Reflexión al Evangelio domingo 13 de febrero 2022/ «Misionando Con Amor» 6ª Semana Tiempo Ordinario

“Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece”

Señor, sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, porque tú eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre, guíame y condúceme. 

Sal 30, 3-4

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Lucas (6,12-13.17.20-26)

“Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.”

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de apóstoles. Al bajar con estos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!”.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

UNA FRASE DE AMOR

SANTORAL

MEDITACIÓN

nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad.”

El texto de hoy nos presenta dos subsecciones. 1) La elección de los doce apóstoles: en donde ora antes de elegir. Jesús sube al monte “para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios”, sigue al día siguiente, la elección de los doce de entre sus discípulos a quienes llamó apóstoles. 2) Habla del sermón del llano: “Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón”. Jesús les anuncia las 4 bienaventuranzas contraponiendo las 4 lamentaciones.

Jesús fija su mirada en los discípulos (cf. Lc6, 20a) y habla directamente a los pobres, a los que lloran, tienen hambre y son perseguidos. Se dirige a los cristianos-discípulos que son pobres, sufrientes y perseguidos y a ellos los declara bienaventurados, felices. “La razón de la felicitación, pues, no es la situación desagradable en sí misma, sino la promesa de que Dios actuará para cambiarla” (A. Rodríguez Carmona). El adverbio “ahora” del cristiano, el tiempo presente, es todavía un tiempo de prueba, de carencia material, de persecución. Pero vendrá una transformación, salvación de Dios prometida para el futuro.

La función que tienen las lamentaciones es advertir de los peligros que encierran las riquezas, la vida satisfecha y risueña, con la aprobación de todos. Así como se contraponen los verdaderos con los falsos profetas, la intención del autor es contraponer los verdaderos con los falsos cristianos. Existe una intención pedagógica en el AT, como las bienaventuranzas que encontramos en el salmo 1, y las lamentaciones o ayes, en los profetas, advirtiendo a Israel anunciando el juicio de Dios sobre quienes optaron por el camino equivocado (cf. Am 5,7.18; 6,1).

Jesús abiertamente habla de las personas a las que considera felices o dichosas, y de las que se lamenta porque van por el mal camino. Jesús nos presenta la verdadera felicidad en la comunión con Dios, en sentir el amor del Padre, en pertenecer al Reino de Dios. Sólo el amor de Dios puede hacernos plenamente felices. Esta felicidad que se identifica con la santidad cristiana: “La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha” (GE 64). Nos señala quiénes son los destinatarios privilegiados del amor del Padre para alcanzar su felicidad: los pobres, los insatisfechos, los que lloran, los que son perseguidos por ser creyentes. Sin embargo, los ricos, los satisfechos, los que se divierten y reciben aprobación de los demás se encuentran en una situación de peligro, porque serán tentados para cerrarse en sí mismos, no tener en cuenta el amor de Dios en sus vidas y perderse la plena felicidad. Tres motivos fundamentales para no alcanzar la felicidad: a) La riqueza impide al hombre ver más allá de la vida presente y, por tanto, no saber dónde está su verdadero interés; b) La riqueza encierra al hombre en sí mismo y le impide pensar en los demás, en los que carecen de lo necesario; c) La riqueza tiende a ocupar en el corazón del hombre un lugar que corresponde sólo a Dios, convirtiéndose en una especie de ídolo (cf. J. Dupont).

“Las Bienaventuranzas de Jesús son un mensaje decisivo, que nos empuja a no depositar nuestra confianza en las cosas materiales y pasajeras, a no buscar la felicidad siguiendo a los vendedores de humo —que tantas veces son vendedores de muerte—, a los profesionales de la ilusión. No hay que seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza. El Señor nos ayuda a abrir los ojos, a adquirir una visión más penetrante de la realidad, a curarnos de la miopía crónica que el espíritu mundano nos contagia. Con su palabra paradójica nos sacude y nos hace reconocer lo que realmente nos enriquece, nos satisface, nos da alegría y dignidad. En resumen, lo que realmente da sentido y plenitud a nuestras vidas” (Papa Francisco, Ángelus 17 de febrero de 2019). Que nuestro corazón se abra a la sabiduría divina que encierran porque nos llevan a contracorriente de lo que nos propone el mundo cada día.

En síntesis, Jesús proclama la felicidad eterna para aquellos a los que le es negada en esta vida; para quienes que, a pesar de todo y de todos, siguen poniendo su confianza sólo en Dios. Esta felicidad futura, cierta para el creyente y que es ya un consuelo en el presente, tiene un anticipo en la paz del corazón que el Señor concede a los humildes: La persona humilde conoce una gran paz, no así la soberbia que se atormenta a sí misma. El orgulloso no puede conocer el amor de Dios, porque se encuentra siempre alejado de Él. Quien se ensoberbece porque es rico, sabio o famoso, e ignora la profundidad de su pobreza y de su ruina, es porque no conoce a Dios. El humilde no busca los primeros puestos, sino que desea el bien para todos, contentándose con la condición que le toque vivir. El humilde desea para cada persona un bien mayor incluso al suyo alegrándose porque a los demás les vaya bien y sufriendo si les va mal a sus hermanos..

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