Evangelio de hoy jueves, 4 de noviembre de 2021 y 7 Peticiones por las Almas del Purgatorio

«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta» 

Texto del Evangelio (Lc 15,1-10): 

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos».

Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

»O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Camilo Rodríguez - Oveja negra de Jesús Soy la oveja negra. Soy la oveja  que Jesús rescata. Me salgo del rebaño. Me brinco las cercas. Me gusta  andar por trillos poco transitados.

 Reflexión del portal: evangeli.net

«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta»

Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous (Barcelona, España)

Hoy, el evangelista de la misericordia de Dios nos expone dos parábolas de Jesús que iluminan la conducta divina hacia los pecadores que regresan al buen camino. Con la imagen tan humana de la alegría, nos revela la bondad de Dios que se complace en el retorno de quien se había alejado del pecado. Es como un volver a la casa del Padre (como dirá más explícitamente en Lc 15,11-32).

El Señor no vino a condenar el mundo, sino a salvarlo (cf. Jn 3,17), y lo hizo acogiendo a los pecadores que con plena confianza «se acercaban a Jesús para oírle» (Lc 15,1), ya que Él les curaba el alma como un médico cura el cuerpo de los enfermos (cf. Mt 9,12). Los fariseos se tenían por buenos y no sentían necesidad del médico, y es por ellos —dice el evangelista— que Jesús propuso las parábolas que hoy leemos.

Si nosotros nos sentimos espiritualmente enfermos, Jesús nos atenderá y se alegrará de que acudamos a Él. Si, en cambio, como los orgullosos fariseos pensásemos que no nos es necesario pedir perdón, el Médico divino no podría obrar en nosotros. Sentirnos pecadores lo hemos de hacer cada vez que recitamos el Padrenuestro, ya que en él decimos «perdona nuestras ofensas…».

¡Y cuánto hemos de agradecerle que lo haga! ¡Cuánto agradecimiento también hemos de sentir por el sacramento de la reconciliación que ha puesto a nuestro alcance tan compasivamente! Que la soberbia no nos lo haga menospreciar. San Agustín nos dice que Jesucristo, Dios Hombre, nos dio ejemplo de humildad para curarnos del “tumor” de la soberbia, «ya que gran miseria es el hombre soberbio, pero más grande misericordia es Dios humilde».

Digamos todavía que la lección que Jesús da a los fariseos es ejemplar también para nosotros; no podemos alejar de nosotros a los pecadores. El Señor quiere que nos amemos como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34) y hemos de sentir gran gozo cuando podamos llevar una oveja errante al redil o recobrar una moneda perdida.

Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por  noventa y nueve justos que no necesitan convertirse". - InfoVaticana

 Reflexión del portal: ciudadredonda.org

Nos encontramos con los diez primeros versículos del famoso capítulo lucano de la misericordia; las dos primeras parábolas: la oveja y la moneda perdidas. Junto con la del hijo pródigo aparecen enmarcadas en un ambiente hostil de rechazo abierto a Jesús. Para los fariseos es imperdonable el acoger a los pecadores y comer con ellos.

Sin su arrepentimiento y su promesa de enmienda previos no puede mantener trato con ellos. La praxis de Jesús, al ir en otra dirección, motivaba el enfado supino y la dura oposición de aquel grupo de letrados y fariseos. Estos no llegaron a entenderle jamás al mostrarles con hechos e historietas cómo es el amor misericordioso del Padre Abbá.

El amor misericordioso de Dios–como todo verdadero amor- es siempre «débil». 

Se sitúa a las antípodas del control y de la posesividad que asfixia al amado, impidiéndole desplegar su libertad inviolable. Una oveja se puede perder, las monedas se pueden extraviar… y un hijo se puede ir de casa. No están bajo control. La posibilidad inevitable de pérdida o fuga no destruye el amor inmenso de Dios.

El amor misericordioso de Dios –como todo verdadero amor- sabe acoger en sus entrañas el dolor. 

El Abbá no es de acero inoxidable. No es ni indiferente ni insensible. La pérdida de uno solo de sus hijos –¡¡de uno solo!!- hiere su corazón de padre compasivo. Para Él, cada uno de nosotros tiene tanta importancia y valor como todo el conjunto de la humanidad. Nadie queda excluido. Dios jamás desprecia a ninguno de sus hijos e hijas.

El amor misericordioso de Dios –como todo verdadero amor- está preñado de esperanza y de alegría.

 ¡Qué aluvión de alusiones a la alegría por el reencuentro aparece en estas parábolas! Ejercitar la misericordia es una práctica audaz (tiene sus riesgos) y peligrosa (el otro puede despreciarla o abusar de la bondad); pero siempre culmina en gozo; un gozo contagioso que se transmite a otros.

Un rabino, de nombre Cordovero en una de sus obras enumera Trece Atributos de Misericordia, que debemos esforzarnos por imitar:

(1) Tolerancia;

(2) Paciencia con los demás;

(3) Perdonar;

(4) Buscar el bien en los demás y para los demás;

(5) No guardar la ira;

(6) Realizar actos de bondad;

(7) Amar y buscar el bien para alguien que te ha hecho daño y ahora desea rectificar ese daño (perdonarlo no es suficiente);

(8) Recordar las buenas acciones de los demás y olvidar las malas que cometen;

(9) Sentir compasión por los demás, incluso por la gente malvada;

(10) Actuar con honestidad;

(11) Actuar con bondad e indulgencia hacia los demás (no insistir en aplicar «la letra de la ley» sobre los demás);

(12) Ayudar a los demás a arrepentirse y no guardarles rencor;

(13) Buscar maneras de mostrar misericordia y compasión a los demás, aunque uno no encuentre en ellos ningún factor atenuante.

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7 PETICIONES POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

https://unpasoaldia.com/2021/02/01/oracion-de-7-peticiones-por-las-almas-del-purgatorio/

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