Día 21 De camino en la Cuaresma 3ª Semana

Si Dios está con nosotros, a nada hemos de temer

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

ORACIÓN INICIAL

Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte. Pedirte la gracia de darme más cuenta de que tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la misa ese sacrificio. Y agradecerte con obras lo mucho que me amas: ¡Tuyo soy, para ti nací! ¿Qué quieres, Señor, de mí?. Amén.

Para meditar mientras hacemos nuestro camino de Fe

Originalmente de: https://haciadios.com/

Sí, somos tercos, nos resistimos a rendirnos ante el amor de Dios. No nos basta con saber que Cristo murió por nuestros pecados. No nos es suficiente con saber que Él venció a la muerte de una vez y para siempre. A tantos siglos de distancia, a veces lo interpretamos como un cuento que hemos escuchado desde niños, pero no lo hacemos verdad en nuestro corazón.

Y es que si en verdad lo creyéramos, si toda nuestra vida se fundamentara en ese hecho, seríamos totalmente de Dios; todas nuestras acciones y elecciones estarían orientadas a vivir el amor, a extender su Reino en el mundo.

Queremos ser nuestro propio rey, regirnos por nuestras propias leyes, seguir solamente los impulsos egoístas de nuestro corazón herido. Y se nos olvida, que “no podemos servir a dos señores”.

La gran tentación de los católicos buenos es seguir teniendo opciones, sí, creer en Dios, pero también tener un plan B.

Servir a Dios, creer en Él pero elegir sólo lo que nos gusta de la fe y de la Iglesia. Vivimos, aunque sea de modo inconsciente, una fe de supermercado, donde con facilidad dejamos a un lado lo que no nos gusta, lo que nos incomoda o exige.

Dios sale constantemente a nuestro encuentro, Él se ha revelado en Jesús, en su Palabra y lo sigue haciendo en los acontecimientos de nuestra vida; sólo desde la oración podremos limpiarnos los ojos con el colirio de la fe. Sólo desde la oración, recordaremos que hemos sido elegidos, que Jesús nos ha llamado amigos porque nos ha revelado todo lo que había en su corazón.

Aprovechemos este desierto de la libertad para elegir a Dios nuevamente, para elegirlo totalmente, para confiar en Él sin miedos o reservas. La Cuaresma es  “la hora de la salvación”, es la oportunidad para despojarnos de la soberbia y revestirnos de humildad.

Meditemos el Mensaje de Hoy

Adaptación Del Libro de Oro (Agustín del Divino Corazón) Escucha este mensaje Aquí en el siguiente video:

Si Dios está con nosotros, a nada hemos de temer

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