Oraciones e Himnos de Santo Tomás de Aquino

Angélico doctor Santo Tomás, gloria inmortal de la religión dominicana, columna firmísima de la Iglesia, varón santísimo y sapientísimo…

Oración a Santo Tomás de Aquino

Angélico doctor Santo Tomás, gloria inmortal de la religión dominicana, columna firmísima de la Iglesia, varón santísimo y sapientísimo, que por los admirables ejemplos de vuestra inocente vida os elevasteis a la cumbre de una perfección consumada, y con vuestros prodigiosos escritos sois martillo de los herejes, luz de maestros y doctores, y milagro estupendo de sabiduría; ¡oh! quien acertara, Santo mío, a ser en virtud y letras verdadero discípulo, aprendiendo en el libro de vuestras virtudes y en las obras que con tanto acierto escribisteis la ciencia de los santos, que es la verdadera y única sabiduría.

¡Quién supiera hermanar, como vos, la doctrina con la modestia, y la alta inteligencia con la profunda humildad! Alcanzadme del Señor esta gracia, junto con el inestimable don de la pureza y haced que, practicando vuestra doctrina y siguiendo vuestros ejemplos, consiga la eterna bienaventuranza. Amén.

Oración de Preparación a la Confesión

Omnipotente y Sempiterno Dios, dígnate mirar al Corazón de Tu amantísimo Hijo y por su amor perdónanos a los que nos arrepentimos, sé bondadoso para los que te suplicamos, y dígnate enviarnos Tu gracia, que sea remedio saludable a los que humildemente invocamos tu Nombre Santo.

Nos acusamos de nuestros delitos, lloramos nuestros pecados, postrados ante tu Divina Clemencia, y pedimos instante y humildemente tu piedad; concédenos por la invocación de tu Santísimo Nombre que todos los que nos acercamos al Sacramento de la Penitencia para remisión de nuestros pecados, obtengamos salud del alma y protección del cuerpo, por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


Señor, Tú que no quieres la muerte del pecador sino la penitencia de sus pecados, mira benigno la fragilidad de nuestra condición humana y haz que por esta confesión, a la que nos acercamos para obtener el perdón, obtengamos la absolución de nuestras culpas y el premio de la penitencia. Amén.

Oración Posterior a la Confesión

Padre Santo, uniendo mi penitencia a todas las que se han hecho hasta el día de hoy por la gloria de vuestro Nombre y a todas las obras satisfactorias de vuestro amado Hijo: a sus ayunos, a sus vigilias y oraciones… Os ofrezco esta confesión y esta satisfacción, suplicándoos, por los méritos de la Pasión de Jesús y por la intercesión de la Santísima Virgen y de los Santos, la aceptéis y me la hagáis provechosa.

En cuanto a lo que ha podido faltar, sin culpa grave de mi parte, a la sinceridad de mi preparación, a la perfección de mi contrición, a la fidelidad y claridad de esta confesión como de las anteriores, confío todo al dulcísimo Corazón de Jesús, a fin de que todas mis negligencias en la recepción de este Sacramento, sean entera y perfectamente reparadoras por este Divino Corazón para vuestra eterna gloria. Amén.

Oración para Antes de la Comunión

Aquí me llego todopoderoso y eterno Dios, al sacramento de tu Unigénito Hijo mi Señor Jesucristo, como enfermo al médico de la vida, como sucio a la fuente de misericordia, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre al Señor de los cielos y la tierra y como desvalido al Rey de la gloria.

Ruego, pues, a tu infinita bondad y misericordia tenga por bien sanar mi enfermedad, limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que así pueda yo recibir el Pan de los ángeles, al Rey de los reyes, al Señor de los señores, con tanta reverencia y temor, con tanto dolor y verdadero amor, con tal fe y tal pureza y con tal propósito e intención cual conviene para la salud de mi alma.

Dame, Señor, que reciba yo no sólo el sacramento de tu Sacratísimo Cuerpo, sino también la virtud y gracia del Santísimo Sacramento. ¡Oh piadosísimo y amantísimo Padre! concédeme este Unigénito Hijo tuyo, al cual deseo ahora recibir encubierto y debajo de velo en esta vida, de manera que le merezca yo ver para siempre descubierto y sin velo en la patria, donde contigo vive y reina en los siglos. Amén.

Todo poderoso y eterno Dios, me acerco al sacramento de tu Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, como enfermo al médico de la vida, como manchado a la fuente de la misericordia, como ciego a la luz de la eterna claridad, como pobre y mendigo al Señor del cielo y de la tierra.

Ruego, pues, Señor, a tu infinita generosidad que dignes curar mi enfermedad, lavar mis manchas, alumbrar mi ceguera, enriquecer mi pobreza, vestir mi desnudez, para que me acerque a recibir el pan de los ángeles, al Rey de los reyes y Señor de los que dominan, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y devoción, con tanta pureza y fe, con tal propósito e intención como conviene a la salud de mi alma.

