Evangelio de hoy lunes, 22 de noviembre de 2021

«Ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir»

Texto del Evangelio (Lc 21,1-4): 

En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir».

Jesús enseña sobre las blancas de la viuda - YouTube

Publicación Original en: https://evangeli.net/evangelio

«Ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir»

Rev. D. Àngel Eugeni PÉREZ i Sánchez (Barcelona, España)

Hoy, como casi siempre, las cosas pequeñas pasan desapercibidas: limosnas pequeñas, sacrificios pequeños, oraciones pequeñas (jaculatorias); pero lo que aparece como pequeño y sin importancia muchas veces constituye la urdimbre y también el acabado de las obras maestras: tanto de las grandes obras de arte como de la obra máxima de la santidad personal.

Por el hecho de pasar desapercibidas esas cosas pequeñas, su rectitud de intención está garantizada: no buscamos con ellas el reconocimiento de los demás ni la gloria humana. Sólo Dios las descubrirá en nuestro corazón, como sólo Jesús se percató de la generosidad de la viuda. Es más que seguro que la pobre mujer no hizo anunciar su gesto con un toque de trompetas, y hasta es posible que pasara bastante vergüenza y se sintiera ridícula ante la mirada de los ricos, que echaban grandes donativos en el cepillo del templo y hacían alarde de ello. Sin embargo, su generosidad, que le llevó a sacar fuerzas de flaqueza en medio de su indigencia, mereció el elogio del Señor, que ve el corazón de las personas: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir» (Lc 21,3-4).

La generosidad de la viuda pobre es una buena lección para nosotros, los discípulos de Cristo. Podemos dar muchas cosas, como los ricos «que echaban sus donativos en el arca del Tesoro» (Lc 21,1), pero nada de eso tendrá valor si solamente damos “de lo que nos sobra”, sin amor y sin espíritu de generosidad, sin ofrecernos a nosotros mismos. Dice san Agustín:

«Ellos ponían sus miradas en las grandes ofrendas de los ricos, alabándolos por ello. Aunque luego vieron a la viuda, ¿cuántos vieron aquellas dos monedas?… Ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca».

san Agustín

Bien cierto: si somos generosos con Dios, Él lo será más con nosotros.

La viuda entrega su ofrenda

Reflexión original: https://www.ciudadredonda.org/

El evangelio de hoy es continuación de una serie de enseñanzas ofrecidas por Jesús mientras predicaba la Buena Noticia en el templo.  «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás han dado como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, ha dado todo lo que tenía para vivir» (Lc 21, 3-4). 

No parece muy sensato que sea necesario dar todo lo que se tiene para vivir,  por las consecuencias obvias que conllevaría. De todos modos, Jesús llama la atención sobre el ejemplo concreto; y enfatiza que la donación de la viuda tiene mayor mérito. Al fondo de estas palabras subyace la conexión entre intención y acción. Casi siempre solemos pensar que si la intención es positiva, también lo es la acción. Pero esto no tiene por qué cumplirse siempre (sería legítimo afirmar entonces que “el fin justifica los medios”).  

Esta comparación que hace Jesús entre la ofrenda de “la viuda” y la de “todos los demás” me hace pensar en lo siguiente: no es fácil desprenderse de todo lo que se tiene, especialmente en estos momentos de crisis (aunque no sólo económica) que vive el mundo. Desde la sensatez se imponen unos mínimos de previsión, especialmente a quienes tienen obligaciones para con otros; un padre de familia no debe “aventurar” el futuro de sus hijos.  Parece que la clave residiera en compartir, una buena manera de dar; así cada quien da según sus posibilidades: dar y/o darse. De modo que, quien tiene mucho puede dar mucho y el que tiene menos, da menos. Creo que lo importante es que el corazón y la mano no se nos paralicen cuando somos testigos de la necesidad ajena.

Que como María -hoy celebramos la fiesta de su Presentación en el templo– vivamos en generosidad para que sepamos ofrecer y ofrecernos, incluso antes de que se nos pida ayuda. 

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