te sean agradables y merezcan las bendiciones de Jesús y de María. Amén.

Primer dolor y gozo

El Dolor de la perturbación de San José sobre el embarazo de la Santísima Virgen María y la Alegría de saber que María sería la Madre de Dios

José, como era justo y no quería difamar a su esposa, pensó en repudiarla en secreto. Estando él considerando estas cosas, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas en recibir a María, tu esposa, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo (Mt 1,18-21).

Glorioso San José, Esposo de la Virgen María, las angustias de tu alma, ante la duda de abandonar a tu purísima Esposa, se tornaron en inmensa alegría al conocer por el Ángel el misterio de la Encarnación.

Por este dolor y gozo te suplicamos por todas las familias del mundo. Para que en ellas se acoja y se custodie el don de la vida, recreando el clima de íntima comunión, amor y oración de la Sagrada Familia en Nazaret.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Segundo dolor y gozo

El Dolor por el Rechazo del pueblo de Belén y la Alegría del nacimiento del Niño Jesús

Y sucedió que a María le llegó tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel se les presentó y, en torno a él, apareció una legión del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad (cfr. Lc 2,6.8.14).

Dichoso Patriarca San José, elegido para cumplir los oficios de padre con el Hijo de Dios hecho hombre. La extrema pobreza con que Jesús nació en Belén, te causó una gran pena, pero el anuncio del Ángel en aquella luminosa noche te colmó de gozo.

Por este dolor y gozo, te suplicamos que en nuestro mundo se reconozca la dignidad del trabajo y que ella inspire la vida social y una legislación que favorezca la justa distribución de las riquezas de la tierra. Ruega a Jesús para que no falte un trabajo digno a quienes lo necesitan.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Tercer dolor y gozo

El Dolor de la Circuncisión del Niño Jesús y la Alegría de la Imposición del Santo Nombre de Jesús

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción (Lc 2,21).

Glorioso San José, cumplidor obediente de la Ley de Dios. La Sangre preciosa derramada por Jesús en la circuncisión te traspasó el corazón; pero el nombre de «Jesús» que se le impuso, te llenó de consuelo.

Por este dolor y gozo te suplicamos que nos hagas sentir tu paternal mirada sobre nosotros, guíanos hacia el Señor y haz que no seamos cristianos de escaparate, sino de los que saben mancharse las manos para construir con Jesucristo su Reino de amor, de alegría y de paz.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Cuarto dolor y gozo

El Dolor de la Profecía del profeta Simeón y la Alegría de la Salvación de las almas

Simeón bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Después dijo a María: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como un signo de contradicción –y a ti misma una espada te traspasará el alma– para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2,29-35).

Glorioso San José, cumplidor fiel de los planes de Dios. Grande fue tu dolor al saber por la profecía de Simeón, que Jesús y María estaban destinados a padecer, mas este dolor se convirtió en gozo al conocer que esos padecimientos serían causa de salvación para los hombres.

Por este dolor y gozo y por los méritos de Jesús y de María, te rogamos nos alcances la gracia de trabajar sin cansancio en el sueño misionero de llevar a todos los hombres la alegría del Evangelio.

 Quinto dolor y gozo

El Dolor de la huída a Egipto y la Alegría del cumplimiento de las Profecías

El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13).

Glorioso San José, Custodio de la Sagrada Familia, grande fue tu sufrimiento para alimentar y servir a tu Familia, sobre todo en la huida a Egipto; de igual manera que fue grande tu alegría de tener siempre contigo al mismo Hijo de Dios y a su Madre Santisima, y poder protegerlos.

Por este dolor y gozo, te rogamos nos consigas la gracia de imitarte amando y protegiendo a los indigentes y a los pobres, a los afligidos y a los moribundos, a los migrantes que tienen que abandonar su tierra a cusa de la guerra, el odio, la persecución o la miseria. Concédenos servir a Dios en estos hermanos, pues cada vez que con ellos lo hacemos, con Cristo mismo lo hacemos.

Sexto dolor y gozo

El Dolor de saber que reinaba Arquelao y la Alegría de la vida familiar y Nazareth

José se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno (Mt 2,22-23).

Glorioso San José, que con valentia creativa hiciste frente a las dificultades. Si tu alegría al volver de Egipto se vio turbada por el miedo a Arquelao, después, tranquilizado por el ángel, viviste contento en Nazaret con Jesús y María.

Por este dolor y gozo, te suplicamos que concedas a todos aquellos que sufren persecución o discrimina- ción a causa del nombre de Cristo el don de la paciencia y de la caridad, para que puedan dar testi- monio fiel y creíble de tus promesas. Concédenos la gracia de sentirnos unidos a ellos y trabajar por la paz y la libertad de todos los hombres.

Séptimo dolor y gozo

El Dolor de la Pérdida del Niño Jesús durante tres días y la Alegría de encontrarlo en el Templo

Los padres de Jesús, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrar al niño Jesús, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas (Lc 2,44-46).

Glorioso Patriarca San José, modelo de santidad. Grande fue tu dolor al perder, sin culpa, al Niño Jesús y tener que buscarle, con gran pena, durante tres días; pero mayor fue tu gozo cuando al tercer día lo hallaste en el templo en medio de los doctores.

Por este dolor y gozo, te suplicamos que nos alcances la gracia de vivir siempre unidos a Cristo y rechazar el pecado, recorriendo nuestra vida como un camino de santidad. Intercede por nosotros para que realicemos nuestra misión con amor y perseve- rancia según el camino de las bienaventuranzas.

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.

Oración a san José del Papa Francisco

A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado  José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentia, y defiéndenos de todo mal. Amén.

Oración a San José

Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones  tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución.

Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén.

Oración del Papa León XIII

A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; y después de invocar el auxilio de tu Santísima Esposa solicitamos también confiados tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, oh Providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción; asístenos propicio, desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas: y, como en otro tiempo libraste al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora, defiende a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio, para que, a tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el cielo la eterna felicidad. Amén.

Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Cristo, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo óyenos. Cristo óyenos.

Cristo escúchanos. Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.

Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.

Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros. 

Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.

Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.

Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.

Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.

Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.

José, justísimo, ruega por nosotros.

José, castisimo, ruega por nosotros.

José, prudentísimo, ruega por nosotros.

José, valentísimo, ruega por nosotros.

José,  fidelísimo,  ruega  por  nosotros.

Espejo de paciencia, ruega por nosotros.

Amante de la pobreza, ruega por nosotros.

Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.

Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.

Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.

Sostén de las familias, ruega por nosotros.

Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.

Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.

Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.

Terror de los demonios, ruega por nosotros.

Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

ten misericordia de nosotros.

V.- Le estableció señor de su casa. R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oremos:

Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santisima Madre: concédenos, te rogamos, que pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle por intercesor en el cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

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