TRIDUO DE ORACION A SAN JOSE,CUSTODIO DEL REDENTOR

«Cualquiera que sea la gracia que solicites a San José sin duda va a ser concedida, para creer solo tienen que convencerse haciendo la prueba».

Santa Teresa de Ávila

Puede comenzarse el 17 de cada mes para terminar el día 19.

Publicada originalmente por: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe
Coordinación General de la Pastoral del Santuario

RECOPILO: M. I. Mons. Cango. Jorge Antonio Palencia Ramírez de Arellano
Teólogo Lectoral del Venerable Cabildo de Guadalupe y Coordinador General de la Pastoral del Santuario

San José, llamado a ser custodio del Hijo de Dios, es figura paternal en la iglesia y en cada familia cristiana.

No podemos dejar de lado su maravillosa participación en el misterio de la Redención. La misión encomendada, no ha sido un llamado fácil de emprender, pero por su gran entrega, dio todo de él para cumplir fielmente la voluntad del Padre.

Compartimos con alegría este breve triduo que nos presenta la confianza, el servicio y la disponibilidad de este sato varón que no deja de escuchar a quienes se encomiendan a su cuidado.

Valoremos  en esta reflexión el encontrar su identidad en el ámbito del designio, que tiene su fundamento en el Misterio de la Encarnación.

Debemos resaltar, dos características importantes de la vida de San José, que como discípulos de Jesús necesitamos hoy en día:
1° La primera es el valor, y
2° la segunda, el silencio

José recorrió largas distancias bajo todo tipo de condiciones climáticas para llevar a su familia a Belén, lo podemos meditan en el Evangelio de San Lucas (2:1– 7). Su esposa, María, pronto daría a luz al Hijo de Dios, y José los mantuvo a salvo de las personas peligrosas que solían transitar por los caminos escabrosos. Llamó a la puerta de muchos lugares buscando refugio, pero fue rechazado una y otra vez.
Esto, sin duda, exigió mucho valor de su parte. Aunque José nunca habló en los Evangelios, sabemos que fue un hombre de familia con una fe firme, puesto que le enseñó a Jesús a rezar y a amar a Dios, meditemos el Evangelio de San Lucas ( 2:51).
Aunque en las Sagradas Escrituras no figura ninguna de las palabras de José, podemos “escuchar” su silencio. José nos enseña el valor del silencio en un mundo que suele estar saturado de ruido y bullicio.

Dedicar tiempo al silencio nos ayuda a acercarnos más a Dios como discípulos. Hablar con Dios en la oración es importante, pero también es muy importante escuchar a Dios como lo hizo san José, lo cuál podemos meditar en el Evangelio de San Mateo (1:20–25).

Por la señal…
Señor mío Jesucristo…
V. Benditos y alabados sean los dulcísimos nombres de Jesús, María y José.
R. Amén.

ORACIÓN A SAN JOSÉ

Glorioso San José,  casto esposo de la Virgen María; intercede para obtenerme el don de la pureza.

Tú que a pesar de tus inseguridades personales, supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud para responder siempre y en todo lugar a lo que el Señor me pida.

Varón prudente, que no te apegas a las seguridades humanas, sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado, obtenme el auxilio del divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obtenme esas bendiciones para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme, día a día, al modelo de la plena humanidad: que es nuestro Señor Jesús.

Amén

PRIMER DIA. San José Patrono Universal de toda la Iglesia


Oración Inicial


A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de María, tu Santísima Esposa, solicitamos confiadamente tu patrocinio.
Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providente Custodio de la Sagrada Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de esta epidemia que azota la humanidad, libranos de nuestros errores y vicios.
Asístenos en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.
Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

(León XIII)

Lectura Bíblica

“El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo»”

(Mt 2, 13-15).


