ORACIONES A SAN AGUSTÍN

San Agustín convirtió su corazón a uno amoroso y fraternal. Era amable y caritativo con todos, no importase si fueren pecadores, les proporcionaba ayuda, comida y los orientaba en el camino hacia el perdón y la penitencia.

Durante su vida cristiana, San Agustín se enfoca en buscar a Dios incesantemente, en aprender su verdad y descifrar su conocimiento, para lo cual se apoyo en su madre y amigos, sabiendo que la ayuda de otros es necesaria. San Agustín enseña que la vida en comunidad es sumamente importante para reflexionar aprender la verdad.

San Agustín convirtió su corazón a uno amoroso y fraternal. Era amable y caritativo con todos, no importase si fueren pecadores, les proporcionaba ayuda, comida y los orientaba en el camino hacia el perdón y la penitencia.

Su pensamiento explicaba que el pecado perdía las almas pero que la gracia divina de Dios era capaz de personar a los pecados y redimir las almas, así pues, San Agustín veía al mundo como el sitio mediador entre Dios y los hombres.

Oración de San Agustín para encontrar la paz

San Agustín sabía muy bien lo que era no tener paz, vivir durante años con el corazón inquieto, buscando y buscando, sin saber dónde encontrar lo que tanto deseaba. “La paz os dejo, mi paz os doy”, dijo Cristo, y hoy como en tiempos de Agustín, solo en él podemos encontrarla.

«Dios mío,
mi corazón es un ancho mar
siempre revuelto por las tempestades:
Haz que en ti encuentre la paz y el descanso.

Tú que mandaste al viento y al mar que se calmaran,
y al oír tu voz se apaciguaron,
ven ahora a caminar
sobre las olas de mi corazón
para que recobre la paz y la tranquilidad
y pueda poseerte como mi único bien,
y contemplarte como la luz de mis ojos,
sin confusión ni oscuridad.

Que mi alma, Dios mío, quede libre
de los confusos pensamientos de este mundo,
se refugie a la sombra de tus alas
y encuentre allí
el lugar del consuelo y de la paz».

San Agustín de Hipona, Meditaciones, 37.

San Agustín de Hipona – La muerte no es el final

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros.

Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.

No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.

Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.

La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.

¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?

Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.

¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

AMÉN

San Agustín de Hipona

Oración de San Agustín para momentos difíciles

Hay noticias que nos rebelan y nos cuestan aceptar. Por otra parte, qué difícil es consolar a una persona que acaba de perder a un ser querido. Una mamá nos envió esta oración de San Agustín que le entregaron manos anónimas cuando perdió a su hijo. La recibió con el corazón abierto, y encontró un poco de consuelo y un abrazo amoroso para ese momento.  

No llores si me amas

No llores si me amas, 

Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo. 

Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos. 

Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos 

y los nuevos senderos que atravieso. 

Si por un instante pudieras contemplar como yo, 

la belleza ante la cual las bellezas palidecen 

Cómo…¿Tu me has visto, me has amado en el país de las sombras 

y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades? 

Créeme. Cuando la muerte venga a romper las ligaduras

como ha roto las que a mí me encadenaban, 

cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,

y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,

ese día volverás a verme, 

sentirás que te sigo amando, 

que te amé, y encontrarás mi corazón 

con todas sus ternuras purificadas. 

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz! 

Ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo, 

que te llevaré de la mano por senderos nuevos de luz y de vida.

Enjuga tu llanto y no llores si me amas. 

San Agustín

Oración del autoconocimiento de San Agustín

Señor Jesús, permíteme conocerme a mí mismo y conocerte a Ti, y no desear nada más que a Ti.

Déjame odiarme y amarte.

Déjame hacer todo por ti.

Déjame humillarme y exaltarte.

Déjame pensar en nada más que en ti.

Déjame morir a mí mismo y vivir en Ti.

Permíteme aceptar lo que sea que suceda, como si fuera de ti.

Déjame desterrar el yo y seguirte, y desear siempre seguirte.

Déjame volar de mí mismo y refugiarme en Ti, que yo merezca ser defendido por ti.

Déjame temer por mí mismo.

Déjame temerte, y permíteme estar entre aquellos que son elegidos por Ti.

Déjame desconfiar de mí mismo y poner mi confianza en Ti.

Permíteme estar dispuesto a obedecer por Tu bien.

Déjame aferrarme a nada excepto a Ti, y déjame ser pobre por tu gracia.

Mírame, para que pueda amarte.

Llámame para que pueda verte, y para siempre disfrutar de Ti.

Amén.

Oración de San Agustín para pedir la protección de Dios

Señor Jesús, permíteme conocerme a mí mismo y conocerte y no desear nada excepto a ti. Déjame odiarme y amarte. Déjame humillarme y exaltarte.

Déjame pensar sólo en ti. Déjame morir a mí mismo y vivir en ti. Déjame aceptar lo que sea que pase, como si fuera de ti.

Déjame desterrarme y seguirte, y siempre desearé seguirte. Déjame volar de mí mismo y refugiarme en ti, para que merezca ser defendido por ti. Déjame temer por mí mismo, déjame temerte a ti, y déjame estar entre los que son elegidos por ti.

Déjame estar dispuesto a obedecer por tu bien.

Déjame aferrarme a nada excepto a ti, y déjame ser pobre por tu culpa. Mírame, para que pueda amarte. Llámame para que pueda verte, y para siempre disfrutar de ti.

Amén.

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