Día 28 De camino en la Cuaresma 4ª Semana

La Prudencia nos hace sabios

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Madre de la Misericordia, tu corazón bondadoso rebosa de clemencia, por ello te imploro que me obtengas el perdón por los muchos males que he hecho, y también, ¡oh Madre! enséñame a perdonar como que ante tantos males que te hicieron, hasta arrebatar de lado a tu divino Hijo, siempre respondiste con el más magnánimo perdón. Amén.

Para meditar mientras hacemos nuestro camino de Fe

Originalmente de: https://haciadios.com/

Los principales profetas de Israel narran la alianza de Dios con su pueblo. Él les promete entregarles la Tierra Prometida, la purificación de sus pecados, una descendencia que perdure por siempre, la Ley que regirá sus corazones… pero sobre todo, les promete su cercanía, su paternidad divina: “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

Somos suyos, obra de sus manos, hijos en su Hijo. ¿No debería llenarse nuestro corazón de alegría? En el desierto de nuestra vida, enfrentados a múltiples dificultades, parecemos olvidar que tenemos un Padre que nos ama, que Él nos ha prometido el cielo y para abrirnos sus puertas envió a su Hijo Jesucristo.

¿Qué dudas podemos tener cuando somos testigos de que Cristo resucitó, está vivo y presente entre nosotros? ¡Tenemos que creer! Y la fe es un regalo de Dios, un don que tenemos que pedir todos los días. Pedirlo con humildad, con mucha confianza en que Dios no los negará. Especialmente en el desierto, cuando tenemos frío, hambre, sed y todo nos parece difícil.

Es en ese momento cuando la fe se hace más necesaria y cuando el eco del “Yo seré tu Dios” tiene que tocar lo más hondo de nuestro corazón. Actualizar esa promesa es la misión de este desierto de la fe. Cada uno de nosotros sabe cómo Dios está actualizando esa promesa en nuestra vida. La oración hecha con confianza mientras caminamos en el desierto de la fe nos dará la seguridad de que Él camina a nuestro lado, nos defiende, prepara el camino y nos protege de todo mal.

Despréndete de todo, sigue caminando en la fe a través de este desierto y escucha en tu interior: “Yo soy tu Dios. Soy tu Padre. Te amo”.

Meditemos el Mensaje de Hoy

Adaptación Del Libro de Oro (Agustín del Divino Corazón) Escucha este mensaje Aquí en el siguiente video:

La Prudencia nos hace sabios

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