Comentario a la lectura bíblica:

Jesús el hijo de José, el hombre de los sueños Dice el Papa Francisco que San José era un hombre concreto, pero con el corazón abierto, “el hombre de los sueños”, no “un soñador”:
El sueño es un puesto privilegiado para buscar la verdad, porque allí no nos defendemos dela verdad. Vienen y… Y Dios también habla en los sueños. No siempre, porque generalmente es nuestro inconsciente que viene, pero Dios tantas veces eligió hablar en los sueños. Lo hizo tantas veces, en la Biblia se ve, ¿no? José era el hombre de los sueños, pero no era un soñador ¿eh? No era fantasioso. Un soñador es otra cosa: es aquel que cree…va… está en el aire, y no tiene los pies plantados en la tierra.
También el Papa Francisco pide que no se pierda la capacidad de soñar, la capacidad de abrirse al mañana con confianza, no obstante las dificultades que puedan surgir:

No perder la capacidad de soñar el futuro: cada uno de nosotros. Cada uno de
nosotros: soñar sobre nuestra familia, sobre nuestros hijos, sobre nuestros padres.
Mirar como yo quisiera que anduviera su vida. También los sacerdotes: soñar sobre
nuestros fieles, qué queremos para ellos. Soñar como sueñan los jóvenes, que son
descarados en el soñar, y allí encuentran un camino. No perder la capacidad de soñar,
porque soñar es abrir las puertas al futuro. Ser fecundos en el futuro.

Además de esta acepción de “soñar”, que hace referencia a vivir con proyectos, con ilusiones, con esperanzas, con la mirada puesta en el futuro y en la búsqueda de un futuro mejor para todos, esta el “valor religioso” del sueño, tan reiterado en la Sagrada Escritura como espacio de manifestación de Dios.

Peticiones. (Se puede agregar otras)

•          Te pedimos glorioso San José, que nos ayudes a experimentar el silencio y el abandono de la misma manera en que vos te entregaste al servicio de Dios confiando en su providencia.

•          Te pedimos que nos enseñes a vivir en constante amor para con Jesús y María, quienes sintieron tu protección.

•          Alcánzanos la gracia de ser verdaderos observadores de las leyes divinas para poder cumplirlas fielmente.

•          Pide por nosotros una auténtica vida cristiana cimentada en el ejercicio de las virtudes.

Meditación


“José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto”: esa es la perfecta invitación con la que nos acercamos a conocer un poco más a José de Nazaret, aquel a quien queremos encomendar nuestras familias. San José es un santo único. Lo veneramos como el hombre más cercano a Cristo. Sus virtudes y santidad son extraordinarios, hasta el punto de que muchos santos padres le han considerado el más luminoso de todos los santos, ejemplo de amor, humildad y dedicación a Jesús.
Esta conciencia viva del lugar especialísimo que san José tiene en el plan providencial de Dios, ha pasado por la experiencia y la pluma de muchos santos de todos los tiempos. Santa Teresa de Jesús, la gran doctora mística de Ávila, es testigo de su poderosa intercesión, cuando escribe en el libro de su Vida:

“Y tomé por abogado y señor al gloriosos san José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide”

(Santa Teresa de Ávila, el Libro de la Vida 6,6)


En el siglo XIX, hubo un movimiento del sentir popular pidiendo la declaración del patrocinio de san José sobre toda la Iglesia. Entre los cientos de cartas que llegaron al escritorio de Pío IX estaba la de un sacerdote dominico, el Beato Juan José Lataste, en la que contaba al Papa que había ofrecido su vida para que llegase esa declaración pontificia. El Papa, muy movido por esa petición en particular, en la Solemnidad de la Inmaculada de 1870, invocaba urbi et orbi ese patrocinio en las misas de todas las basílicas pontificias en que se leyó el Decreto Quemadmodum Deus de la Sagrada Congregación de Ritos, donde se decía:

