Día 25 De camino en la Cuaresma 3ª Semana

La Oración nos fortalecerá en los días aciagos

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

ORACIÓN INICIAL

Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de las cosas terrenas y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Para meditar mientras hacemos nuestro camino de Fe

Originalmente de: https://haciadios.com/

Al llegar a la oración muchas veces buscamos presentarnos ante Dios con un corazón perfecto, sin heridas ni remiendos. Pensamos que primero tenemos que arreglarlo para luego poder amarle y olvidamos que  la perfección está en el amor, no en la “perfección del corazón” y que nuestra relación con el Señor no parte de nuestra fidelidad sino de la suya.

Así hay que aprender a quitar muchos muros de piedra alrededor de nuestro corazón. Esta es la verdadera libertad espiritual, la madurez profunda del alma que vive para Dios. Desde su debilidad, experimenta la más alta expresión del amor de Dios: su misericordia.

Al caer los muros, nuestras defensas, exponemos ese corazón de carne. Sin esta experiencia vivencial de la misericordia, estaríamos incompletos en nuestro amor a Dios porque no lograríamos comprender que lo que Él desea es que le entreguemos ese corazón de carne, que late, está vivo, busca, llora, ríe y ama.

Ese corazón humano limitado, no un corazón espiritualizado, idealista, casi perfecto, ese que quisiéramos tener algún día, para entonces sí, amar a Dios.

Recordemos la parábola de la oveja pérdida. Dios sale en su búsqueda, quiere su corazón herido, lastimado, imperfecto, ese que teme, que quisiera querer pero no se atreve. El que a veces se esconde en los placeres del mundo, en la búsqueda de un Dios que no existe en la vanidad, en la soberbia ni en la sensualidad. Es ese el corazón que quiere rescatar Dios. No se lo ocultes, tus heridas son las puertas por donde Él va a entrar. Ámalo con un corazón de carne, herido y déjale que entre y te sane. No quieras el regalo perfecto, no existe el corazón sin heridas. Ni siquiera el de Cristo estuvo libre de heridas, pues fue traspasado.

Meditemos el Mensaje de Hoy

Adaptación Del Libro de Oro (Agustín del Divino Corazón) Escucha este mensaje Aquí en el siguiente video:

La Oración nos fortalecerá en los días aciagos

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