Reflexión al Evangelio  Domingo 16 de enero 2022/ «Misionando Con Amor» 1ª Semana Tiempo Ordinario

“Hagan todo lo que él les diga”

Toda la tierra se postra ante ti, Señor, y canta en tu honor, en honor de tu nombre. Sal 65, 4

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Juan (2,1-11)

“Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.”

Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y, como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”. Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. “Saquen ahora -agregó Jesús- y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”. Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

SANTORAL

MEDITACIÓN

Hoy la Virgen nos dice a todos nosotros: «Hagan todo lo que él les diga».”

El inicio del texto es “Tres días después”. En el capítulo anterior decía “al día siguiente” (Jn 1,29.35.43); indicándonos que pasaron 4 días de la actividad de Jesús, y “tres días después” nos lleva al séptimo día. Día sábado es donde se da el primer signo de las bodas de Caná. Así, notamos que Juan utiliza el esquema de los siete días o una semana para presentarnos el comienzo de la actividad de Jesús. Así como el AT lo usó para presentar la creación del mundo (cf. Gn 1,1-2,4). Como el Creador, Jesús en los seis días de su actividad llama las personas y crea comunidad, la nueva humanidad. El séptimo día, sábado, es día de fiesta y Jesús realiza el primer signo. A lo largo de los capítulos posteriores realizará otros seis signos en sábado (cf. Jn 5,16; 9,14…). Jesús y María aparecen como los protagonistas principales del relato. Varias fuentes judías nos indican que la fiesta nupcial duraba hasta siete días, es decir, es cierto lo que ocurrió, que se terminara el vino. Y justamente es María quien se da cuenta de la falta de vino y le dice a su Hijo Jesús (cf. Jn 2,3).

Jesús cree que no es oportuno intervenir porque no llegó aún “su hora”. Acá la “hora” de Jesús es el acontecimiento pascual de la pasión, muerte y resurrección; la “hora” como momento esperando, anunciado, preparado y realizado; la hora de pasar de este mundo al Padre; la hora de Cristo como cumplimiento de las promesas antiguas. Sólo en Juan un hijo se dirige a su madre biológica llamándola “mujer”, indicándonos que tiene todo un sentido simbólico. María y Jesús, invitados a las bodas, son los que ordenan a los sirvientes: “hagan todo lo que él les diga”, “llenen las tinajas de agua”, saquen ahora y lleven al encargado del banquete. Los sirvientes obedecen inmediata y perfectamente, como los verdaderos discípulos de Jesús: “Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará mi servidor” (Jn 12,26). Estos servidores obedientes representan al nuevo pueblo de Dios, quienes siguen fielmente a su Maestro y le sirven.

Hemos iniciado el tiempo Ordinario, pero todavía el Evangelio de este domingo se relaciona la con fiesta del Bautismo del Señor. En el Oriente cristiano, la fiesta de la Epifanía era principalmente la celebración de la primera manifestación pública del Señor que incluía: la manifestación a los magos-paganos, a Israel en el bautismo de Jesús y a los discípulos en las bodas de Caná (cf. las antífonas de la liturgia de las horas de Epifanía). El sentido litúrgico del Evangelio de hoy es la manifestación del Señor Jesús, la primera que nos narra Juan. En las bodas de Caná Jesús se manifiesta como el Esposo Divino de su nuevo Pueblo, la Iglesia. Es una extraordinaria Buena noticia, de Dios y de su amor por nosotros; de su cercanía y de su amor apasionado. Esto se prefigura en el AT, ya que “los profetas Oseas y Ezequiel, sobre todo, han descrito esta pasión de Dios por su pueblo con imágenes eróticas audaces. La relación de Dios con Israel es ilustrada con la metáfora del noviazgo y del matrimonio; por consiguiente, la idolatría es adulterio y prostitución” (Benedicto XVI, Dios es

Amor, nº 9). Y «la verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito» (Dios es Amor, nº 12). No es fácil aceptar de corazón esta buena noticia. Los israelitas se habían resistido en el exilio a la buena noticia de liberación anunciada por Isaías. A veces, un sutil orgullo nos impide desistir de salvarnos por nosotros mismos y por nuestros propios medios en vez de abrirnos a la salvación que viene por la misericordia de Dios. Tal vez preferimos quedarnos con las tinajas “llenas”, pero de agua, y no aceptar la eterna novedad del vino nuevo y mejor (cf. EG 94-95).

“Hoy la Virgen nos dice a todos nosotros: «Hagan todo lo que él les diga». Es la recomendación simple pero esencial de la Madre de Jesús y es el programa de vida del cristiano. Para cada uno de nosotros, sacar de las tinajas equivale a confiar en la Palabra de Dios para experimentar su eficacia en la vida… Me gustaría destacar una experiencia que seguramente muchos de nosotros hemos tenido en la vida. Cuando estamos en situaciones difíciles, cuando ocurren problemas que no sabemos cómo resolver, cuando a menudo sentimos ansiedad y angustia, cuando nos falta la alegría, id a la Virgen y decid: «No tenemos vino. El vino se ha terminado: mira cómo estoy, mira mi corazón, mira mi alma». Decídselo a la madre. E irá a Jesús para decir: «Mira a este, mira a esta: no tiene vino». Y luego, volverá a nosotros y nos dirá: «Haz lo que él diga».” (Papa Francisco, Ángelus 20 febrero de 2019). Te suplicamos María, descubre nuestra carencia de vino e intercede por nosotros para que el Señor nos conceda una alegría desbordante y un fervor evangélico apasionado.

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