Reflexión al Evangelio Lunes 4 de abril 2022/ «Misionando Con Amor» 5to. Lunes del Tiempo de Cuaresma                                  

“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida”

Conmemoración de san Isidoro, Obispo y Doctor de la Iglesia

Ten piedad de mí, Señor, porque mis enemigos me asedian y combaten contra mí..

Sal 55, 2-3

Evangelio de hoy y Lecturas del día, lunes 4 de abril de 2022

Audios originales de:

Primera lectura de hoy

Del libro de Daniel
Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

1 Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín. 2 Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Helquías, que era muy bella y temía a Dios, 3 pues sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. 4 Joaquín era muy rico, tenía un jardín al lado de su casa; muchos judíos venían a su casa porque era el más respetado de todos. 5 Ese año habían elegido como jueces a dos ancianos del pueblo, de los cuales ha dicho el Señor: «La injusticia se manifestó en Babilonia por medio de los ancianos, de jueces que querían hacerse pasar por jefes de mi pueblo». 6 Esos hombres frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían un litigio venían a verles.

7 Cuando al mediodía ya todo el mundo se había ido, Susana iba al jardín de su marido para pasearse en él. 8 Los dos ancianos que la veían diariamente entrar y pasearse, comenzaron a desearla; 9 perdieron por ella la cabeza, dejaron de mirar al Cielo y se olvidaron de sus justas sentencias.

15 Mientras estaban al acecho de una ocasión favorable, entró Susana en el jardín como lo había hecho siempre, acompañada solamente por dos sirvientas. Hacía calor y quería bañarse. 16 No había nadie más en el jardín fuera de los dos ancianos que se habían escondido y que la observaban. 17 Susana dijo a las muchachas: «Tráiganme óleo y perfumes y cierren la puerta del jardín para que pueda bañarme».

19 Apenas salieron las sirvientas, los ancianos se levantaron y corrieron donde Susana. 20 Le dijeron: «Las puertas del jardín están ahora cerradas, nadie nos ve y estamos locos de ganas por ti, acepta pues entregarte a nosotros. 21 Si no, atestiguaremos en tu contra, diremos que estaba contigo un joven y que por eso despachaste a las muchachas».

22 Susana suspiró y dijo: «La angustia me cerca por todas partes; preferiría la muerte antes de hacer tal cosa, y de no hacerla, no me escaparé de las manos de ustedes. 23 Pero es mejor para mí caer inocentemente en las manos de ustedes que pecar en presencia del Señor».

24 Entonces Susana lanzó un fuerte grito, pero los dos ancianos gritaron también en contra de ella, 25 y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín. 26 Al oír los gritos del jardín, los sirvientes de la casa llegaron corriendo por la puerta de atrás para ver lo que estaba pasando. 27 Los ancianos se pusieron a dar explicaciones, y los sirvientes quedaron muy confundidos, porque nunca habían oído decir semejante cosa con respecto a Susana.

28 Al día siguiente, cuando se reunió el pueblo en casa de Joaquín, marido de Susana, llegaron los dos ancianos con el corazón repleto de intenciones criminales contra Susana; estaban decididos a condenarla a muerte. 29 Delante de todo el pueblo dijeron: «Vayan a buscar a Susana, hija de Helquías, la mujer de Joaquín». Fueron a buscarla inmediatamente. 30 Llegó junto con sus padres, sus hijos y su familia.

33 Todos sus parientes lloraban, como también todos los que la veían.

34 Entonces los dos viejos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron sus manos en la cabeza de ella. 35 Susana lloraba volviendo su rostro al cielo, ponía su confianza en Dios.

