Reflexión al Evangelio viernes 4 de marzo 2022/ «Misionando Con Amor» 8ª Semana Tiempo Ordinario

“Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.”

Después de Ceniza, Día penitencial, abstinencia. Conmemoración de san Casimiro

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor.  

Sal 29, 11

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Mateo (9,14-15)


“¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos?.

Se acercaron los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”.

 Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

SANTORAL

MEDITACIÓN

Cristo se presenta como el novio, quien trae los bienes de salvación, trae la salud simbolizada por la boda.”

“San Casimiro pertenecía a la familia real de Polonia. Fue ejemplo de prudencia política y de servicio a los más necesitados de su pueblo. Consagró su vida a la Virgen María. Lo llamaban “defensor de los pobres”, ganándose el cariño de su gente, que veía en él a un hombre íntegro y coherente con su fe. Dejando huellas de santidad a su paso, partió a la eternidad en 1484. Fue canonizado en 1521” (La Liturgia Cotidiana 04/03/2022, Librería San Pablo, Paraguay, pág. 31).

En este tiempo de cuaresma se nos pide ayuno y abstinencia: El ayuno es privarse de la comida que normalmente hacemos. Se pide que en ese día no se coma nada de lo que solemos comer, lo que se nos permite es comer pan y tomar agua. La abstinencia es privarse de comer carne y de algunos lujos en nuestra alimentación ofreciendo por un objetivo. Ciertamente el ayuno o abstinencia no tienen sentido sin la oración, pues llegar a ayunar es una Gracia, que hay que pedirle a Dios nos la conceda para que nos sintamos más frágiles, débiles y necesitados, y nos abramos a recibir lo que Dios nos quiere regalar.

Además, como somos seres superiores, vamos aprendiendo a crecer en las privaciones que nos fortalece el autodominio. Como también, el importe de lo que nos hemos privado se debe destinar para compartir con los pobres, a ser más generosos y solidarios con los demás. Normalmente en nuestro país, tenemos la campaña de cuaresma para que a través de la Iglesia (específicamente la Pastoral Social) podamos llegar organizadamente a compartir los bienes que los hermanos más necesitados están pidiendo.

En el texto de hoy presenta una de las costumbres en época de Jesús, en donde los fariseos cumplían estrictamente y controlaban la práctica del ayuno porque se enfocaban en el formalismo exterior, aunque sin las disposiciones interiores, que dan sentido a la práctica externa de cualquier rito. Cuando es meramente exterior, todo el pueblo recurre a Dios, lo invoca, guarda el ayuno que está prescrito, pero realizando sin espíritu, sin llegar a comprometer plenamente el corazón.

La penitencia esencial que Dios pide es el servicio a los hermanos necesitados: liberarlos del hambre, de la opresión, del frío, de la desnudez, de la ignorancia, de la injusticia. Entendiendo que el necesitado es nuestro hermano, y a quien ayudamos con una mirada de fe, viendo en cada uno de ellos al mismo Cristo, es cuando Dios escucha de verdad nuestra oración, y nos salva, nos acoge regalándonos su misericordia. Lo que en definitiva Jesús hace es denunciar proféticamente el formalismo religioso de aquella época. El evangelista plantea el tema del ayuno, pero, como se dirige a una comunidad judeocristiana, presenta la necesidad de redimensionar la costumbre de ayunar, muy valorada en el judaísmo. Jesús, si bien no viene a eliminar lo mandado por la Ley, establece una superación y nueva manera de entenderla. El cumplimiento de lo anunciado en la Ley y los Profetas, lo que está en el Antiguo Testamento, supone un camino, una preparación para redimensionar desde un cambio profundo de actitud. La cuaresma nos pide el ayuno corporal, pero el ayuno que Dios nos está pidiendo es la conversión testimoniada en hechos y palabras, no sólo en palabras y ritos externos; si existiere esa profunda conversión es lo que producirá en nuestro interior la alegría intensa y permanente.

Llega el tiempo en que se cumplirán todas las promesas, el tiempo del reino de Dios. Acá Jesús implícitamente se presenta como el Mesías esperado. Cristo se presenta como el novio, quien trae los bienes de salvación, trae la salud simbolizada por la boda. Es el símbolo del matrimonio en el Antiguo Testamento que Dios lo hacía con su Pueblo (cf. Os 2,18-20; Is 54,5-6), que acá Jesús encarna en su vida; es la novedad del texto. La promesa se cumple en Él. Será fundamental ser parte de los amigos del novio para compartir alegremente en la boda. Entonces es tiempo de alegría, no de ayuno, de llanto o de luto. Celebremos la alegría de la Presencia del Esposo, quien nos dona su Vida, llena de Amor todo y a todos, y nos impulsa a vivir nuestra fe desde la sencillez y la humildad.

Lo más importante es no caer en hacer ayunar al estómago y no llegar a ayunar desde el corazón. Eso nos hará encontrar permanentemente a Cristo, que es el manjar de las bodas, y si gozamos de amor de Cristo, eso nos llevará a superar cualquier angustia y tristeza, porque “con Cristo nace y renace la alegría” (EG 1), el amor es alegría, es felicidad. Nos invita a no estar tristes ni apesadumbrados, preocupados y angustiados por cualquier situación que fuera. El Esposo está con nosotros y es tiempo de compartir con Él quien se manifiesta a través de los mendigos, de los presos, de los enfermos de distintas layas, de las personas pobres y en situación de calle, de las personas que no tienen trabajo y están sin techo, de las personas que pasan hambre, de los indígenas siempre olvidados y marginados en nuestro sistema social, de los que no tienen voz para defenderse en este mundo. En ese servicio desinteresado y con profunda fe, con mirada de fe, viendo a Cristo que vive en cada hermano, es donde se encuentra la verdadera alegría.

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