San José abogado de las almas del Purgatorio

No cabe duda, como decía Santa Teresa de Jesús, que San José es el Abogado Universal, o, lo que es lo mismo, que Él remedia todos los males; ya que jamás se pide al Señor gracia alguna por intercesión de este Glorioso Patriarca que no se consiga en el acto, si se pide bien y como conviene.

 “El poder de san José, patrón de la Iglesia universal, se ejerce con seguridad sobre la Iglesia sufriente como sobre la Iglesia militante. Las letanías lo invocan llamándolo: Patrono de los moribundos. Los moribundos, a los que consuela al momento del tránsito, pueden, evidentemente contar de inmediato con su paternal protección”.

Cardenal Rouleau, arzobispo de Montréal, Canadá

SAN JOSÉ ABOGADO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO

San José es el santo patrono de una muerte digna porque, de acuerdo a la Tradición de la Iglesia, José murió en compañía de Jesús y María antes de que Jesús comenzará su misión apostólica. Es por eso que siempre es bueno tener una devoción a San José, para que él interceda, junto con la Virgen María, “ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.”

San José también es el Campeón de las Almas del Purgatorio. Estas Almas no pueden orar por ellas mismas, pero si pueden interceder por nosotros aquí en la tierra. El orar por las Almas del Purgatorio es una devoción poderosísima porque ellas están literalmente a la merced de la misericordia de Dios, y dependen de nuestras oraciones por ellas para precipitar su ascenso al Cielo.

Las Almas del Purgatorio oran por nosotros al ser ellas purificadas, y una vez que suben al Cielo, continúan orando por nosotros. Solo sabremos cuantas almas hemos ayudado a salir del Purgatorio después de nuestra muerte si, con el favor de Dios, Nuestro Padre Celestial nos dé la bienvenida a nuestra patria celestial.

No cabe duda, como decía Santa Teresa de Jesús, que San José es el Abogado Universal, o, lo que es lo mismo, que Él remedia todos los males; ya que jamás se pide al Señor gracia alguna por intercesión de este Glorioso Patriarca que no se consiga en el acto, si se pide bien y como conviene.

La razón es obvia. No hay abogado mejor que el que defiende una causa que en algún tiempo fue propia, porque la conoce perfectamente, hasta en sus más pequeños detalles y se interesa mucho en ella; y habiendo padecido tanto San José durante su vida, síguese que será compasivo con los que ahora padecemos; no nos olvidará en los supremos y críticos instantes de nuestra existencia, y sobre todo no podrá menos de compadecerse mucho de las almas detenidas en el lugar de expiación.

En efecto, cuando su alma privilegiada salió de su cuerpo virginal se apartó de la presencia del Redentor y de la Virgen Madre. ¡Cuánto sufriría entonces con esta separación su inocente y atribulado espíritu!

Las puertas de la Celestial Jerusalén estaban completamente cerradas a todas las generaciones. Debían ser rociadas con la Sangre inmaculada del Cordero de Dios para que quedasen francas y abiertas a los pueblos redimidos.

El amorosísimo Jesús, víctima inocente y voluntaria en el expiatorio sacrificio, no habiendo llegado su hora, aún debía permanecer tres años sobre la tierra; luego el alma de San José, antes de penetrar en el Cielo, debía ser detenida juntamente con las de los justos del antiguo Testamento, en el seno de Abraham.

Si el Santo Patriarca, durante los tres días en que el divino Niño estuvo perdido en el Templo, le anduvo buscando con tanta angustia, ¿qué ansias no padecería su alma en los años que estuvo en el Limbo, apartada de la presencia de Jesús y María?

Sólo quien amara a Jesús y María como San José les amaba, sería capaz de formarse un concepto adecuado de la vehemencia de sus anhelos.

Sabiendo, pues, nuestro Glorioso Santo por experiencia propia cuán ardientes son en las almas justas los deseos de ver a Dios, y qué acerbos padecimientos dicha privación les causa, ¡con que afán procurará aliviar a las Benditas Almas del Purgatorio!

Oración a San José por las Almas del Purgatorio

Glorioso Patriarca San José, a tu santa intercesión recomiendo el descanso y la paz eterna de todas las almas que sufren en el purgatorio. Ten compasión de ellas porque son almas queridas de María, tu santa esposa y de Jesús, que para ti es siempre obediente y amable Hijo.

Tú que en vida terrena consolabas a los que sufrían, socorre, te suplico, a las almas que padecen en ese torrente de fuego.

Amorosísimo San José, que tan tiernamente amasteis a Jesús, y tan vivamente sentisteis la privación de su presencia cuando lo perdieres en el Templo, os encomiendo con fervor las Santas Almas que, lejos de la amable presencia de Dios, están padeciendo en el Purgatorio.

Oh Santo Patriarca, sed su consuelo en aquel lugar de penas y expiación, dignaos aplicarles los piadosos sufragios de los fieles, particularmente los míos.

Constituíos su intercesor para con Jesús y María y romped con vuestra poderosa oración sus cadenas, para que puedan ascender al seno de Dios y gozar de la felicidad eterna. Amén.

Por ellas intercede ante Jesús y María, que nada niegan a tus eficaces ruegos. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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