Día 9 De camino en la Cuaresma

Entreguémonos por completo al Señor, Él nos espera

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

ORACIÓN INICIAL

Señor, concédenos la disposición de desapegarnos de todo aquello que nos aleja de ti. Regálanos tu Santo Espíritu para que con docilidad e infinita confianza en tu bondad y misericordia, podamos imitar a María Santísima. Que ella nos alcance la gracia de encontrar a Jesús en el silencio de nuestro corazón.

Lectura de la profecía de Ezequiel (18,21-28):

ESTO dice el Señor Dios:
«Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva?
Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.
Insistis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Palabra de Dios

Para meditar mientras hacemos nuestro camino de Fe

Originalmente de: https://haciadios.com/

La noche en un desierto es fría y silenciosa, pero a la vez habitada por ruidos desconocidos. Cuando Cristo está ausente en mi interior me recuerda esta experiencia en la que nada me llena porque Cristo no está conmigo, mi alma se ha vaciado, se ha enfriado. Tiene sed del Dios vivo, pero Él aparentemente no está presente.

Duermo buscándole, pero no está. Sin embargo, Él vela mi sueño con su sueño. Está dormido en mi interior, pero su Corazón vela, como una Madre con su hijo. Y de noche, en ese aparente desierto interior desciende una escalera misteriosa hasta mi corazón (Gn 28,12). Esta escalera me enseña que mi oración tiene que ser sencilla y confiada. Buscar subir un peldaño cada día, aunque parezca que no avanzo. Este aparente silencio de Dios es para que yo renueve mi confianza en su misericordia, y mi fe en sus promesas. ¡Despierta alma mía, sube, camina, confía!

Es en el silencio de la noche, con el anhelo de Dios firmemente plantado en mi corazón, donde se podrá dar ese encuentro de dos miradas, la de Dios y la mía. El encuentro donde nos diremos todo sin reservarnos nada.

Entreguémonos por completo al Señor, Él nos espera

Adaptación Del Libro de Oro (Agustín del Divino Corazón)

Toda la reflexión Completa Aquí:

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