Reflexión al Evangelio viernes 28 de enero 2022/ «Misionando Con Amor» 3ª Semana Tiempo Ordinario

“ha llegado el tiempo de la cosecha”

Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia (MO)

El Señor lo colmó del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y lo revistió de su gloria, para que anunciara su palabra en medio de la Iglesia. Eclo 15, 5

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Marcos (4,26-34)

“El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo.”

Jesús decía a sus discípulos: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. También decía. “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Y con muchas parábolas como éstas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

MEDITANDO CON LOS SANTOS

SANTORAL

MEDITACIÓN

Sólo Dios podrá dar fuerza a nuestra debilidad y nos dispondremos a la fecundidad de esa semilla en nuestro espíritu.”

Le estamos recordando a santo Tomás de Aquino, quien viviera en el siglo XIII en Italia. “Dotado de gran intelecto y de piedad, Tomás de Aquino profundizó desde temprana edad en los misterios de la fe. Sus cualidades para el estudio y la oración las acrecentó al ingresar a la Orden de los Predicadores, donde tuvo como maestro a san Alberto Magno. En sus breves años en este mundo dejó un incomparable legado con sus escritos y prédicas, así también con su vida, inmersa en la mística de lo natural y lo sobrenatural. Sus aportes a la Filosofía y a la Teología han trascendido las barreras del tiempo” (La Liturgia Cotidiana, 28/01/2021). “(Rocasseca, 1225 – Abadía de Fossanuova, 1274) De familia numerosa y noble, recibió una esmerada educación hasta la juventud. En Nápoles conoció la Orden de Predicadores ya ella se sumó a pesar de la oposición familiar. Rápidamente, el futuro ‘Doctor Angélico’ destacó en la vida académica y espiritual y todo ello se manifestó en la abundante obra teológica y filosófica que poco después de su muerte ha repercutido hasta nuestros días” (La Liturgia Cotidiana, 28/01/2022, pág. 86).

Jesús enseña a los discípulos que la semilla sembrada tiene vida en sí misma, va creciendo, dando frutos que luego se cosecharán. Se nos hace notar que la semilla sembrada será luego para el alimento de los demás y la semilla de mostaza que crecerá tanto, servirá hasta para cobijar. Por lo tanto, es sobre todo estar al servicio de los demás, así como nos enseña Víctor Frank en su obra “La búsqueda de sentido”: quien tiene un para qué vivir (estar al servicio de los demás) tendrá mayor motivación para luchar encontrando el sentido a su vida. Recordemos que esto funciona desinteresadamente, es el mayor fruto que irá produciendo en la persona que recibe ese amor como regalo. ¿Cuál será el juicio al final? Se juzgará sobre el amor, dado y recibido, como mayor fruto de nuestra vida.

Nuestro texto de hoy contiene dos parábolas. La primera, refiere a la semilla que crece sin la ayuda del campesino. Pero encontramos que faltaría el arar, limpiar, abonar, cuidar, etc., su lucha contra la sequía y el mal tiempo, y presentando su conducta despreocupada hasta el momento de la siega o de la cosecha. Sólo cuando llegue el tiempo de la recolección se resaltará el trabajo del campesino que “aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”, frase que se toma de Joel 4,13, aludiendo al juicio escatológico, es decir, el Reino de Dios es iniciativa divina que, incluso aceptando cualquier colaboración humana, siempre es Dios quien guía la obra. Esto ilumina cualquier actitud que quiera forzar la venida o construcción del Reino. Invita a la apertura al futuro en la espera de lo que Dios mismo dispondrá o llegará a hacer. Por tanto, no es una postura pasiva, sino que exige a los creyentes que aporten sus sentimientos, pensamientos, acciones, responsabilidades, tareas, etc., pero teniendo presente que la iniciativa y la dirección espiritual es cosa única de Dios.

La segunda, refiere al grano de mostaza. Resalta la capacidad de crecimiento del Reino de Dios. Éste es como un granito de mostaza, que, siendo incluso la semilla más pequeña, se convierte luego en un árbol “más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Enseña que la comunidad cristiana tenía la esperanza en el crecimiento de la semilla sembrada por Jesús, que, aunque parezca tan pequeña e insignificante tiene un potencial que irá creciendo en los corazones en donde cayó la semilla. Ciertamente el Reino ya ha comenzado con la venida de Jesús y con todas sus enseñanzas y el envío de tantos misioneros en todo el mundo, que siguen haciendo posible que ese Reino vaya creciendo en la vida de tantas personas, familias, comunidades de todas partes del planeta. La fase final se irá dando a través de la historia, pues sabemos que el Reino con poder es escatológico, que se realizará más allá de la misma historia.

La semilla va creciendo en nosotros de manera tan pequeña. Sólo Dios podrá dar fuerza a nuestra debilidad y nos dispondremos a la fecundidad de esa semilla en nuestro espíritu, una vez que decimos sí a la Palabra de Dios en nuestras actitudes. Esa Palabra lleva escondida en sí misma esa dinámica vital, que puede golpear nuestra realidad para que surja la vida que Dios desea para nosotros. Primero, leer la Palabra, luego conservarla en nuestro interior llegando a meditarla detenidamente tratando de descubrir toda su potencialidad, después, contemplar más profundamente algún aspecto que nos iluminará en la vida y, finalmente, esa Palabra se hará realidad en nuestra vida, en nuestras acciones y actitudes. El Reino de Dios pasará por nuestra realidad total e irá transformándola en una nueva realidad en donde ya está presente la presencia de Dios en todo lo que se proyecte.

Jesús repetidas veces explica a sus discípulos las parábolas, aclarándoles lo que tal vez a los demás permanecía oculto. A quienes llama a ser sus discípulos, a ser sus apóstoles, les enseña con mayor cuidado para que reciban con mayor responsabilidad lo esencial de su doctrina. Él con su amorosa Providencia nos facilitará que conozcamos su voluntad, poniendo en nuestras manos los medios que necesitaremos para cumplir con la misión encomendada. Él tiene sus manos llenas de su Gracia, disponible para regalárnosla, pero es necesario que haya disponibilidad y docilidad para recibirla

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