36 Los viejos pidieron la palabra: «Mientras nosotros paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró con dos sirvientas. Cerró las puertas del jardín y dijo a las muchachas que se fueran. 37 Entonces un joven que estaba escondido se acercó a ella y pecó con ella. 38 Nosotros estábamos en un extremo del jardín y cuando vimos ese escándalo, corrimos donde ellos y los vimos acostados juntos. 39 Pero no pudimos agarrar al joven porque tenía más fuerza que nosotros. Después que abrió las puertas, salió huyendo. 40 Pero a ésta la detuvimos y le preguntamos quién era ese joven, 41 pero no quiso decírnoslo. Somos testigos de todo eso».

41 Como eran ancianos y jueces del pueblo, la asamblea creyó en sus palabras y la condenaron a muerte. 42 Entonces Susana gritó con fuerza: «¡Dios eterno, tú que conoces los secretos y que conoces todo antes de que suceda, 43 tú sabes que han levantado contra mí un falso testimonio y que ahora muero inocente de todo lo que esos miserables han planeado contra mí!»

44 El Señor oyó la voz de Susana. 45 Mientras la llevaban al lugar de la ejecución, Dios despertó el espíritu santo en un joven llamado Daniel, 46 quien gritó fuerte: «¡Soy inocente de la sangre de esta mujer!» 47 Todo el mundo se volvió hacia él y le dijeron: «¿Qué es lo que nos dices?» 48 Y él, parándose en medio de todos, les dijo: «¿Por qué son tan torpes, hijos de Israel? ¡Ustedes han condenado a una hija de Israel sin haberla juzgado y sin conocer la verdad! 49. Vuelvan al tribunal, porque han presentado un falso testimonio en su contra».

50 Todos se apresuraron en volver al juzgado y los ancianos dijeron a Daniel: «¡Ven, siéntate con nosotros y dinos lo que piensas, porque Dios te ha dado la sabiduría de los ancianos!» 51 Daniel les dijo: «Separen a los dos, y yo los voy a interrogar».

52 Cuando estuvieron separados el uno del otro, Daniel llamó al primero y le dijo: «Has envejecido en el mal, y ahora los pecados de tu vida pasada recaen sobre ti. 53 Tu dictabas injustas sentencias, condenabas a los inocentes y dejabas libres a los culpables, siendo que el Señor dijo: No condenarás a muerte al inocente ni al justo. 54 Pues bien, ya que tú la viste, dinos bajo qué árbol los viste acostados juntos». Respondió: «Bajo una acacia». 55 Daniel le dijo: «Tu mentira recae sobre tu propia cabeza y ya ha ordenado Dios a su ángel que te parta por el medio».

56 Lo despachó y ordenó que pasara el segundo, le dijo: «¡Raza de Canaán en vez de Judá! La belleza te hizo perder la cabeza y el deseo pervirtió tu corazón. 57 Así es como se portaban ustedes con las hijas de Israel y ellas, por temor, se entregaban a ustedes, pero una hija de Judá no soportó la miserable conducta de ustedes. 58 Pues bien, dime bajo qué árbol los sorprendiste acostándose juntos». Respondió: «Bajo una encina».

59 Daniel le dijo: «También tu mentira recae sobre tu cabeza; allí está el ángel del Señor esperándote con la espada en la mano para cortarte por el medio y hacerte perecer». 60 Entonces toda la asamblea gritó a una sola voz: ¡bendigan al Señor porque salva a los que esperan en él!

61 Después se volvieron donde los dos ancianos a los que Daniel había convencido de falso testimonio con sus propias palabras; les aplicaron el mismo castigo que en su maldad habían planeado contra su prójimo. 62 Se aplicó la ley de Moisés: fueron condenados a muerte y ese día se salvó la sangre inocente.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
Salmo responsorial del día
Sal 22, 1b-3a. 3bc-4. 5. 6

R/. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mí copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (8,12-20)

“Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale

Jesús dirigió la palabra a los fariseos, diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida”. Los fariseos le dijeron: “Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale”. Jesús les respondió: “Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie, y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió. En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está tu Padre?”. Jesús respondió: “Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre”. Él pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

MEDITACIÓN

hace que cada discípulo sea la luz enviada al mundo para iluminar cualquier situación con la Palabra viva

