Evangelio de hoy martes, 14 de diciembre de 2021

«‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue»

Texto del Evangelio (Mt 21,28-32): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él».

Controversia sobre la autoridad de Jesús - PrimerGenio.com Buenos Artículos

https://evangeli.net/evangelio

Rev. D. Jordi POU i Sabater (Sant Jordi Desvalls, Girona, España)

Hoy contemplamos al padre que tiene dos hijos y dice al primero: «Hijo, vete hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,28). Éste respondió: «‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue» (Mt 21,29). Al segundo le dijo lo mismo. Él le respondió: «Voy, señor»; pero no fue… (cf. Mt 21,30). Lo importante no es decir “sí”, sino “obrar”. Hay un adagio que afirma que «obras son amores y no buenas razones».

En otro momento, Jesús dará la doctrina que enseña esta parábola: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Como escribió san Agustín, «existen dos voluntades. Tu voluntad debe ser corregida para identificarse con la voluntad de Dios; y no la de Dios torcida para acomodarse a la tuya». En lengua catalana decimos que un niño “creu” (“cree”), cuando obedece: ¡cree!, es decir, identificamos la obediencia con la fe, con la confianza en lo que nos dicen.

Obediencia viene de “ob-audire”: escuchar con gran atención. Se manifiesta en la oración, en no hacernos “sordos” a la voz del Amor. «Los hombres tendemos a “defendernos”, a apegarnos a nuestro egoísmo. Dios exige que, al obedecer, pongamos en ejercicio la fe. A veces el Señor sugiere su querer como en voz baja, allá en el fondo de la conciencia: y es necesario estar atentos, para distinguir esa voz y serle fieles» (San Josemaría Escrivá). Cumplir la voluntad de Dios es ser santo; obedecer no es ser simplemente una marioneta en manos de otro, sino interiorizar lo que hay que cumplir: y, así, hacerlo porque “me da la gana”.

Nuestra Madre la Virgen, maestra en la “obediencia de la fe”, nos enseñará el modo de aprender a obedecer la voluntad del Padre.

El Periódico de México | Versión para imprimir | Columnas-VoxDei | «¡Ay de  vosotros, los fariseos»

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En este relato es Jesús quien inicia el diálogo con los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo con una pregunta, breve y elemental: “¿Qué os parece?”. Después narra un breve cuento.

En diversas ocasiones utiliza Jesús esa expresión: ¿Qué os parece? Es una pregunta que introduce en el diálogo la clave de discernimiento. Jesús es maestro consumado en el arte de profundizar. Pregunta, hace pensar y, luego, invita a expresarse. De esa manera muestra que la verdad está al alcance de todos, incluidos aquellos que de entrada se protegen de su mensaje. La verdad no es patrimonio exclusivo de nadie, sino lugar de coincidencias y de encuentros.

Por eso, la moraleja la deducen inmediatamente sus adversarios, casi sin pensárselo por lo evidente que resulta: Es justo quien hace lo que el Padre quería. Lo correcto se verifica en la ejecución del deseo del padre. No basta el asentimiento inútil sin realización práctica y concreta. Nos lo decimos muchas veces: “Obras son amores y no buenas razones…”, “el amor está en las obras más que en las palabras”, “no el que dice Señor, Señor, sino el que cumple la voluntad de mi Padre…”.

Estos dos tipos de hijos que presenta Jesús nos sitúan en la perspectiva del adviento. El Reino puede ser preparado desde dos actitudes ante el futuro: desde una vida de deseos, apariencias y sublimes palabras que no termina por cumplir el querer del Padre o desde la contundencia insobornable de los hechos, que no necesita de la coherencia verbal para validarse.

¡Qué importancia tan decisiva da Jesús a cumplir la voluntad del Padre! La delantera en el Reino la llevarán siempre los que realicen con docilidad la voluntad de Dios, aunque sus palabras, reacciones inmediatas y apariencias sean tan escandalosas como la de las prostitutas y los publicanos. El verdadero creyente no es el petulante que se cree superior a los demás por sus altísimos deseos, sino que el que se pone manos a la obra. Solo cree en verdad el que obedece. Serán las obras, y ninguna otra cosa, las que liberen nuestra vida cristiana de la tiranía de las apariencias.

Quién de los dos hizo lo que quería el padre?" - Evangelio - COPE

Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Cuando el pecado está en el hombre, éste ya no puede contemplar a Dios. Pero puedes sanar, si quieres. La fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón»

(San Teófilo de Antioquía)

«Cuando nosotros seamos capaces de decir al Señor: —‘Señor, estos son mis pecados, no los de éste o los de aquél… ¡son los míos!; tómalos tú’, entonces seremos ese hermoso pueblo que confía en el nombre del Señor»

(Francisco)

«Jesús escandalizó a los fariseos comiendo con los publicanos y los pecadores tan familiarmente como con ellos mismos. Contra algunos de los ‘que se tenían por justos y despreciaban a los demás’ (Lc 18,9), Jesús afirmó: ‘No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’ (Lc 5,32). Fue más lejos todavía al proclamar frente a los fariseos que, siendo el pecado una realidad universal, los que pretenden no tener necesidad de salvación se ciegan con respecto a sí mismos»

