Reflexión al Evangelio domingo 6 de marzo 2022/ «Misionando Con Amor» Primer Domingo de Cuaresma

“Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.”

Me invocará, y yo le responderé. Estaré con él, en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; le haré gozar de una larga vida.  

Sal 90, 15-16

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Lucas (4,1-13)


“Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: “Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan”. Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan”. Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: “Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá”. Pero Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”. Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”. Pero Jesús le respondió: “Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno  

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

SANTORAL

MEDITACIÓN

La fe de todo creyente, para que crezca y se fortalezca, y desemboque en el amor confiado, sí o sí será tentada.”

En Lc 4,1 expresa que el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto “donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días”, del que rescatamos tres elementos simbólicos: En primer lugar, por la referencia de los cuarenta días como un tiempo determinado y necesario para el cambio. En segundo lugar, el desierto, presentado aquí como el lugar de la prueba y la decisión. Y, en tercer lugar, la tentación o lucha con el demonio.

En relación a las tentaciones seguimos una catequesis de Benedicto XVI, sacando lo esencial del mensaje: Primera tentación, convertir piedra en pan para saciar el hambre. Esta tentación tiene por fin que Jesús oriente su filiación, su ser Hijo de Dios, en beneficio de sí mismo y no como dependencia y donación total al Padre. En la segunda tentación, se le pide a Jesús que haga alianza con los poderes de este mundo (¿al dominio de Satán?) para realizar su misión; pero el camino de Dios no va por ahí, pues el poder mundano no salva al hombre, sino el de la cruz, de la humildad, del amor (cf. Lc 4,5-8). En la tercera tentación, el demonio pide a Jesús que se tire de lo más alto del Templo de Jerusalén y Dios lo salve con sus ángeles, pero Él no es Alguien a quien poner nuestras condiciones, como poner a prueba a Dios haciendo show, algo sensacional (cf. Lc 4,9-12). Sería presumir queriendo obligar a Dios a intervenir, exigiendo al Padre que obedeciera a una situación de emergencia provocada por él; eso es “tentar a Dios”, queriendo poner a prueba su poder o fidelidad, pretendiendo que Dios esté a nuestra disposición.

En las tres lecturas de hoy aparece la fe que nos lleva a la salvación. El israelita piadoso profesa su fe en el Dios verdadero y fiel que no abandona a sus hijos a lo largo de la historia (1a. lectura). Pablo recuerda la fe en Cristo, muerto y resucitado, que debe ser creída con el corazón y confesada con la boca. En el Evangelio, Jesús vence las tentaciones permaneciendo en la fe fiel al Padre. Pero atención: la fe de todo creyente, para que crezca y se fortalezca, y desemboque en el amor confiado, sí o sí será tentada. Por eso la liturgia nos presenta a Jesús tentado en el desierto. Estamos invitados a entrar al desierto cuaresmal conducidos por el Espíritu Santo para purificar, rectificar y profundizar nuestra relación con Dios. Jesús se retira al desierto, lugar del silencio, de la pobreza, donde la persona no tiene ningún apoyo material y se confronta con las preguntas fundamentales de su vida, empujado a ir a lo esencial, que le facilita encontrarse con Dios. Invitación a estar a solas con Dios, a reflexionar sobre nuestra relación con Dios, con los demás, con nosotros mismos y con lo credo. ¿Qué lugar esencial ocupan en mi corazón la fe, la familia, el trabajo, los amigos, la solidaridad (con los más débiles) y de qué superficialidades debería despojarme? El desierto es el lugar de la tentación, de la lucha, de la decisión. Tomemos conciencia de las tentaciones y combatirlas con la Gracia de Dios, practicando el ayuno, la oración y la limosna.

Más profundamente el desierto es donde la prueba y la tentación ayudan a aprender, donde tomamos conciencia de nuestra fragilidad, debilidad y pecado que anida en nuestro corazón, reconociendo que necesitamos de la Gracia y la misericordia de Dios: “Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos” (Dt 8,2). San Agustín enseñaba que Dios tienta a fin de que el hombre mismo se descubra, pues la tentación es una forma de interrogación y de enseñanza que conduce al hombre al descubrimiento de su verdadero yo; si Dios cesara de tentar, el maestro dejaría de enseñar.

El desierto es el lugar de la manifestación de la misericordia de Dios. En medio de la prueba se experimenta el amor misericordioso de Dios Padre que enseña, cuida y corrige: “Reconoce que el Señor, tu Dios, te corrige como un padre a sus hijos” (Dt 8,5). Tener confianza en y con Jesús para vencer las tentaciones. Dice San Agustín:

«El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tentado tú […] Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él«.

Ánimo para luchar y vencer las tentaciones con la fe. Aumentemos nuestra confianza en la fidelidad de Dios.

El Papa Francisco nos dice:

“La Cuaresma nos recuerda cada año que «el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día» (ibíd.,11).

Por tanto, pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor (cf. St5,7) para no desistir en hacer el bien, un paso tras otro. Quien caiga tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en volver a Él, que «es rico en perdón» (Is55,7). En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda” (Mensaje para la cuaresma 2022).

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