LA SANACIÓN DE LOS RECUERDOS, UNA ORACIÓN PARA ELLO

Para conseguir la mayor paz y felicidad en nuestro interior, es bueno entrar dentro de nosotros mismos, para sanar aquello que nos hace daño. Ante la complejidad de cada persona y ante la diversidad de unos con otros, lo iremos estudiando por partes.

Texto del Padre De Grandis.

Decimos vulgarmente que cada persona es un mundo, por aquello de que su interior es de una complejidad tal, que resulta muy difícil de esclarecer. Y no andamos equivocados. Cada uno ha recibido, desde su concepción e infancia, gran cantidad de sensaciones de toda índole, tanto positiva como negativas, y ello en forma muy particular. No es de extrañar que no encontremos dos personas iguales en su forma de reaccionar, de ver las cosas, de juzgar. Todos llevamos en nuestro interior un mundo de informaciones, de sensaciones, que a través de la vida hemos recibido, lo cual nos hace reaccionar de una manera o de otra.

Para conseguir la mayor paz y felicidad en nuestro interior, es bueno entrar dentro de nosotros mismos, para sanar aquello que nos hace daño. Ante la complejidad de cada persona y ante la diversidad de unos con otros, lo iremos estudiando por partes.

En la presente enseñanza queremos poner la mirada en los RECUERDOS que todos arrastramos.

DIVERSIDAD DE RECUERDOS.

A) LOS RECUERDOS Y EL OLVIDO.

Hay muchas heridas de la vida son tan amargas que la conciencia no soporta retenerlas y las envía al subconsciente.

Por eso muchas situaciones desagradables se olvidan.

B) OLVIDOS FALSOS.

Alguna vez, como de paso, resurgen al ver a alguien, pero no queremos complicarnos e inmediatamente ignoramos y olvidamos ese recuerdo.

Estos son recursos para mantener la paz interior. Ese olvido no hace que las heridas se hagan inofensivas. Son falsos olvidos que se transforman en una gran espina que nos convierte en susceptibles, temerosos, competitivos, celosos, envidiosos, y ansiosos.

C) DOLOR ESCONDIDO

Las malas experiencias a las que nos hemos enfrentado y no han sido sanadas a tiempo, quedan escondidas y lastiman por lo bajo, produciendo sensaciones desagradables y difusas.

Por lo mismo, puedo llegar a herir a otro como yo fui herido.

Hay pequeñeces que ahora parecen infantiles, pero que cuando las recordamos nos producen dolor.

Podemos ser:

1) Aquel niño que sufrió y aún no fue sanado.

2) O aquel adolescente desilusionado que aún está clamando un S.O.S dentro de sí.

En consecuencia, si esto no lo voy sacando, irá acumulando desperdicios dentro del corazón.

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CONSECUENCIAS DE RECUERDOS NO SANADOS.

Los recuerdos no sanados nos pueden acarrear situaciones no agradables y difíciles. En otras palabras. Cuando veamos caracteres raros, reacciones extrañas, estados de ánimo tristes, abatidos, cabizbajos, etc. podemos sospechar que algún recuerdo no querido hay en el subconsciente de la persona.
Cada sentimiento, desde la concepción da por resultado recuerdos que están grabados en el subconsciente.
Estamos afectados emocional y físicamente por los recuerdos que recibimos desde los sentidos.
Asociamos experiencias presentes con las pasadas.
Los recuerdos dolorosos negativos, tienden a hacernos negativos e infelices. Ejemplo. Un padre bebedor, y su falta de amor con sus hijos, o la falta de amor en la relación entre sus padres, traerá a los niños fuertes recuerdos negativos, resentimiento hacia el padre bebedor.
Experiencias traumáticas cuyo resultado es el resentimiento y la culpabilidad.

Experiencias traumáticas.

– Alcoholismo en la familia.

– Muerte de los padres o de otros miembros de la familia a temprana edad.

– Inesperada separación de los padres o de la familias, divorcio o ausencia de los padres.

