Reflexión al Evangelio domingo 6 de febrero 2022/ «Misionando Con Amor» 5ª Semana Tiempo Ordinario

“Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”

Santos Pablo Miki y compañeros, Mártires

Vengan, inclinémonos para adorar a Dios, doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó; porque él es nuestro Dios.  Sal 94, 6-7

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Lucas (5,1-11)

“No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.”

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

SANTORAL

MEDITACIÓN

Reconoce la grandeza de Jesús, su bondad, su poder e, instintivamente, fácilmente, sin ningún esfuerzo, sale a flote el propio pecado.”

Al fracaso aparente de Jesús en su primera aparición pública en Nazaret (cf. Lc 4,21-30), sigue con el texto de hoy con una multitud que lo rodea junto al lago de Genesaret “para escuchar la Palabra de Dios”. Es fundamental entender que Jesús dice, habla, expresa la Palabra de Dios. Jesús decide subirse a la barca de Pedro, quien con otros pescadores estaba limpiando las redes. Se aparta un chiqui de la orilla y desde ese nuevo púlpito, enseña a la gente; indicándonos que utiliza la barca de Pedro, la Iglesia, como cátedra (lugar desde donde enseña) para anunciar su Palabra. Como el espacio y el tiempo son de Dios, entonces, todo lugar y momento son propicios para que Dios comunique su Palabra, no sólo desde el templo.

La llamada se dirige personalmente a Pedro, pero todos quienes estaban en la barca responden dejándolo todo y siguiendo a Jesús de manera radical, como en otros pasajes, camino a Jerusalén (cf. Lc 9,62; 12,33; 14,26-33). Como el relato tiene como centro la metáfora de la pesca, contiene una invitación a la misión, a la evangelización de la mano de Jesús y en la barca de Pedro, la Iglesia; y se resalta que la fecundidad en la misión viene de la confianza en la Palabra del Señor exigiendo una radicalidad en el seguimiento del Señor.

En Isaías y Pedro, tenemos una manifestación o experiencia de Dios. La de Isaías se da en el templo y en un contexto cultual. Pedro, en cambio, tiene la experiencia en su vida cotidiana, en su trabajo ordinario, sucediendo ahí un acontecimiento extraordinario, la pesca milagrosa. Dios se manifiesta haciéndose presente en Jesús y su Palabra, ya que el milagro es ante todo revelación del poder divino de la Palabra de Jesús, quien exige a Pedro una fe confiada en su palabra antes del milagro. Esa confianza le lleva a Pedro a arriesgarse, a salir de sus cálculos y lanzarse mar adentro. Superó la prueba demostrando su fe en la Palabra del Señor. Así también la experiencia de Pablo, que no se trata de un relato vocacional, sino de llegar a ser apóstol, pues tuvo una aparición y encuentro con Cristo resucitado.Dios se manifiesta, y el hombre descubre su realidad profunda de ser pecador, de ser indigno y hasta refractario de lo divino, y así, necesitado de la redención. A la confesión o reconocimiento por parte de los llamados, sigue el envío de los mismos. Se nota que Dios no se asusta de nuestra debilidad y miseria, sino que pide el reconocimiento de la propia pobreza como condición necesaria para recibir la misión, para ser enviado por Él para comunicar su Palabra. La misión es de Dios, y no depende de nuestros méritos, sino que es regalo y confianza de Dios en un pecador. Nos muestra el Evangelio que la fecundidad en la misión de la Iglesia depende de la Presencia y la Palabra del Señor Jesús. Es Él quien puede generar una pesca abundante, más allá de las experiencias previas y apariencias en pensar obtener frutos. Pedro al obedecer a la palabra del Señor, trasciende su propia visión de la realidad y sólo entonces su barca y la de los otros discípulos pescadores se llenaron de peces. Ahí descubre haciendo un itinerario o peregrinación interior desde el Maestro al Señor, y ya capacitado así para recibir la vocación de apóstol misionero y pescador de hombres.

Pedro, como Isaías, conoce a Dios que se revela como el Hijo de Dios con poder y se conoce o descubre a sí mismo como pecador, indigno de la gracia de Dios, y sólo así la Gracia puede ser plenamente fecunda en Pedro, para no ya atribuirse los frutos o logros de la misión a sí mismo, sino al poder de Dios. Si no hay conversión no se puede acercar a Jesús ni al Evangelio, como decía Chesterton: se conoce a un santo cuando sabe que es un pecador.

Es la pedagogía que hace el Señor con Pedro para transformarlo en apóstol: «Jesús lleva a Pedro a tener un acto de confianza. Después de este acto de confianza Pedro reconoce la grandeza de Jesús, su bondad, su poder e, instintivamente, fácilmente, sin ningún esfuerzo, sale a flote el propio pecado. Jesús conduce a Pedro a donde quiere llevarlo, al reconocimiento de la necesidad de la misericordia de Dios, para que pueda comprender la misericordia del kerygma, de la palabra de salvación. Lo lleva de este modo tan humano, libre, sin traumatismos fatigosos» (Carlos M. Martini).

Todos los auténticos apóstoles de Jesucristo han pasado por esta peregrinación interior para respetar la primacía de la Gracia, y no caer en la tentación creyendo que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar, de nuestros méritos. Es la certeza de que sin Cristo “no podemos hacer nada” (cf. Jn 15,5). El camino de Pedro y de cualquier auténtico apóstol concluye con las palabras del Señor que espantan el temor e invitan a la misión a ser sus instrumentos o colaboradores en el anuncio de su salvación.

GOTAS DE AMOR

NUESTRA LECTURA RECOMENDADA

NUESTRO VIDEO RECOMENDADO

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s