“Del mismo modo que Dios constituyó al otro José, hijo del patriarca Jacob, gobernador de toda la tierra de Egipto para que asegurase al pueblo su sustento, así al llegar la plenitud de los tiempos, cuando iba a enviar a la tierra a su Hijo Unigénito para la salvación del mundo, designó a este otro José, del cual el primero era un símbolo, y le constituyó Señor y Príncipe de su casa y de su posesión y lo eligió por custodio de sus tesoros más preciosos. Porque tuvo por esposa a la inmaculada Virgen María, de la cual por obra del Espíritu Santo nació Nuestro Señor Jesucristo, tenido ante los hombres por hijo de José, al que estuvo sometido. Y al que tantos reyes y profetas anhelaron contemplar, este José no solamente lo vio, sino que conversó con él, lo abrazó, lo besó con afecto paternal y con cuidado solícito alimentó al que el pueblo fiel tomaría como pan bajado del cielo para la vida eterna. Por esta sublime dignidad que Dios confirió a su siervo bueno y fidelísimo, la Iglesia, después de su esposa, la Virgen Madre de Dios, lo veneró siempre con sumos honores y alabanzas e imploró su intercesión en los momentos de angustia.
Y puesto que en estos tiempos tristísimos la misma Iglesia es atacada por doquier por sus enemigos y se ve oprimida por tan graves calamidades que parece que los impíos hacen prevalecer sobre ella las puertas del infierno, los venerables obispos de todo el orbe católico, en su nombre y en el de los fieles a ellos confiados, elevaron sus preces al Sumo Pontífice para que se dignara constituir a san José por patrono de la Iglesia Universal. Al haber sido renovadas con más fuerza estas mismas peticiones y deseos durante el Santo Concilio Ecuménico Vaticano, Nuestro Santísimo Papa Pío IX, conmovido por la luctuosa situación de estos tiempos, para ponerse a sí mismo y a todos los fieles bajo el poderosísimo patrocinio del santo patriarca José, quiso satisfacer los votos de los obispos y solemnemente lo declara PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL”.

Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oración Final

Oremos:
Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de
tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor
en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén

SEGUNDO DIA. La Paternidad Espiritual de San José

Oración Inicial

Glorioso San José, esposo de la Virgen María, dispénsanos tu protección paterna. Nosotros te suplicamos por el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo. Tú, cuya protección se extiende a todas las necesidades y sabe tornar posibles las cosas más imposibles, dirige tu mirada de padre sobre los intereses de tus hijos.
Recurrimos a ti, con confianza en las angustias y penas que nos oprimen; dígnate tomar bajo tu caritativa protección este asunto importante y difícil que es la causa de nuestras inquietudes. Haz que su feliz desenlace sea para gloria de Dios y bien de sus servidores. Amén.

(San Francisco de Sales)


Lectura Bíblica

“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado
Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde
David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia
hasta el Cristo, catorce”

(Mt. 1, 16-17).

Peticiones. (Se puede agregar otras)

•          Te pedimos glorioso San José que nos alcances de Dios la gracia de poder valorar los bienes recibidos y defender la posesión de Cristo nuestro Señor.

•          Te pedimos que nuestros hogares sean fiel reflejo de la familia que Dios te encomendó.

•          Que podamos actuar y cumplir con fiel disposición la misión que Dios. nos tiene preparada.

•          Que nuestra vida sea semejante a la tuya, practicando las virtudes con que Dios te ha dotado.

Meditación

La designación como “Patrono”, etimológicamente designa a quien hace las funciones de “Padre”. Esta misión, que Dios encargó a san José en vida de Jesucristo, quedaba entonces reconocida respecto de toda la Iglesia. En muchas ocasiones hemos pensado en la maternidad espiritual de la Virgen, pero no siempre hemos caído en la cuenta de esa paternidad espiritual de san José sobre toda la Iglesia y sobre cada uno de nosotros.

La paternidad de san José sobre Jesús, aunque no fue física, tuvo todas las características de una verdadera paternidad. Su relación paternal con Jesús fue personal, afectuosa, y se prolongó durante muchos más años de los que pasó con sus mismos apóstoles. Como hombre, Jesús tuvo en José un modelo de masculinidad.