Concédeme, te ruego, recibir no sólo el sacramento de cuerpo y sangre del Señor sino también la gracia y virtud del sacramento. Benignísimo Dios, concédeme recibir el cuerpo que tu Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo, tomó de la Virgen María, de tal manera que merezca ser incorporado a su Cuerpo Místico y ser contado entre sus miembros.

Padre amantísimo, concédeme contemplar cara a cara en el cielo por toda la eternidad a tu amado Hijo, a quien ahora en mi estado de peregrino y bajo el velo del sacramento me dispongo a recibir, que siendo Dios vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Oración para Después de la Comunión

Gracias te doy, Señor Dios Padre todopoderoso, por todos los beneficios y señaladamente porque has querido admitirme a la participación del sacratísimo Cuerpo de tu Unigénito Hijo.

Suplícote, Padre clementísimo que esta sagrada Comunión no sea para mi alma lazo ni ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón; sea armadura de mi fe, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad y de todas las
virtudes, sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos los enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo solo, mi verdadero Dios y Señor, y sello feliz de mi dichosa muerte.

Y te ruego tengas por bien llevarme a mí, pecador, a aquel convite inefable donde Tú con tu Hijo y el Espíritu Santo eres para tus santos luz verdadera, satisfacción cumplida y gozo perdurable, dicha completa y felicidad perfecta. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Gracias te doy, Señor, Padre Santo, omnipotente y eterno Dios, porque te has dignado saciarme a mí, pecador e indigno siervo tuyo, sin mérito alguno, sino por tu sola misericordia, con la participación del sacratísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Te suplico que esta sagrada comunión no sea para mí motivo de castigo, sino que me auxilie para conseguir el perdón. Sea armadura de mi fe, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos los vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos, aumento de caridad, de paciencia, humildad, obediencia y de todas las virtudes. Sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y verdadero Dios, y sello feliz de mi dichosa muerte. Te ruego que tengas por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable, donde Tú con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Oración al Santísimo Sacramento

Oh, santísimo Jesús, que aquí eres verdaderamente Dios escondido: concédeme desear
ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente, en alabanza y gloria de tu nombre, todo lo que te agrada.

Ordena, oh Dios mío, el estado de mi vida: concédeme que conozca lo que de mí quieres y que lo cumpla como es menester y conviene a mi alma. Dame, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce, ni en éstas me abata. De ninguna tengo gozo ni pena, sino de lo que lleva a ti o apartas de ti.

Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias, y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin ti. Séame deleitoso, oh Señor, cualquier trabajo por ti, y enojoso el descanso sin ti. Dame, oh Dios mío, que levante a ti mi corazón, frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a tu servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a ti con devoción.

Hazme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin murmuración, humilde sin ficción, alegre sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconsistencia, temeroso de ti sin desesperación, veraz sin doblez; haz que practique el bien sin presunción, que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos.

Dame, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que ningún pensamiento curioso le aparte de ti: dame un corazón noble que ninguna intención siniestra le desvíe; dame un corazón firme que ninguna tribulación le quebrante; dame un corazón libre que ninguna
pasión violenta le domine.

Otórgame, oh Señor Dios mío, entendimiento que te conozca, diligencia que te busque, sabiduría que te halle, comportamiento que te agrade, perseverancia que confiadamente te espere y esperanza que finalmente te abrace. Dame que me aflija aquí con tus
penas por la penitencia, que en el camino de mi vida use de tus beneficios
por gracia, y en la patria goce de tus alegrías por gloria. Señor que vives y
reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Concédeme, Dios misericordioso, que desee yo con ardor lo que Tú apruebas, que lo busque con prudencia, lo reconozca con verdad, lo cumpla con perfección, en alabanza y gloria de tu nombre.

Pon orden en mi vida, y concédeme conocer lo que quieres que haga; concédeme cumplir debidamente lo que sea útil para la salvación de mi alma.

Que me dirija a ti, Señor, por un camino seguro, recto, agradable, y apto para llevarme al término; un camino que no se extravíe entre las prosperidades y las adversidades, de modo que te dé gracias en las cosas prósperas, y en las adversas conserve la paciencia, no dejándome exaltar por las primeras ni abatir por las segundas.

Que nada me regocije ni me atribule, fuera de aquello que a ti me lleve o me aparte de ti. Que no desee gustar o tema desagradar a nadie sino a ti.

Que todo lo perecedero se vuelva vil ante mis ojos por tu causa, Señor, y que todo lo que contigo se relacione sea amado por mí; y Tú más que todas las cosas.

Que toda alegría que existe sin ti me fatigue y, fuera de ti, nada desee.

