Reflexión al Evangelio 8 de enero 2022/ Misionando Con Amor

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, para hacernos hijos adoptivos.  Gál 4, 4-5

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Juan (3, 22-30)

“Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que él crezca y que yo disminuya.”

Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba. Juan Bautista seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar. Juan no había sido encarcelado todavía. Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación. Fueron a buscar a Juan y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él”. Juan respondió: “Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. Ustedes mismos son testigos de que he dicho: ‘Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él’. En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que él crezca y que yo disminuya”.

Palabra del SeñorR. Gloria a ti Señor Jesús.

    

“Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo”

MCA Paraguay, Tierra de María

SANTORAL DEL DÍA

MEDITACIÓN

Quien a Dios tiene, nada le falta, pues sólo Dios basta.”

Juan era una persona intachable. En ningún momento se predica a sí mismo, sino a Cristo, por eso dice que es “la voz que grita en el desierto”. El profeta es un mensajero de Dios, intérprete o portavoz. Es quien habla no en nombre propio sino en nombre de otro, es hablar en nombre de Dios. De ahí que profetizar sería proclamar el Mensaje de Salvación (de Jesús), el kerigma. Es tan humilde que le pone al centro a Jesús, lo alaba maravillosamente, dice de sí que es indigno siquiera de desatar la correa de sus sandalias. Así como Juan es el mensajero de Dios, para que la gente se pueda salvar, también nosotros. No somos nosotros los salvadores, sino siempre es Dios. San Pablo dijo: “Porque ustedes han sido salvados por la gracia mediante la fe, y esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios” (Ef 2,8).

Juan expresa que nadie puede atribuirse ningún honor o misión superior a la que Dios nos da. Los discípulos de Juan se dan cuenta que Jesús va teniendo más discípulos que su maestro, una especie de envidia. La misión que recibimos nos viene del cielo, de Dios, de arriba, es el Padre el que nos la encomienda. Lo más importante es que la gente se convierta, no tanto que brillen nuestros talentos o cualidades. Y si hay hermanos que se convierten no por nuestro testimonio ni nuestra prédica, igual deberíamos estar alegres, pues lo fundamental es que le sigan a Cristo.

Juan ni siquiera se defiende, sino que aprovecha la ocasión para dar testimonio de Jesucristo. Para nosotros también, debemos evangelizar en todo tiempo, pues urge hacerlo ya que Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Juan entiende que su gran responsabilidad es ser Precursor, quien grita en alta voz para que la gente prepare el camino y reciban a Jesús en sus corazones. Juan va directo para testimoniar a Cristo, no hay tiempo que perder. Es que fácilmente los discípulos, los apóstoles del Señor, perdemos tiempo en justificarnos, en defender nuestra posición o nuestro criterio, hasta defender nuestras apreciaciones injustas de los demás. ¿Qué es lo importante de verdad: que reconozcan nuestra autoridad, que la misión que estamos haciendo es lo máximo, o dar testimonio de Cristo siendo apóstoles aunque hablen mal de nosotros? La respuesta es obvia.

Imagínense que Juan dijo que es necesario que Él crezca y que yo disminuya. Sabemos que mucha gente se congregaba por la predicación de Juan, pero él no quiso ganar a las personas para sí sino para Cristo. Es fascinante esta parte porque cuando aparece Jesús, él se alegra y quiere más bien ir desapareciendo, mostrando que lo esencial es que se acerquen a Jesucristo. Interesante su mirada, pues lo que es motivo de disgusto para sus discípulos, sin embargo, es motivo de alegría para él. No es tan fácil esta parte, porque siempre nosotros somos tentados a ser reconocidos, aplaudidos, como si fuéramos imprescindibles en el apostolado. Sabemos que es necesario el apostolado y nunca dejaremos de serlo, pero el único imprescindible es Jesucristo, quien debe

crecer en el corazón, en el alma, en el espíritu de cada uno. Que nosotros seamos cada vez más pequeños hasta ir menguando y desaparecer, y vaya creciendo la presencia y el amor de Cristo en la vida de los hermanos, debería ser nuestro objetivo y actitud de vida.

¿Se tiene que hablar de Jesús sólo en ocasiones especiales? No, pues todas las ocasiones son especiales para Cristo, ya que Él hace nuevas todas las cosas, y ¿qué pasará de mí si no evangelizo? Pablo VI nos dijo que “la Iglesia existe para evangelizar” (EN 14). Jesús no puede estar estorbando o decir que Él está demás, su Presencia y su Palabra serán por los siglos de los siglos positivas y generará experiencias maravillosas y fuentes de resoluciones. “Quien a Dios tiene, nada le falta, pues sólo Dios basta” (Santa Teresa de Jesús). “Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del padre de los astros luminosos” (Sant 1,17); por tanto, agradecemos a Dios quien nos ha concedido todo lo necesario para ser felices y compartir su amor y que nos ayude todo eso para nuestro bien y el de los demás.

crecer en el corazón, en el alma, en el espíritu de cada uno. Que nosotros seamos cada vez más pequeños hasta ir menguando y desaparecer, y vaya creciendo la presencia y el amor de Cristo en la vida de los hermanos, debería ser nuestro objetivo y actitud de vida.

¿Se tiene que hablar de Jesús sólo en ocasiones especiales? No, pues todas las ocasiones son especiales para Cristo, ya que Él hace nuevas todas las cosas, y ¿qué pasará de mí si no evangelizo? Pablo VI nos dijo que “la Iglesia existe para evangelizar” (EN 14). Jesús no puede estar estorbando o decir que Él está demás, su Presencia y su Palabra serán por los siglos de los siglos positivas y generará experiencias maravillosas y fuentes de resoluciones. “Quien a Dios tiene, nada le falta, pues sólo Dios basta” (Santa Teresa de Jesús). “Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del padre de los astros luminosos” (Sant 1,17); por tanto, agradecemos a Dios quien nos ha concedido todo lo necesario para ser felices y compartir su amor y que nos ayude todo eso para nuestro bien y el de los demás.

 GOTAS DE AMOR

MCA

 

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