Reflexión al Evangelio Viernes 25 de marzo 2022/ «Misionando Con Amor» 3er. Semana del Tiempo de Cuaresma

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

Solemnidad de la Anunciación del Señor. Día del niño por nacer.

Consagración de Ucrania y Rusia al Inmaculado Corazón de María

El Señor al entrar en el mundo dijo: “Aquí estoy, para hacer, Dios, tu voluntad”.

Heb 10, 5. 7

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Lucas (1,26-38)


“Yo soy la servidora del Señor; que se cumpla en mí lo que has dicho

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba que podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y se le llamará Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser esto, si yo no convivo con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será santo y se lo llamará Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor; que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

SANTORAL

MEDITACIÓN

Y si Él pide también es porque sabe que a quien pide no le fallará.

Para nosotros, del “Paraguay -y el mundo entero-, tierra de María”, nos inunda una inmensa alegría poder celebrar la solemnidad de la Anunciación del Señor. Celebramos el día del niño por nacer, y en este día especial rendimos homenaje a todos los “Provida” y “Profamilia” del mundo entero en medio de la proliferación de la “cultura de la muerte” (Juan Pablo II) por todas partes. Ciertamente, es el gran acontecimiento de la salvación, la Encarnación del Hijo de Dios, pero se concreta gracias al sí de María, nuestra reina de toda la humanidad. Su realeza está llena de amor, de ternura, de humildad y sencillez; como Madre de la misericordia intercede por la salvación de todos nosotros a pesar de nuestros pecados. Tanta historia de amor narrada con palabras y con la vida de incontables personas llenas del favor de Dios por medio de nuestra Madre. En el texto de hoy encontramos que existe una relación al Antiguo Testamento este nacimiento de Jesús, presentado como hijo de David e Hijo de Dios. María es saludada con que Dios la favoreció, la “llena de Gracia”.

El “alégrate” es una felicitación por captar la mirada de Dios y su favor para acoger su Gracia. Incluso la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María fue expresión de este gran concepto. El “alégrate”, expresa la concreción de la felicidad ya que en ella se realiza la plenitud de su Gracia, pues Dios ha obrado maravillas en María. Esa plenitud de su Gracia es porque Dios la ha favorecido librándola del pecado original y dado todas las virtudes y dones para agradar a Dios.

Y tanto le conoce y agrada a Dios, que puede interceder por nosotros para que podamos recibir los favores divinos con mayor facilidad. Alégrate María, porque todo lo que ocurrió contigo es obra de Dios, un gran milagro de la vida para la humanidad entera, pues “no hay nada imposible para Dios” (Lc 1,37). María se siente traspasada por el Amor de Dios y responde con humildad que es “servidora del Señor”, su esclava, que está totalmente disponible para recibir y dar su Amor a la humanidad.

El nombre del niño es dado desde el cielo, porque la misión que cumplirá en el mundo viene de Dios, se llamará Jesús, es decir, el Señor Salva. María no llega a dudar como Zacarías, pero pregunta si cómo sucederá ser Madre ya que ella es Virgen. Estaba ya comprometida en matrimonio con José, pero todavía no vivían juntos. Y cuando se le dice que el Espíritu Santo es quien descenderá sobre ella, se muestra dócil, dependiente y entregada totalmente, por ello, se dice a sí misma “servidora del Señor”. El sí de María será fundamental para la concreción de la obra de salvación. Es maravilloso constatar que la voluntad de Dios se encuentra con la dócil voluntad humana de María. Sabemos que para ella la situación era muy complicada, difícil, arriesgada y súper peligrosa, pero se cumple la Palabra de Dios en todo esto; si para los hombres es imposible, para Dios, sin embargo, todo es posible. María comprendió que, si Dios le pide, aunque Ella no pueda, Él la capacitará para responder a la misión encomendada. Y si Él pide también es porque sabe que a quien pide no le fallará. La plenitud de gracia que hallamos en María Santísima nos dará todas las gracias que necesitemos para responder con fidelidad a la misión de la Divina Providencia que nos encomendó. Nuestra respuesta debería ser humilde, libre pero sostenida y permanente a la voluntad de Dios. Si está llena de Gracia, nos podría conceder todo lo que necesitemos, pues es la Medianera de todas las gracias.

Lo único que nos queda decir es gracias a Dios por el sí de María y por su confianza plena a la voluntad del Señor. María queda desconcertada ante los piropos que le dirigía el Ángel, pero es sobre todo por su suma humildad, quien se considerara indigna de tal merecimiento. Aunque es la humildad de María lo que sedujo el corazón de Dios para favorecerla con tanta alegría en concretar en Ella Su Amor misericordioso.

La disponibilidad a Dios se encuentra en la voluntad de asumir las necesidades del prójimo. Todo esto sin clamor y sin ostentación, sin buscar un puesto de honor, sin publicidad, porque la caridad y las obras de misericordia no necesitan ser exhibidas como un trofeo. Las obras de misericordia se hacen en silencio, en secreto, sin jactarse de hacerlas. También en nuestras comunidades estamos llamados a seguir el ejemplo de María, practicando el estilo de discreción y ocultación. Que la fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios, en donde María dijo Sí, nos ayude a hacer de toda nuestra vida un “sí” a Dios, un “sí” lleno de adoración hacia Él y de gestos cotidianos de amor y de servicio. Pero, sobre todo, un Sí a la vida desde su concepción, durante todo su desarrollo y hasta su muerte natural. Imploramos todas las bendiciones para los hermanos que están ante la adversidad de la enfermedad y los sinsabores de este tiempo..

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