ORAR LAS BIENAVENTURANZAS

Las Bienaventuranzas son la base fundante donde construir la nueva humanidad que Dios quiere que seamos: “No os quedéis a medio camino. Sed como vuestro padre del cielo”. (Mt 5,48).

Bienaventurados son aquellos que se levantan contentos cada mañana,
Agradecidos simplemente por vivir un nuevo día, nuestro camino hacia Ti, oh Dios,

Bienaventurados son aquellos que se perdonan a si mismos sus faltas de atención, sus errores y caídas, abriéndose a tu divino perdón.

Bienaventurados son aquellos que tienen ojos para ver la simple belleza de una margarita, el esplendor de una puesta de sol, la majestad de una montaña y te alaban en esas maravillosas manifestaciones.

Bienaventurados son aquellos que poseen oídos para escuchar el sonido de la lluvia cayendo, los momentos íntimos de sus propios corazones, las risas de los niños al jugar, Tu voz dentro de todas las voces.

Bienaventurados son aquellos cuyos corazones acogen el amor y el cariño de otros, sin sentir la necesidad de ganárselos, recordando que en el amor de los demás conocemos el poder de Tu amor por nosotros.

Bienaventurados son aquellos que confían y creen que este viaje humano es un viaje sagrado, y que Tú, oh Dios, estás encontrándonos una y otra vez en nuestro caminar. Amén


Por: Anna Seguí ocd

Las Bienaventuranzas son la base fundante donde construir la nueva humanidad que Dios quiere que seamos: “No os quedéis a medio camino. Sed como vuestro padre del cielo”. (Mt 5,48).

1 La oración nos centra en Dios y Jesús. Nos despoja de nosotros mismos para revestirnos de su amor. Todo lo recibimos como don suyo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. ¿Tengo un corazón de pobre para amar?

2 La oración nos hace conscientes de nuestra menesterosidad. Nos pone en comunión con el sufrimiento de la humanidad: “Los gozos y las esperanzas, las penas y alegrías”. La oración dispone nuestro corazón para la acogida de quien necesita amparo, escucha, consuelo: “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. ¿Se ver y compadecerme de las lágrimas del sufrimiento ajeno?

3 Ser orante es permanecer ante Dios con la seguridad de sabernos amados y favorecidos por Él. Todo es gracia y don del Espíritu: “Bienaventurados los humildes porque poseerán la tierra”. ¿Tengo un corazón humilde para reconocer que todo lo recibo de Dios?

4 Orar es dejarnos penetrar de la justicia de Dios. Disponernos siempre a hacer su voluntad nos va haciendo justos en nuestro proceder, a favor de los hermanos: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de ser justos, porque serán saciados”. ¿Mis actitudes son favorecedoras de bien para los hermanos?

5 La oración nos va transformando a la manera de Jesús, adquirir su mentalidad y pasar por la vida haciendo el bien. Lo determinante es tener entrañas de misericordia: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. ¿Amo con el amor que nos muestra Jesús?

La oración es purificadora, nos va limpiando y esclareciendo desde dentro. Hace aflorar lo mejor de nosotros mismos, la imagen y semejanza de Dios con que fuimos creados: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. ¿Se ver la bondad y belleza de Dios que hay en los demás?

Orar es pacificar la existencia, crear la reconciliación, solidarizarnos con la paz: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. ¿Estoy desarmada y pacificada por dentro para ser portadora de paz?

8 La oración nos hace constructores de la justicia. Acoger la voluntad de Dios, sea lo que sea, porque Él quiere todo nuestro bien y felicidad. Su voluntad es nuestra felicidad, nuestro buen camino. El amor nos capacita para asumir la persecución y la cruz: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos”. ¿Me hallo disponible para dar la vida por el Reino de Dios y su justicia?

9 Orar nos va haciendo libres y nos vincula al espíritu de las Bienaventuranzas, hasta ser transformados por ellas: “Bienaventurados cuando os insulten y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. ¿Me siento libre para asumir el mal injusto que puedan volcar sobre mí?

Que los santos y Bienaventurados del cielo, nos ayuden a ser santo y bienaventurados en la tierra.

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