Reflexión al Evangelio viernes 11 de marzo 2022/ «Misionando Con Amor» 1ra. Semana del Tiempo de Cuaresma

“Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.”

Día penitencial (ayuno y abstinencia) 

Señor, alivia las angustias de mi corazón. Mira mi aflicción y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.

Sal 24, 17-18

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Mateo (5,20-26)


“Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él.

Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

SANTORAL

MEDITACIÓN

Quiere que purifiquemos primero nuestro corazón y comportamiento antes de querer corregir a los demás.

Llega el Mesías, y la Ley alcanza su plenitud, pero al mismo tiempo también es superada. Jesús expresa unas antítesis: “Ustedes oyeron que se dijo…. Pero Yo les digo (cf. Mt 5,21-22); nos advierte la novedad que supera totalmente las actitudes que exigían los israelitas. Las exigencias de Jesús acogen la continuidad del camino que se trae desde el Antiguo Testamento y el cumplimiento de la única historia de salvación, con una superación del Nuevo Testamento con la presencia del Mesías. Lo que Jesús hace es superar la interpretación casuística de algunos judíos de aquella época, interiorizando y universalizando la Ley a la luz de cómo Dios Padre expresa su amor a favor del ser humano. Todas las exigencias que Jesús pone son expresiones de amor por el ser humano y no reducidas sólo en la letra de las normas o preceptos.

Se pueden tener dos actitudes distintas y distantes: aferrarse radicalmente a la materialidad total de cuanto la ley parece establecer y de omisión y casi desprecio de dicha ley. Tengamos presente que Jesús más que divergencias en relación con la normativa bíblico-judía, manifiesta perfección de la misma, por eso dice, No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”. La ley como expresión de la voluntad de Dios, debe ser aceptada en su conjunto, pues sólo quien la entienda así es más justo que aquellos justos de la época de Cristo, los teólogos o escribas, y los laicos piadosos o fariseos, porque la justicia de Jesús supera a la de los escribas y fariseos.

La primera antítesis se centra en el quinto mandamiento. Jesús plenifica el mandamiento afirmando que la ira, el enojo contra alguien y el insulto grave deben ubicarse en el mismo nivel que matarle a alguien. Muchos rabinos de su época admitirían esta posición de Jesús. Pero en la práctica, por ejemplo, al asesino se lo llevaba a los tribunales, no así a quien insultaba a alguien. Jesús enseña que esas diferencias no existen a los ojos y el corazón de Dios. Para Dios, todo nace desde la interioridad, por tanto, esa interioridad es la que se debería educar y dejarle a Él que ocupe ese lugar de la persona.  Seguidamente, Jesús pone dos ejemplos que era de la cotidianidad: El primero, referido a lo que ocurría en el templo, pues se ofrecían sacrificios establecidos por la ley o provenientes de la iniciativa privada, como acción de gracias, expiación por los pecados, etc., teniendo todavía dañada la relación con algún hermano, haciendo notar que lo más importante es la reconciliación con aquella persona a quien se ha ofendido.

El segundo, dice que existe una deuda que el acreedor reclama, que podría establecerse un proceso judicial entrando en litigio, por eso Jesús enseña que mejor es llegar a un acuerdo en lugar de entrar en el pleito. Lo que nos hace entender es cuando nosotros somos los culpables, por eso dice si un hermano tiene queja contra nosotros (contra ti), no mencionando si nosotros tenemos algo contra algún hermano. Quiere que purifiquemos primero nuestro corazón y comportamiento antes de querer corregir a los demás. Y si somos los culpables, deberíamos tomar la iniciativa de acercarnos para la reconciliación, que se consuma con gestos y palabras donde de verdad se restauró la relación dañada. En este texto Jesús sale al paso a quienes quieren sólo quedarse en el cumplimiento extremo y externo de la ley, y no llega a profundizarla desde los sentimientos internos del corazón. Ejemplo, puede ser que la persona no falte nunca a la Eucaristía, pero en su corazón anidan resentimientos, rencores, odios y deseos de venganza, cayendo, por ende, en los chismes, en las críticas sin sentido contra el hermano. Si le amamos al hermano, no podríamos estar haciendo crecer en nosotros ningún sentimiento de aversión o mala voluntad contra ninguna persona, por más culpable que parezca y/o sea. Si somos conscientes y educamos con el amor de Dios nuestra interioridad, evitaríamos cualquier antipatía, aversión o malos deseos contra un hermano; puede ser que lleguemos a sentir algo malo contra alguien, pero se nos pide no llegar a consentirlo porque ofende a Dios y al prójimo.

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