Día 20 De camino en la Cuaresma 3ª Semana

Mitiguemos el gran dolor del Inmaculado Corazón de María

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

ORACIÓN INICIAL

Padre nuestro que estás en el Cielo, durante esta época de arrepentimiento, ten misericordia de nosotros. Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en generosidad. Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien en este mundo. Amén.

Para meditar mientras hacemos nuestro camino de Fe

Originalmente de: https://haciadios.com/

En una noche serena, Jesús vivió una experiencia única de intimidad con el Padre. Pasó toda esa noche en oración para descubrir en el corazón del Padre a aquellos que habían sido elegidos para ser sus discípulos. Podríamos pensar que la oración de Jesús al Padre fue un  “elijo los que Tú me das”.

Qué distinta sería nuestra vida si pudiésemos rezar así, qué paz viviríamos en nuestra alma, cuánta intimidad tendríamos con un Dios que es más cercano a nosotros que nosotros mismos.

Elegir lo que Él nos da, descubrir en el corazón del Hijo el corazón del Padre y allí todo lo que tiene preparado para nosotros. Esto es la oración. Un descubrir en las profundidades de Dios el plan que ha pensado para toda la eternidad. Y allí, muy dentro, ofrecerle nuestra libertad, después de haber sido purificada en el desierto. Y así, elijo lo que Él me da como un regalo, y lo elijo con alegría.

Y también no elijo lo que Él no me quiere dar. Muchas veces la libertad si no es purificada por el desierto de la oración, se inclina a cosas, personas, realidades que no han sido elegidas por Dios para nosotros.

Por eso, el desierto nos ayudará a percibir más fácilmente la voz de Dios; nos purificará de toda soberbia y ahora nos desprenderá de todo aquello que no ha sido elegido para nosotros.

Y en silencio, ya purificados, descubriremos que nuestros nombres también están tatuados en el corazón del Padre, y que esa noche, Jesús también nos eligió para que fuésemos sus discípulos, sus seguidores y sus apóstoles.

No tengas miedo, elige ese yo tan amado que se esconde en el corazón de Dios. Esa es tu verdadera imagen, la que Dios quiere para ti. El desierto te ayudará a verla cada vez con más nitidez.

Meditemos el Mensaje de Hoy

Adaptación Del Libro de Oro (Agustín del Divino Corazón) Escucha este mensaje Aquí en el siguiente video:

Mitiguemos el gran dolor del Inmaculado Corazón de María

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