Reflexión al Evangelio martes 1 de febrero 2022/ «Misionando Con Amor» 4ª Semana Tiempo Ordinario

“Con sólo tocar su manto quedaré sanada”

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra y en los abismos; y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Flp 2, 10-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Marcos 5,21-43

“Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad.”

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitákum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

MEDITANDO CON LOS SANTOS

SANTORAL

MEDITACIÓN

levántate de una vida cómoda y perezosa a una vida activa sirviendo y amando a los demás”

En este texto notamos dos gestos de Jesús frente a la muerte. La mujer que perdía sangre simbolizaba la frustración vital. Para una judía la esterilidad o no tener descendencia significaba una muerte prematura. Raquel dijo: “Dame hijos o me muero” (Gén 30,1), porque los hijos prolongan la vida, y la persona que moría sin hijos era una especie de muerto total. Esta era la vergüenza de esta mujer que perdía sangre y había gastado todo lo que tenía para que pudiera curarse y vivir. La hija del jefe de la sinagoga, Jairo, estaba realmente muerta cuando había llegado Jesús hasta donde yacía.

Con nuestra mentalidad racionalista queremos verificar si la curación de la mujer fue porque de verdad hubo un milagro o, sin embargo, haya sido una especie de sugestión psíquica producida por el entusiasmo que ella tenía por Jesús. En el caso de la chica que murió, y muchos ponen como hipótesis que tal vez no haya muerto, el autor nos ilumina para que se entienda desde la fe que realmente estaba muerta y Jesús la revivió. El evangelista Marcos no era para nada racionalista, como muchos lo somos queriendo cuestionar todo lo que se nos presenta como una acción extraordinaria proveniente de lo divino. Lo que quiere enseñar es que el Jesús es el verdadero Mesías, ya que su palabra generaba vida, hacía brotar o mejorar cualquier situación por donde pasara. Por donde Jesús pasa, todo se transforma, nada queda igual.

Marcos presenta a Jesús con los mismos rasgos de Dios y no como un superhombre. El hombre Jesús hace preguntas como cualquiera: “¿Quién me ha tocado?”, sin que se entienda su poder como algo mágico, es más, intenta reducir la importancia de su poder de curación diciendo “la niña no está muerta, sino dormida” y, se preocupa porque le den de comer a la niña, para recuperar sus fuerzas físicas y no se exponga a otra enfermedad.

¿Qué es lo que Jesús quiere comunicar con estos gestos y palabras? Que la muerte no era ya un límite absoluto, que existe otra posibilidad de vida plena que se puede alcanzar sólo mediante la fe. Nos muestra que nosotros no deberíamos preocuparnos sobre la muerte, o estar pensando en el cómo o en el cuándo moriremos, sino que dejemos a Dios para que nos haga superar las fronteras de nuestra incredulidad y confiemos plenamente en que Él es la resurrección y la vida. Si demasiado estamos queriendo hacer pasar todo por lo racional, hacemos notar una fe débil y deficiente. La muerte se somete ante la palabra imperativa de Jesús; que la hija de Jairo recobrara la vida significa el poder de Jesús sobre la vida humana. Jairo ora con humildad, pues se arroja a los pies de Jesús, se postró delante de Él; ora con perseverancia, porque le estaba rogando con insistencia; ora con fe en el poder de Jesús, le pide que le imponga las manos a su hija. Jairo no llega a la perfección de la fe del centurión romano, quien dijo basta que lo digas de palabra y mi criado se sanará. El jefe pide para que Jesús fuera hasta el lugar y tuviera con su hija un contacto físico, cuando le avisan que su hija ya murió y no hace falta que siga molestando al Maestro, Jesús le dice: no temas, basta que creas”. Es un mensaje claro para orar con todo el corazón: Señor concédeme una fe suficiente, aunque yo crea, aumenta mi poca fe.

De ahí que la fe de esta mujer que padecía hemorragia es un ejemplo para nosotros, pues confía en el poder de Jesús, discerniendo en que con sólo tocar su manto se sanará y ni siquiera hacía falta que Él se diera cuenta, dando a indicar que quiere pasar desapercibida. Así como dice a la mujer: “hija, tu fe te ha salvado”, nos dice a cada uno de la misma manera, tu fe auténtica te ha salvado. Jesús le dice a la niña: levántate. Nos dice a todos: levántate de una vida cómoda y perezosa a una vida activa sirviendo y amando a los demás; de una situación que te aplasta porque le dejaste entrar al maligno en tu vida a una vida de alegría y santidad, no por tus méritos sino por pura Gracia de Dios. Dejemos a Dios ser Dios, que nos ame y nos llene de Sí para que obremos con el mismo pleno amor recibido..

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