Fue testigo del ejemplo diario de su padre, aprendió de Él las virtudes del trabajo, y podemos reconocer en su humanidad trazos de la humanidad de José. “En verdad, en verdad os digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre” (Jn. 5, 19). Y José, fue, en lo humano determinante en su paternidad.

“José cumplió plenamente su papel paterno, en todo sentido. Seguramente educó a Jesús en la oración, juntamente con María. Él, en particular, lo habrá llevado consigo a la sinagoga, a los ritos del sábado, como también a Jerusalén, para las grandes fiestas del pueblo de Israel. José, según la tradición judía, habrá dirigido la oración doméstica tanto en la cotidianidad por la mañana, por la tarde, en las comidas, como en las principales celebraciones religiosas. Así, en el ritmo de las jornadas transcurridas en Nazaret, entre la casa sencilla y el taller de José, Jesús aprendió a alternar oración y trabajo, y a ofrecer a Dios también la fatiga para ganar el pan necesario para la familia”

(Benedicto XVI, Audiencia general del 28 de diciembre de 2011)

Así mismo, Jesucristo quiere que tengamos la paternidad espiritual de san
José, porque no hay ningún hombre más capaz que san José de modelar la verdadera
paternidad sobre cada uno de nosotros. Su paternidad espiritual y amorosa tiene el
poder de acercarnos extremadamente a los Corazones de Jesús y de María,
incrementar nuestra virtud, protegernos de las potencias malignas, y ayudarnos a
alcanzar el cielo.

Este es el tiempo de san José. Muchos hombres no han tenido una buena
experiencia de la paternidad. Él nos conducirá espiritualmente con todo lo que hace
un padre: nos alimentará, nos dará educación, vestido, protección y corregirá
cuando sea necesario. Somos hijos de María, y esta es nuestra gloria y nuestro
consuelo. Pero también somos hijos adoptivos de san José y esto no es cosa menor,
por la confianza que tenemos en él.

Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oración Final

Oremos:
Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de
tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor
en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén

TERCER DIA. San José, los silencios del Custodio del Redentor

Oración Inicial

Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se dedican al trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con espíritu de penitencia para la expiación de mis pecados; de trabajar en conciencia, poniendo el culto del deber por encima de mis inclinaciones; de trabajar con reconocimiento y alegría, considerando un honor el emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de Dios; de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia, sin retroceder jamás ante la pereza y las dificultades; de trabajar sobre todo con pureza de intención y desprendimiento de mí mismo, teniendo sin cesar ante mis ojos la muerte y la cuenta que deberé rendir del tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan funestas para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra ¡oh Patriarca San José! Tal será mi divisa en la vida y en la muerte. Así sea.

(San Pío X)

Lectura Bíblica

“Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno”

(Mt. 2, 19-23).

Peticiones. (Se puede agregar otras)

•          Te pedimos glorioso San José que seamos verdaderos contempladores del misterio de Dios, para vivir en continuo discernimiento de entrega y servicio.

•          Te pedimos que nos acerques de Dios, la gracia de estar e constate búsqueda de Dios, para conocer sus designios.

•          Que aprendamos tu lección  y la pongamos en práctica a fin de sentirnos verdaderos colaboradores del Padre.

•          Alcánzanos la gracia de ser para nuestros hermanos manifestación de la bondad que Dios nos regala por medio de sus Santos.

Comentario a la lectura Bíblica: San José, modelo para dar sentido al dolor


De San José podemos aprender al menos cuatro cosas: su confianza en Dios, su capacidad para sufrir y ver el “hilo de oro” del plan de Dios, su laboriosidad, y su silencio. En los Evangelios encontramos también cinco grandes dolores de San José. Pero a cada dolor le corresponde una inmensa alegría:

a) El primer dolor: Ver nacer al Niño Jesús en una pobrísima cueva en Belén, y no lograr conseguir ni siquiera una casita pobre para el nacimiento. A este dolor correspondió la alegría de ver y oír a los ángeles pastores llegar a adorar al Divino Niño.

