Reflexión al Evangelio jueves 24 de febrero 2022/ «Misionando Con Amor» 7ª Semana Tiempo Ordinario

“Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros”

Señor, yo confío en tu misericordia; que mi corazón se alegre porque me salvaste. Cantaré al Señor, porque me ha favorecido. Sal 12, 6

Día de la mujer paraguaya

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según  San Marcos (9,41-50)

“Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.”

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros.

Palabra del Señor R. Gloria a ti Señor Jesús.

UNA FRASE DE AMOR

SANTORAL

MEDITACIÓN

Nuestra vida sea ofrecida con el fuego de la caridad teologal y la sal de la paz con los hermanos para que sea agradable a Dios.”

Toda persona que hace el bien a alguien por ser cristiano, no quedará sin recompensa. Desde el Bautismo le pertenecemos totalmente a Cristo, quien entra en nosotros y nos transforma en sí, nos convierte en sí, nos satura de sí. Cuando entendemos bien esa situación entonces en nosotros va Cristo, y cuando llevamos la Buena Noticia, todo servicio que se haga a favor del misionero no quedará sin recompensa. Nosotros no hacemos un bien esperando algo como recompensa, no estamos esperando algo a cambio, sino que es hacer el bien sin mirar a quién. Pero cuando un misionero, un discípulo del Señor llega, que tengamos el amor de compartir con él en lo que le ayudará. San Pablo entendió profundamente el cristianismo diciendo:Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí(Gál 2,20). Cristo es, si se llega a ese nivel, el sujeto de todas las acciones vitales del cristiano.

Incitar al pecado o llevar al escándalo, preocupa a Jesús, pues debilita la fe del hermano al llevarlo a contradecir la voluntad de Dios. De ahí que el castigo es severo para quien separa al hermano de Cristo y tendrá que cortar o separar de sí aquel órgano que es el origen del escándalo. Cuando nos habla de “cortar”, no entendamos literalmente. En esa época boca-oídos hacía referencia a la capacidad de comunicación del ser humano (cortar toda difamación); las manos-pies, su capacidad de actuar, de obrar, de hacer las cosas (cortarlos es cercenar de raíz las acciones que llevan al pecado); y corazón-ojos, la de pensar, sentir y decidir (sacar el ojo, es arrancar de sí los pensamientos, sentimientos y decisiones que contradicen la voluntad de Dios).

La comunidad debe velar por la fe de los pequeños y sencillos, fortaleciéndola, cuidando de sus miembros para que no sean inducidos y seducidos al pecado. Cuidar para que no se caigan, sino más bien generando un ambiente propicio para el encuentro y acogida plena del Mesías en sus corazones. Cuidar para que perseveren en la fe, esperanza y caridad, a pesar de costosos sacrificios. ¿Qué es lo que deberíamos dejar para seguir siendo discípulo misionero del Señor, un servidor? ¿Qué nos está impidiendo llevar una buena vida cristiana? Señor, ayúdanos a dar ese paso. Tal vez la expresión que cada uno será salado por el fuego refiera a la sal que se echa al incienso y a los sacrificios simbolizando la lealtad de Dios a la alianza con su pueblo (cf. Nm 18,19), así, Jesús está pidiendo a sus discípulos para que se hagan ofrendas gratas a Dios por la entrega fiel de sus vidas en medio de persecuciones y sufrimientos. Después invita a cumplir su misión colaborando la sabiduría del Evangelio, lo que es tan propio del discípulo como de la sal es dar sabor a las comidas, y si no es así deja de ser sal (cf. Mc 9,50; Mt 5,13). Que nuestra vida sea ofrecida con el fuego de la caridad teologal y la sal de la paz con los hermanos para que sea agradable a Dios.

La sal para los antiguos tenía una importancia religiosa muy especial, como símbolo de duración y de valor porque sirve para purificar, condimentar y conservar. Por eso se pone en relación con Dios, mientras que el hedor y la corrupción hacen pensar en los demonios, que según las costumbres orientales eran arrojados con la sal. De ahí que la sal se usaba abundantemente en el culto, incluso en el del AT en donde las víctimas eran rociadas con sal (cf. Éx 18,19; 2 Crón 13,5). “… porque cada uno será salado por el fuego, es una frase que intenta dar razón de la frase anterior: “… donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”, esto es, cada uno recibirá en sí una recompensa de vida eterna si se purificara, si no, estará condenado.

La sal es buena si no pierde su sabor. En Palestina la sal recogida en el Mar Muerto, mezclada como estaba con yeso y otras sustancias, se hacía fácilmente insípida. El evangelista Marcos quiere comunicar que la sal cristiana es el amor al prójimo y a Dios. Si éste falta, desaparece la identidad cristiana, pues es lo fundamental de su vida. Será sugerente que los cristianos siempre tengan sal en sus reservas. En este contexto, el “pacto de sal” es esencial para la supervivencia de las comunidades cristianas. Hagamos pacto de amor por donde vayamos, para que nuestra comunidad se enfoque en lo más importante.

Y entre los miembros que prime esa paz fraterna, fundada en el amor. Había la costumbre de ofrecer sal al huésped en señal de hospitalidad, diciéndoles que haya sal en las relaciones comunitarias, con un lenguaje fraterno y amable, que tenga buen sabor (cf. 1 Tes 5,13; Col 4,6). La sal simboliza también el seguimiento fiel, la misión del discípulo que brota de su identidad y la concordia fraterna. El amor es esa sal que todos deben probar y dará buen sabor al mundo entero.

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