Día 5 De camino en la Cuaresma

La Oración un encuentro con Jesús

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

ORACIÓN INICIAL

Señor, concédenos la disposición para desapegarnos de todo aquello que nos aleja de ti. Regálanos tu Santo Espíritu para que con docilidad e infinita confianza en tu bondad y misericordia, podamos imitar a María Santísima. Que ella nos alcance la gracia de encontrar a Jesús en el silencio de nuestro corazón.

Lectura del libro del Deuteronomio (26,4-10):

Dijo Moisés al pueblo: «El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.

El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado.» Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.»

Palabra de Dios

Para meditar mientras hacemos nuestro camino de Fe

Originalmente de: https://haciadios.com/

Lo primero que pensamos acerca del desierto, es que es el lugar donde Jesús fue tentado. Él que se hizo similar a nosotros en todo menos en el pecado, experimentó en carne propia la tentación más de una vez y por ello vale la pena escuchar su consejo.

Vigilar, es estar atentos ante esos primeros síntomas de la tentación. Debemos aprender a identificar las emociones de amargura, tristeza, insatisfacción, frustración o cansancio, donde suele fructificar tan fácilmente.

Orar mucho, orar siempre. Conscientes de nuestra fragilidad, debemos reconocer que la tentación será parte inevitable de nuestra vida. Orar con mucha confianza en el amor y la misericordia de Dios, pidiendo siempre la asistencia del Espíritu Santo para que nos ayude a elegir el bien y evitar el mal, a buscar a Dios y no a nosotros mismos.

Vigilar y orar. Parece sencillo pero en realidad no lo es cuando no hemos aprendido a manejar nuestros sentimientos y pasiones, cuando el mundo nos presenta tantas distracciones que nos alejan de Dios y de la comunicación con Él a través de la oración.

La tentación no es en sí un pecado, los deseos y sentimientos desordenados pueden surgir de forma involuntaria.

En nosotros está la libertad para consentir en ellos o desecharlos enfocando nuestra atención en Dios y en su amor, en el triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado y la muerte, en el bien que también somos capaces de realizar.

La Oración, un encuentro con Jesús

Del Libro de Oro (Agustín del Divino Corazón)

Adaptación.

Toda la reflexión Completa Aquí:

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