– Defectos del cuerpo, o de la mente o del espíritu, del cual se tiene conciencia, por ejemplo, al ser llamados “gordo” “chico” “piernas largas” etc.

– Ataques a la integridad de la persona, por ejemplo “tú eres tonto” “tú no haces nada bien” “tú no sirves para nada”.

– Culpa de los pecados del pasado. (Muchos saben que Dios les ha perdonado, pero ellos no se pueden personar a sí mismos)

– Miedo, resentimiento, de uno de los esposos o padres, lástima de sí mismos.

– No haberse sentido amado, querido, necesitado o apreciado por los demás.

En una palabra, cualquiera de una de las anteriores cosas puede conllevar un carácter agrio, falta de generosidad, de libertad, y en consecuencia, falta de felicidad.

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BUSCANDO LA SANACIÓN DE LOS RECUERDOS.

A) LA AYUDA SICOLÓGICA

La sicología racionaliza el pasado y le anima a aceptar los recuerdos dolorosos o bien ayuda a aprender a vivir con ellos.

Los sicólogos ponen énfasis en el diálogo con ellos. Todo esto es a un nivel intelectual, cuando en realidad la dificultad se centra en lo emocional.

Los recuerdos son la base para nuestra vida emocional estable.

B) TODO BAJO LA MIRADA AMOROSA DE CRISTO.

No se trata de estar a cada rato recordando dolores pasados. Si estamos atentos a toda tristeza que nos aparezca dentro, terminaremos obsesionados.

Tampoco se trata de darles vueltas interiormente, sino de reconocer cosas viejas, que empujan desde dentro hacia fuera, hacia la luz.

Cuando deseemos entrar en nuestros recuerdos, (no olvidemos que nos podemos encontrar con algunos muy dolorosos) nunca debemos hacerlo solos sino acompañados siempre de Cristo Jesús.

Se trata de revivir hechos dolorosos ante la mirada de Cristo, y luego olvidarlos, confiando en la obra sanadora del Señor.

No debemos permitir que quede ninguna parte de nuestra vida, fuera de la mirada y de la luz del Señor.

Puede tratarse de cosas que nos den vergüenza, o que nos hagan sentir culpables, pero para alcanzar la paz, es necesario no esconderlas más.

La mirada de Jesús no hace daño; no nos hace sufrir; no busca lastimarme. Solo busca mi felicidad, mi sanación y mi liberación.

Justamente un signo de que hemos sanado la herida, es que podemos presentar serenamente aquel hecho ante la mirada del Señor.

Él conoce el hecho, no se lo podemos ocultar. Pero es necesario presentárselo, y permitirle que entre allí, para poder sanarme.

Es muy útil imaginarse ese momento del hecho doloroso, sólo y sufriendo; pero imaginar que en aquel momento se acerca Jesús, me abraza, consuela y acaricia mi herida. (Víctor Manuel Fernández)

C) LA PAZ DEL REINO DE DIOS.

“La paz os dejo, la paz os doy”. Bellas palabras del Evangelio. Pero estas palabras deben ser una reflexión que los cristianos debemos hacernos.

Entregamos nuestras vidas a Dios, y no siempre gozamos de una profunda y verdadera paz interior. La santidad a que Cristo nos ha llamado es una armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Una integración de los tres elementos.

Sabemos de la influencia que tiene en el hombre los recuerdos sensoriales.

Si los recuerdos son positivos y agradables, tendremos una persona positiva y feliz.

Si los recuerdos son negativos y dolorosos, la persona será negativa e infeliz.

El 90% de la mente humana es subconsciente, y allí está almacenada todas las experiencias de nuestra vida.

Los recuerdos tienen influencia en nuestra vida emocional, mente y cuerpo.

D) LA ORACIÓN CRISTIANA.

Puede sanar para siempre el dolor que producen los recuerdos.

Según personas experimentadas en sanación interior nos dicen que un resultado valioso de la identificación de los recuerdos es la posibilidad de orar específicamente por recuerdos bien identificados.

El orar por todos los recuerdos en general, no parece tan efectivo.

El sacerdote puede hacer algo de esto en el sacramento de la reconciliación.