Que todo trabajo, Señor, me sea agradable si es para ti, y todo reposo ajeno a ti me sea insoportable.

Concédeme elevar frecuentemente mi corazón a ti, y cuando desfallezca, que me apene de mi falta con propósito firme de corregirme.

Hazme, Señor, obediente sin contradicción, pobre sin defecto, casto sin corrupción, paciente sin protesta, humilde sin ficción, alegre sin disipación, triste sin abatimiento, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, animado por tu temor sin desesperación, sincero sin doblez, hacedor del bien sin presunción, capaz de reprender al prójimo sin soberbia, edificándolo con palabras y ejemplos sin fingimientos.

Dame, Señor Dios, un corazón vigilante, que ningún pensamiento curioso arrastre lejos de ti; un corazón noble, que ninguna indigna afección lo desvíe; un corazón firme, que ninguna adversidad destroce; un corazón libre, que ninguna pasión violenta subyugue.

Concédeme, Señor, Dios mío, una inteligencia que te conozca, una diligencia que te busque, una sabiduría que te encuentre, una vida que te plazca, una perseverancia que te espere con confianza y una confianza que al fin te posea.

Concédeme ser afligido por tus penas en la penitencia y que en el camino de mi vida use de tus alegrías para la gloria. Señor, que vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oración O Sacrum Convivium

Oh sagrado banquete
en el que se recibe a Cristo:
se recuerda la memoria de su Pasión,
el alma se llena de gracia
y se nos da una prenda de la gloria futura.

¡Oh qué suave es, Señor, tu espíritu!,
que para demostrar tu dulzura a tus hijos,
dando el suavísimo pan del cielo,
a los hambrientos llenas de bienes,
y a los soberbios satisfechos dejas vacíos.

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo dísteis, a Vos, Señor, lo tomo; todo es vuestro: disponed de toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y vuestra gracia, y esto
me basta.

(300 días de indulgencia una vez al día)

Oración a la Santísima Virgen María

Concédeme, oh Reina del Cielo, que nunca se aparten de mi corazón el temor y el amor de tu Hijo Santísimo; que por tantos beneficios recibidos, no por mis méritos, sino por la largueza de su piedad, no cese de alabarle con humildes acciones de gracias; que a las innumerables culpas cometidas suceda una leal y sincera confesión y un firmísimo y doloroso arrepentimiento y finalmente, que logre merecer su gracia y su misericordia. Suplico también, oh puerta del cielo y abogada de pecadores, no consientas que jamás se aparte y desvíe este siervo tuyo de la fe, pero particularmente que, en la hora postrera, me mantenga con ella abrazado; si el enemigo esforzare sus astucias, no me
abandone tu misericordia y tu gran piedad.

Por la confianza que tengo en ti puesta, alcánzame de tu Santísimo Hijo el perdón de todos mis pecados y que viva y muera gustando las delicias de tu santo amor. Amén.

Himno Tantum Ergo

Cante la voz del Cuerpo más glorioso el misterio sublime y elevado, de la Sangre preciosa que, amoroso, por rescate del mundo ha derramado, siendo fruto de un vientre generoso, el Rey de todo el orbe, el Ser increado.

Dado para nosotros, y naciendo de la Virgen intacta y recogida, habitando en el mundo y esparciendo semilla de palabra que da vida, con orden admirable y estupendo el tiempo concluyó de su venida.

En la noche de la última cena que tomó con sus hermanos, cumpliendo ya la ley, en que se ordena el cordero pascual a los ancianos, a sí mismo en manjar a la docena de apóstoles se entrega por sus manos.

De nuestra carne el Verbo revestido hace, con solo haberlo pronunciado, que el pan sea en su carne convertido; y el vino en propia sangre transformado: y si desfallecer llega el sentido, con la fe el corazón sincero es confirmado.

Demos pues a tan gran sacramento culto y adoración todos rendidos; y ceda ya el antiguo documento a los ritos de nuevo instituidos: constante nuestra fe de suplemento a defecto de luz de los sentidos.

Al Padre con el Hijo sea dado júbilo, aplauso y gloria eternamente, salud, virtud y honor interminado, bendición y alabanza reverente; y al Espíritu de ambos aspirado sea gloria
y loor no diferente. Amén.

Himno Adoro Te Devote

Adorote devotamente, latente Deidad, que bajo estas figuras verdaderamente te escondes.

A ti mi corazón todo sujeta, porque contemplándote todo desfallece. La vista, el tacto, el gusto en ti se engañan; pero por el oído solo seguramente se cree.

Creo cuanto dijo el Hijo de Dios: Nada es más verdadero que esta palabra de verdad. En la Cruz ocultábase solo la Divinidad, mas aquí ocúltase juntamente la humanidad: ambas cosas, sin embargo, creyendo y confesando, pido lo que pidió el ladrón penitente.