b) El segundo dolor fue el día de la Presentación del Niño en el Templo, al oír al profeta Simeón anunciar que Jesús sería causa de división y que muchos irían en su contra y que por esa causa, un puñal de dolor atravesaría el corazón de María. A este sufrimiento correspondió la alegría de oír al profeta anunciar que Jesús sería la luz que iluminaría a todas las naciones.

c) El tercer dolor fue la huida a Egipto. Tener que huir por entre esos desiertos, sin sombras ni agua, y con el Niño recién nacido. A este sufrimiento le correspondió el gozo de ver crecer al Divino Niño.

d) El cuarto dolor fue la pérdida del Niño Jesús en el templo y la angustia de buscarlo por tres días. A este sufrimiento le siguió la alegría de encontrarlo sano y salvo y de tenerlo en su casa hasta los 30 años y verlo crecer ante Dios y ante los hombres.

e) El quinto dolor fue la separación de Jesús y de María al llegarle la hora de morir. Pero a este sufrimiento le siguió la alegría, la paz y el consuelo de morir acompañado de los dos seres más santos de la tierra.

Pero además de orante y paciente, San José es silencioso. Con María su esposa, hizo grandes cosas dejándose hacer por Dios. San José, el santo del Silencio. Es un caso excepcional en la Biblia: no se le escucha ni una sola palabra. No es que haya sido uno de esos seres que no hablaban nada, pero seguramente fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “Sean pocas tus palabras”. Quizás Dios ha permitido que de tan grande amigo del Señor no se conserve ni una sola palabra, para enseñarnos a amar también nosotros en silencio.

San José, Patrono de la Vida interior, enséñanos a confiar, a sufrir, y a callar amando.

Meditación

Custodio del Redentor, así llamó Juan Pablo II a san José en la hermosa carta apostólica que le dedicó. Hay una bella tradición, que desde el siglo XVI contempla los dolores y gozos de san José en su camino como protector de Jesucristo, que van contraponiendo los aspectos agridulces que aparecen en los diversos misterios de su infancia: el anuncio, su nacimiento en pobreza, la circuncisión e imposición del Nombre de Jesús, la presentación, la huida a Egipto, la vida de Nazaret y la pérdida y el hallazgo en el Templo. Todos ellos contienen un elemento de dicha y en todos ellos se vislumbra que Jesús es el Redentor, llamado a salvar a los hombres en la Cruz.

Dar vida a alguien es el más grande de todos los regalos. Salvarle la vida es el siguiente. ¿Quién dio vida a Jesús? Fue María. ¿Quién salvó su vida? Fue José.

Pregunta a san Pablo quién le persiguió; pregunta a san Pedro quién le negó; pregunta a todos los santos quién le llevó a la muerte. Pero si preguntamos ‘¿quién salvó su vida?’, callad patriarcas, profetas, apóstoles, confesores y mártires. Dejemos a san José hablar, porque él y solo él es el salvador del mismo Salvador.

Jesucristo es el Salvador del Mundo, pero ha querido que su madre y su padre tengan una participación única en la obra de la redención. De la sacrificial paternidad de san José aprendemos que está dispuesto a seguir ejerciéndola sobre los que nos encomendamos a su protección. En nuestros calvarios, san José nos ofrece su consuelo, y la fuerza para abrazar por amor todas nuestras cruces.

La protección de san José se extiende desde las circunstancias extraordinarias hasta las más ordinarias. Le llamamos “modelo de la vida doméstica”, y nos gozamos en contemplar sus días en el taller de Nazaret.

“Con san José, los cristianos aprenden lo que significa pertenecer a Dios y
asumir plenamente el propio lugar entre los hombres, santificando el mundo. Ve a
conocer a José y encontrarás a Jesús. Habla a José y encontrarás a María, que siempre
derrama paz en el atrayente taller de Nazaret”

(S. José María Escrivá).

Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oración Final

Oremos:
Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de
tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor
en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén

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