(Catecismo de la Iglesia Católica, nº 588)

https://evangeli.net/evangelio/dia/VI_1214a

Santo del día | 14 de diciembre: San Juan de la Cruz

14 de Diciembre: San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Rubí, Barcelona, España)

Hoy, al celebrar a san Juan de la Cruz, descubrimos un espejo en el que nos vemos reflejados. Pero cuando los santos son un espejo, acabamos descubriendo que no lo damos todo por Dios, que somos egoístas y que en nuestra vida hay poca oración. Ver a los santos nos da miedo, porque son profetas que llaman a la conversión y nos recuerdan las palabras impresionantes de Jesús: «Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,27).

San Juan de la Cruz nos ayuda a ver el camino a recorrer y nos estimula a volver al Maestro, aunque nos encontremos en la noche del pecado y la tibieza. San Juan de la Cruz sintió el amor divino; él, pequeño de estatura, fue grande en sufrimientos; su mismo nombre ya lo indica: “Juan de la Cruz”. De una cruz que lleva a grandes dones divinos, que muchos desean obtener, pero sin tener que pasar por el camino estrecho que conduce a ellos. Llevamos la cruz porque no queda más remedio, pero nos quejamos y protestamos por el peso que hemos de llevar, y vemos la vida como una mala noche en una mala posada.

Hay personas que sí cargan con su cruz y lo hacen alegres, porque son capaces de amar: son los santos. ¿Es que ellos no tuvieron problemas? ¡Claro que los tuvieron!, pero se abrieron a una mirada diferente, porque supieron dónde está la fuente de vida que siempre brota. Los santos son un modelo, pero no quieren que les sigamos a ellos, sino a Jesucristo; san Juan de la Cruz lo expresa muy bien cuando dice: «Nunca tomes por ejemplar al hombre en lo que hubieres de hacer, por santo que sea, porque te pondrá el demonio delante sus imperfecciones, sino imita a Jesucristo, que es sumamente perfecto y sumamente santo y nunca errarás».

Biografía de San Juan de la Cruz

Juan de Yepes y Álvarez (Juan San Matías y más tarde Juan de la Cruz) nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. No tuvo una infancia fácil, eran tres hermanos y la muerte de su padre dejó a la familia en una situación económica rayana en la pobreza más extrema. Y por ser eso, pobre de solemnidad, fue admitido en el Colegio de Los Niños de la Doctrina. Ese tiempo escolar le salvó del analfabetismo y le obligó a compaginar estudio y trabajo (ayudar en misas y oficios, acompañar entierros, pedir limosna…). El siguiente paso en su proceso de formación lo completó en el colegio de los jesuitas. Allí pasó cuatro años (1559-1563) y también allí se vio obligado a trabajar, aprendió a leer y escribir en latín, estudió retórica, tradujo a Cicerón, Julio César, Ovidio, Horacio y Marcial, y allí su formación humanista le acercó inevitablemente al Renacimiento.

La vocación religiosa le llevó a profesar como carmelita en 1963; cuatro años más tarde celebró su primera misa y conoció a Santa Teresa –ese encuentro supuso un fundamental acontecimiento en su devenir–; convencido por sus argumentos, se unió a la tarea reformadora iniciada por la religiosa. Fundó varios conventos con la nueva regla y se vio inmerso en la convulsión y el duro enfrentamiento entre los carmelitas calzados y los descalzos. Perteneciente y defensor de estos últimos, no escapó de la cárcel y en 1577 fue recluido en un convento en Toledo durante ocho meses; se fugó y meses después viajó a Andalucía donde continuó con su labor fundadora y obtuvo cargos en la Orden hasta que en 1591 cayó de nuevo en desgracia y se vio desposeído todas sus atribuciones. En este difícil momento se preparó para marchar a América, pero la muerte ese mismo año quebró todos sus planes.

Fue la suya una vida laboriosa, de continuo ir y venir con la mira puesta en la defensa de los carmelitas descalzos y de su forma de ver el mundo religioso. Aunque tarde, dejó tras de sí una obra extraordinaria, plena de misticismo, con un lenguaje sugerente, transparente, elegante (el Renacimiento está presente), inspirado no en la razón sino en la iluminación. Su obra, escasa pero intensa, tiene su máxima representación en los tres poemas mayores: Noche oscura del alma, Cántico espiritual Llama de amor vivo, considerados como la cumbre y el máximo exponente de la poesía mística. Las siguientes estrofas, extraídas de Cántico espirituale inspiradas en el Cantar de los Cantares, ponen de manifiesto el ansia de unión mística y su manera de expresarlo. Canta la esposa (el alma):

“¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando y eras ido.
Pastores los que fuerdes
Allá por las majadas al otero;
Si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero
decidle que adolezco, peno y muero (…)”

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