Las llagas, como Tomás, no veo, Dios, sin embargo, mío te confieso: haz que yo en ti siempre más y más crea, que en ti esperanza tengas a ti te ame.

¡Oh recuerdo de la Muerte del Señor! Pan vivo, que vida das al hombre: da a mi alma vivir de ti, y que Tú siempre le sepas dulcemente.

Piadoso pelícano, Jesús, Señor, a mí, inmundo, límpiame con tu Sangre, de la cual una gota puede salvar al mundo de todo crimen.

Jesús, a quien velado ahora miro, ruégote que se haga lo que tanto anhelo: que viéndote, revelada tu faz, sea dichoso con la visión de tu gloria. Amén.

Ante ti me postro Dios oculto aquí, que velaste el rostro en el pan por mí,
y en ese amor deshecho, viéndote, Señor, ríndese mi pecho todo ante tu amor.

Vista, tacto y gusto velan tu Verdad sólo oído al justo da seguridad, lo que ansió decirme Cristo creo fiel, no hay nada más firme, la Verdad es Él.

La cruz escondía su Divinidad, y la Eucaristía su humanidad, ambas cosas creo que presentes son y una gracia espero como el buen ladrón.

No veo la herida cual Tomás la vio; mas mi Dios y vida te confieso yo, dame confianza, dame fe, Señor, crezca mi esperanza, crezca en mí tu amor.

De un Dios en cruz muerto santo memorial, pan que en el desierto, vida da al mortal; haz que en mí se adentre el vivir en ti, dulce en ti me encuentre, quien murió por mí.

Pelícano suave, Cristo Redentor, que tu sangre lave a este pecador;
una gota basta para sepultar la deuda nefasta de nuestro pecar.

Dios a quien un velo cubre mi visión cúmpleme el anhelo de mi corazón;
que al llegar mi muerte, clara ya tu faz, pueda siempre verte en la eternidad.
Amén.

Himno Lauda Sion:

Alaba Sión a tu Salvador.

Alaba a tu guía y pastor en himnos y cánticos.

No dudes en esforzarte ya que el está por sobre toda alabanza y no puedes alabarlo lo suficiente.

Tema especial de alabanza proponemos en este día, el Pan vivo y que da la vida.

El Pan que sin duda fue dado a la asamblea de los doce hermanos en la mesa
del Señor.

Sea nuestra alabanza completa y fuerte, que el regocijo de cada alma resuene en tonos agradables.

Porque este es el día solemne en el cual conmemoramos el origen del banquete. En esta mesa del nuevo Rey la nueva Pascua de la nueva ley pone fin al antiguo rito.

El nuevo rito reemplaza al viejo, la verdad despeja las sombras, la luz del día destierra la oscuridad de la noche.

Lo que hizo Cristo en la última cena, ordenó hacerlo en memoria suya.

Enseñados por su sagrado precepto consagramos el pan y el vino en la Hostia de
salvación.

Es un dogma dado a los cristianos que el pan se cambia en la carne de Jesús y el vino en su Sangre. Lo que no entiendes, lo que no ves, una fe viva lo confirma de una manera sobrenatural.

Bajo diferentes especies que son sólo signos y no cosas reales un tesoro sin precio se esconde.

Su carne es comida, su Sangre bebida Cristo permanece entero bajo cada especie.

Aquel que lo parte no corta ni divide sino que lo recibe entero. Tanto uno como mil lo reciban se recibe tanto como a mil cuando se lo recibe no se ve disminuido.

Tanto el bueno como el débil lo reciben pero con desigual resultado
en la vida y en la muerte.

Trae muerte al indigno y vida al justo ved que tan distintos son los efectos.

Cuando el Pan es dividido, no dudemos sino recordemos que hay tanto en un fragmento como oculto en el todo.

No hay división de la sustancia sino un quiebre en las especies por el cual ni el estado ni el tamaño de la sustancia es alterada.

Contemplemos el Pan de los Ángeles el cual se ha convertido en la comida de los peregrinos verdadero es el pan de los hijos de Dios el cual no debe ser lanzado a los perros.

Prefigurado en signos, cuando Isaac fue inmolado cuando el Cordero Pascual fue
sacrificado cuando el maná fue dado a los padres.

Buen Pastor, pan verdadero Jesús ten piedad de nosotros aliméntanos y protégenos haznos ver tus dones en la tierra de los vivos.

Tu cuya sabiduría y poder no tienen límite.

Tu quien nos alimenta aquí abajo haznos en el cielo tus huéspedes, coherederos y compañeros de tus santos.

NUESTRA LECTURA RECOMENDADA

NUESTRO VIDEO RECOMEDADO

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s