El psiquiatra Hugh Missaldine, M.D., afirma que todos tenemos dentro de nosotros mismos al pequeño niño que fuimos, viviendo en nosotros con todas sus tensiones, odios, resentimientos, orgullo, dolores, amor propio, etc.

Muchos de los problemas de los adultos resultan de estos sentimientos y emociones negativas ocurridas en la niñez.

En esta oración de sanación del hombre interior, pedimos al Señor que sane estos recuerdos negativos profundos para que la persona sea libre de esas ataduras.

Ejemplo. Si un hombre tuvo padres perfeccionistas, conservará la tendencia al perfeccionamiento en todo lo que haga. Aunque las cosas estén bien hechas, él siempre tenderá a perfeccionarlas más, y esto le causará tensiones, dejándole un profundo sentimiento de imperfección.

Por medio de la oración, el Señor le sanará de esta conducta compulsiva hacia el perfeccionismo exagerado.

De la misma manera sucederá con los otros recuerdos dolorosos de la niñez como son los padres “severos”, “poco amorosos”, “posesivos”, “tolerantes”, “hipocondríacos”, etc.

El Corazón Roto En El Fondo Negro Fotos, Retratos, Imágenes Y Fotografía De  Archivo Libres De Derecho. Image 18707782.

Oración para la sanación de los recuerdos (del P. Emiliano Tardif)

Padre de bondad, Padre de amor, yo te bendigo, te alabo y te doy gracias
porque, por amor, nos has dado a Jesús.
Gracias, Padre, porque, a la luz de tu Espíritu,
comprendemos que Él es la Luz, la Verdad y el Buen Pastor
que ha venido para que tengamos vida en abundancia.

Hoy, Padre, quiero presentarte a este hijo. Lo conoces por su nombre.
Te lo presento para que pongas sobre su vida una mirada de Padre.
Tú conoces su corazón y las heridas de su historia.
Tú sabes todo lo que ha querido hacer y no ha hecho.
Tú sabes lo que ha hecho y el daño que le han hecho.
Tú conoces sus límites, sus errores y su pecado.
Tú conoces los traumas y los complejos de su vida.

Hoy, Padre, te pedimos, por el amor de tu hijo Jesucristo,
que derrames tu Espíritu Santo sobre este hermano
para que el calor de tu amor sanador penetre basta lo más íntimo de su corazón.
Tú, que sanas los corazones desgarrados y vendas las heridas, sana a este hermano, Padre.
Entra en este corazón, Padre, como entraste en la casa donde estaban tus discípulos acobardados.
Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: “La paz esté con vosotros” .
Entra en este corazón y dale tu paz. Llénalo de tu amor.
Sabemos que el amor expulsa el miedo. Entra en su vida y sana su corazón.

Sabemos, Señor, que lo haces cada vez que te lo pedimos,
y te lo pedimos con María, nuestra Madre,
Ella que estuvo en las Bodas de Caná, cuando ya no tenían vino.
Tú respondiste a su deseo transformando el agua en vino.
Cambia su corazón, dale un corazón generoso, afable,
lleno de bondad, dale un corazón nuevo.

Haz brotar en este hermano los frutos de tu presencia.
Dale los frutos de tu Espíritu que son: Amor, Paz y Alegría.
Haz que descienda sobre él el Espíritu de las Bienaventuranzas
para que pueda saborear y buscar a Dios cada día 
viviendo sin complejos ni traumas junto a su cónyuge ,
su familia, sus hermanos, sus hijos y sus nietos.

Te doy gracias, Padre, por lo que haces hoy en su vida.
Te damos gracias de todo corazón porque eres Tú quien nos sana,
quien nos libera, quien rompe nuestras cadenas y quien nos devuelve la libertad.
Gracias Señor porque somos templos de tu Espíritu
y este templo no puede ser destruido porque es la Casa de Dios.
Te damos gracias, Señor, por la fe y por el amor
que has puesto en nuestros corazones.
¡Qué grande eres Señor! ¡Bendito y alabado seas, Señor!
Amén.

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