Reflexión al Evangelio jueves 27 de enero 2022/ «Misionando Con Amor» 3ª Semana Tiempo Ordinario

“La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía”

Santa Ángela de Mérici, Virgen (ML)

Canten al Señor un canto nuevo, canten al Señor toda la tierra. En su presencia hay esplendor y majestad, en su santuario, poder y hermosura. Sal 95, 1. 6

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Marcos (4,21-25)

“Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.”

Jesús decía a la multitud: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo del cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!”. Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene”.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

MEDITANDO CON LOS SANTOS

SANTORAL

MEDITACIÓN

El Reino de Dios se hace presente de manera especial en el amor, en lo que es sencillo y pequeño, en lo humilde.”

“(Brescia, 1470 – 1540) En su juventud, santa Ángela fue consolidando en su corazón el anhelo de llevar a la fe a las niñas y jóvenes que, como ella en su niñez, pasaron orfandad y pobreza. Para ello, con un grupo de amigas con las que daba catecismo, emprende lo que sería la futura Compañía de las Ursulinas, dedicadas a la enseñanza. Fue, sin duda, una mujer visionaria, que supo encarnar en su tiempo la solidaridad de Cristo con los pobres” (La Liturgia Cotidiana, 27/01/2022, pág. 84).

La Palabra de Dios que se encarnó y habitó entre nosotros, es Dios mismo, que quiere sembrar vida en cada uno de nosotros. Cuando leemos y meditamos la Palabra en familia y/o en comunidad, la sembramos en el corazón de cada persona, y de cada hogar. Ayudará para que esa familia, ese hogar sea sólido, feliz, y llegaría a dar abundantes frutos capaces de soportar las plagas de la muerte y de la enfermedad, de dar alimento y hermosura a una sociedad hambrienta de amor. Jesús utilizó elementos ordinarios como las semillas y la luz, la sal y la levadura para que las persona acogieran su mensaje de que el Reino de Dios ya está aquí en medio nuestro. El Reino de Dios se hace presente de manera especial en el amor, en lo que es sencillo y pequeño, en lo humilde, en una mano amiga, en la sonrisa, en los detalles que alegran la vida de los demás, en el perdón de cada día que nos damos de corazón.

Hoy día tenemos por todas partes la luz eléctrica, que cuando llega la noche se puede iluminar cualquier lugar oscuro. En época de Jesús no había luz eléctrica, entonces utilizaban unas lámparas que se colocaban colgando en un lugar estratégico de la casa para que pueda iluminar correctamente. Al usar Jesús esa imagen, la luz es la Palabra de Dios que puede iluminar la vida de cada persona que está en las tinieblas, hace notar lo que hay, aunque esté en la oscuridad, llega la luz de la Palabra y podremos ver todos con los ojos del alma y del corazón, con los ojos de la fe. A la Palabra de Dios no hay oscuridad que le pueda frenar. Tenemos el ejemplo de San Pablo quien incluso estando en la cárcel escribió y siguió evangelizando. Cualquier situación de vida la Palabra podrá iluminar y ayudar a que mejoren las cosas.

Eso requiere humildad, para no creernos superiores, ni juzgando a los demás con la luz un tanto débil que cada uno de nosotros tenemos. La pregunta obligatoria para todos es ¿qué medida estamos usando con los demás? ¿Es una medida que pretende ser más laxos con nosotros y más exigentes con los demás? Que nuestra medida sea generosa, desbordante de amor misericordioso, pues al final de nuestras vidas es la medida que se llegaría a usar con nosotros mismos. Como lo había dicho el Papa Francisco, que nosotros ya hemos sido misericordiados por Dios, por ello, tenemos esa responsabilidad de compartir el amor recibido, pues amor con amor se paga.

En este mundo en donde prima la venganza y la violencia, el Señor nos enseña que a través del amor se puede resolver los problemas entre hermanos. Sólo el perdón podrá cortar una cadena de violencia y de venganza entre hermanos y entre los seres humanos. Hay veces que varias personas dicen que tal persona no se merece se le perdone, pero recordemos que lo más valioso en la vida no se merece, sino que es un don, un regalo, y así como hemos recibido ese regalo, de la misma manera Dios nos pide que podamos regalar a los hermanos. El perdón trae paz, trae tranquilidad, así como cuando recibimos el perdón de Dios y trae muchísima alegría, pues quien recibe un regalo de esa magnitud, necesariamente se queda muy feliz.

Un buen cristiano descubre en la cotidianidad el potencial que Dios le regaló para hacer el bien y poner al servicio de los demás, sin mirar si se lo merece o no. Es dedicarnos tiempo de calidad para escucharnos y compartir las tristezas y alegrías, gozos y esperanzas de cada día, para comer juntos, cuidar de alguien de la familia o de la comunidad que está sufriendo física o emocionalmente, o incluso, así como tantos santos, le tenemos a santa Teresa de Calcuta, por ejemplo, que cuidaban de personas que no conocían, personas que muchas veces ya eran los desechos de una sociedad cada vez más egoísta. Les puedo asegurar que ayudar a sanar la carne enferma y herida de un hermano, cualquiera sea su situación, será el gesto misericordioso que más feliz nos pondrá, tanto a quien recibe la Gracia de ayudar, cuanto a quien recibe la Gracia de ser ayudado.

GOTAS DE AMOR

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