Reflexión al Evangelio Miércoles 30 de marzo 2022/ «Misionando Con Amor» 4 cta. Semana del Tiempo de Cuaresma

“Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo.”

Mi oración sube hasta ti, Señor, en el momento favorable; respóndeme, dios mío, por tu gran amor, sálvame, por tu fidelidad. Sal 68, 14

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (5,17-30)


“Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo

Jesús dijo a los judíos: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”. Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: “Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados. Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere. Porque el Padre no juzga a nadie: Él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en Aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre tiene la vida en sí mismo, del mismo modo ha concedido a su Hijo tener la vida en sí mismo, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de Aquel que me envió”. Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

MEDITACIÓN

Alcanzamos esa vida cuando escuchamos su Palabra y actuamos haciendo obras de bien; ahí está el juicio

Lo primero que encontramos es que Jesús está siendo acusado por quebrantar el sábado. Como dijimos ayer: Luego se da un tema dramático porque la curación se realizó en día sábado. En ese día no se podía llevar nada de peso, a lo que el paralítico eludió la responsabilidad diciendo que quien lo había curado le pidió que hiciera eso.  Precisamente es lo que los judíos buscaban, encontrar a Jesús curando en sábado, pues eso estaba absolutamente prohibido. Es acusado de quebrantar el sábado y se encuentra en una vieja controversia judía. Pues en Gén 2,2-3 dice que Dios descansó el sábado, pero también tener en cuenta que es Dios quien sostiene el universo, está siempre activo. Es lo difícil de discernir, ¿cómo compaginar su actividad incesante y su observancia del sábado?

Entonces la solución sería que no se podría referir una obra en sábado de igual forma a Dios y a los hombres. Por tanto, lo que dice Jesús es correcto, mi Padre no ha cesado de trabajar, por eso Yo tampoco puedo dejar de trabajar. En el fondo, Jesús está diciendo, no se puede comparar cualquier acción de un médico, con la acción que Yo estoy haciendo al curar a este paralítico (se saca como conclusión su divinidad). Si el evangelista había dicho que “el Verbo se hizo carne”, ya nos indica el concepto cristológico de fondo. Al ser Jesús Dios, cualquier palabra que diga, es acción a la vez, porque al decir algo, sucede en la realidad, su Palabra es viva y eficaz. Como Dios nunca deja de trabajar, nunca deja de hacer el bien, y como Jesús es Dios, nunca puede dejar de trabajar, de hacer el bien.

Los oponentes de Jesús entendieron perfectamente lo que dijo, pues llamó a Dios “su” Padre, es decir, se equiparó a Dios. No podían entender cómo si él es un hombre corriente como los demás se estén igualando a Dios. Pero como ya nos adelantó el evangelista al inicio en el prólogo: “El verbo de Dios se hizo carne” (Jn 1,14), lo que se explicita en donde dice que el Hijo no desarrolla actividad alguna sin el Padre. Porque el Hijo es obediente a la voluntad del Padre. Sus acciones reflejan las acciones de Dios, a quien hace visible entre los hombres. Atención, pero esto no significa una limitación a su filiación divina o a la divinidad el Hijo, pues entre el Padre y el Hijo hay relaciones mutuas de amor y el Padre ha comunicado al Hijo cuanto Él es y tiene. Esa comunión entre el Padre y el Hijo alcanza el centro de la esperanza judía: la resurrección y la vida. Jesús está diciendo que la resurrección y la vida comienzan ahora. Sólo que están condicionadas por la actitud que el hombre mantenga frente a Él; el que escucha mi Palabra tiene la vida eterna, no es juzgado, pasó de la muerte a la vida. Todo lo que se reservaba para Dios, Jesús está diciendo de Sí; lo que los judíos hablaban del futuro, ya se está dando en la realidad, ya está presente y operante, aunque la futuridad no queda eliminada, pero será ya no novedad plena sino consumación de lo que ya están viendo y oyendo. La muerte perdió su eficacia destructora por la presencia de la vida, por la Palabra de Jesús que da Vida. “Los muertos oirán su voz”: La voz del Hijo de Dios dará vida a los muertos en el último día, aunque también durante su ministerio terreno y actualmente sigue dando vida. Los muertos no son quienes mueren físicamente (ciertamente también puede ser, pero no es lo fundamental), sino los que mueren espiritualmente y pueden recibir la vida por la Palabra del Maestro. Porque los que escuchan su Palabra y creen, tienen vida eterna, por eso para éstos la experiencia del juicio de la muerte ya no cuenta.

Lo que se está diciendo es que para quienes escuchan y creen ya no hay condenación, como lo expresa san Pablo para quienes son justificados por la fe (cf. Rom 8,1). Entonces, ya ha comenzado la vida que se esperaba para ellos en el futuro. No hay que temer al juicio dado por Jesús, porque siempre se ajusta a la voluntad del Padre. Tengamos presente que el Padre permanentemente recrea su obra y el Hijo siempre está salvando (aunque entiéndase que todas las personas de la Santísima Trinidad actúan al mismo tiempo en cada acción, si bien se determine mejor una acción para una de las Personas divinas). Tanto el Padre como el Hijo siempre trabajan para que tengamos vida. Alcanzamos esa vida cuando escuchamos su Palabra y actuamos haciendo obras de bien; ahí está el juicio, que se relaciona con la misericordia compartida con los pobres: “Todo lo que han hecho con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (cf. Mt 25,31-46).

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