Reflexión al Evangelio sábado 5 de marzo 2022/ «Misionando Con Amor» 8ª Semana Tiempo Ordinario

“Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan.”

Después de Ceniza

 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor, por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.  Sal 68, 17

Sal 68, 17

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Lucas (5,27-32)


“No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?”. Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan”.  

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

SANTORAL

MEDITACIÓN

Jesús se mete en medio de su situación y desde ahí lo mira, lo ve y lo llama para que se convierta en discípulo y empiece una vida nueva que le dará mucha alegría y paz.

Lo primero que notamos en el texto es que Dios toma la iniciativa, ve al publicano Leví en una realidad metida en la corrupción, y le dice para que lo siga. Leví deja todo y lo sigue. Desde ese momento ya nada vale más que estar en la presencia del Señor; hasta llegó a transformar la mesa de la usura en una mesa del compartir, del ágape, de la comunión entre hermanos. Antes Leví era un publicano al servicio del impero que les estaba dominando, y desde el momento del seguimiento, fue una nueva persona, humilde, servidora de los demás. Ese cambio radical sólo se da cuando la persona se sana de raíz integralmente y se queda atraída impresionantemente por seguir al Maestro.

Entonces, tenemos la llamada a Leví que acontece por pura iniciativa de Dios y la respuesta de conversión que lleva a compartir la mesa con los hermanos para dar testimonio. Leví era un recaudador de impuestos, no tan bien visto por los miembros del pueblo de Israel porque estaba aliado con los de Roma y cobraba a sus paisanos para apoyar a la dictadura romana obteniendo de esa situación un beneficio personal grande económico. En ese contexto, en medio de una disputa social y religiosa de aquel tiempo, Jesús llama al cobrador de impuestos; considerado así, como los corruptos de nuestro tiempo. Jesús se mete en medio de su situación y desde ahí lo mira, lo ve y lo llama para que se convierta en discípulo y empiece una vida nueva que le dará mucha alegría y paz.

En esa época comer juntos significaba algo muy hiriente para unos, o lo más valioso de amistad y comunión con los demás, para otros, que se veía a nivel humano, pero, sobre todo, también a nivel profundamente religioso. Los judíos evitaban el contacto en la comida con quienes eran pecadores, porque entendían que así quedaban contaminados. Por eso, lo que Jesús hizo era totalmente inconcebible en ese tiempo, pues llama a Leví, quien era un publicano (pecador público, todos sabían que era pecador), ofrece el perdón a los otros pecadores que estaban compartiendo ahí, y comparte con ellos su amistad y comunión a través de la comida. Aunque sea muy misericordioso, para una mentalidad israelita era realmente un escándalo, pues Jesús se estaba colocando en el lugar de Dios, al llevar el signo de su gracia y comunión a los perdidos y más culpables de la tierra. Es un gesto muy interpelante para nuestro tiempo. Desde una mirada más profunda, estas comidas con estos pecadores son realmente un signo y anticipo de la fiesta del banquete pleno y eterno del Reino. En estas comidas Jesús ofrece el perdón y la instauración de una manera nueva de relacionarnos con Dios y con los demás, diciéndonos “he venido a llamar a los pecadores”. Jesús viene precisamente por los pecadores, por todos y cada uno de nosotros, que necesitamos de esa gracia. Los judíos acusan a los discípulos de Jesús, a los cristianos, de comer con los publicanos y pecadores. A pesar de ello, Jesús aprovecha para enseñar el mensaje de Dios para todos: misericordia. Por tanto, hoy día, no hay que tener miedo de compartir con los hermanos sea cual fuere su situación, y mostrarles quién es Cristo y qué quiere de todos nosotros. Nosotros hoy día, ¿qué estamos ofreciendo para los pecadores más corruptos apartados de Dios? ¿Cuál es nuestra mirada y nuestra forma de dirigirnos hacia ellos? El llamado a la conversión es el principal camino.

Es fascinante esta historia de Leví, porque estando tan cómodamente con su labor de cobrador de impuestos, Jesús pasa por su vida, y por donde Él pasa todo se transforma, nada queda igual. Jesús lo mira y le dice sígueme, que sonó en lo más profundo de su corazón como una invitación y mandato que le ayudó a cambiar toda su vida: “dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. Dejó su labor de cobrador de impuestos, su vida anterior y empezó a vivir de manera nueva en compañía de Jesús hasta llegando a ser su apóstol. La elección de parte de Jesús llega a ser gratuita, pues esa profesión a la que se dedicaba Leví era considerada deshonrosa e inmoral. Cristo no se queda en el pecado suyo sino en el potencial que tenía para ser apóstol, su discípulo misionero. La vida de Leví cambió por completo, teniendo luego nuevos valores y motivaciones.

A nosotros también nos llama esta situación, a cambiar nuestra vida, pues su Palabra nos ilumina, nos sentimos llamados y elegidos por el Señor para ser sus apóstoles en medio de situaciones adversas de la historia, recibimos la Buena Noticia y se nos pide compartirla con los demás. Aunque nuestro pecado sea rojo como escarlata, el Señor lo purificará como lana blanca, nos hará puros. A veces puede pasar que sentimos vergüenza por los pecados que hemos cometido, pero cuando sabemos que Jesús vino a llamar no a los justos (o los que se creen justos o santos) sino a los pecadores, ahí estamos cada uno de nosotros, a quienes nos llama a cambiar de vida y tenerle al Señor en el centro de nuestros pensamientos, palabras y acciones, en lo más profundo de nuestras decisiones.

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