“Yo soy la luz del mundo”, es la continuación de las controversias suscitadas con motivo de las fiestas de los Tabernáculos, que se interrumpió con la narración de la mujer adúltera. En el AT y en muchas religiones la luz se utiliza para describir las fuerzas del bien, y las tinieblas para describir las fuerzas del mal. Según las Sagradas Escrituras, Dios es el creador de todo, tanto las tinieblas como la luz se originan en Él. Cuando la palabra “luz” se utiliza refiriéndose a Dios, no se describe su naturaleza sino su actividad a favor del ser humano. Luz como Ley que Dios da al hombre (cf. Sal 119,105; Prov 6,23). También se describe la novedad de los tiempos mesiánicos, con la aparición del Mesías (cf. Mt 4,16; 5,14; Mc 4,21; Lc 2,32).

Recordamos que uno de los ritos principales de la fiesta de los Tabernáculos era encender una gran lámpara en el templo y la procesión nocturna con hachas encendidas. Es el contexto para entender cuando Jesús dice “Yo soy la Luz del mundo”, pues la luz ilumina, y quien sigue a Jesús no anda en tinieblas. La obra de Redención de Cristo ilumina esencialmente la vida humana, para que ya no ande en la oscuridad. En aquel tiempo era necesario como mínimo dos testigos para que un testimonio sea considerado válido. No tenían todo el proceso o protocolo que nosotros tenemos actualmente, donde actúan fiscales, jueces, abogados, testigos, etc. Y como Jesús da testimonio de Sí mismo, no es tenido en cuenta, porque le faltaba otro testigo a su favor.

Los judíos piden una evidencia externa y no son capaces de aceptar una palabra. Es como si alguien perdió su título de propiedad y se acerca a reclamar, pero le piden el documento perdido. ¿Cómo se le puede obligar a que aduzca su título de propiedad si se le perdió? Jesús sabe que viene de Dios y a Dios va, su testimonio implica también el de Aquél que lo ha envidado, que conlleva aceptación o rechazo. Los judíos lo rechazan porque juzgan según la carne, según las apariencias externas. Pero atención, porque Jesús puede juzgarles por su incredulidad.  Y su juicio es valedero porque es el del Padre y el Suyo propio. Le preguntan: ¿Dónde está tu Padre?, cayendo en pedir evidencia externa, presentando una actitud de racionalismo religioso, que quiere probarlo todo con la lógica humana. ¿Dónde está tu Padre? Pero Jesús hablaba de su Padre, es decir, de Dios, invocándolo como testigo; con un equivalente a un juramento solemne, en donde se comprometía al mismo Dios para que salga de garante ante la afirmación que estaba haciendo. Entonces, el otro testigo que Jesús refería tenía una fuerza de un juramento solemne. Esta afirmación de Jesús ponía a sus enemigos en una situación muy difícil, pues era pecaminoso no aceptar una afirmación que llevase el refrendo de un juramento solemne. Lo que pasa es que los judíos no creían que Dios fuese el Padre de Jesús, de ahí que quedaron indiferentes ante las consecuencias que el rechazar el testimonio de Jesús implicaba.

La palabra y autoridad de Jesús se apoyan en su testimonio y en el testimonio del Padre, conforme a los dos testigos que exige la Ley. Lo principal de este pasaje es la autorrevelación de Jesús: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12), dada en el contexto de la fiesta de las Chozas, propiciando la ciudad de Jerusalén iluminada con antorchas para conmemorar la columna de fuego del Éxodo (cf. Éx 13,21-22), y donde Jesús proclama que es la luz del mundo. Él es la luz que brilló en las tinieblas (cf. Jn 1,4-5.8-9); luz cuya presencia posibilita el juicio (cf. Jn 3,19-21) y la que se oculta en la hora de su exaltación en la cruz (cf. Jn 12,35-36.46).

En el evangelio según san Juan el discipulado es caminar hacia la Luz, así como los israelitas que, cuando fueron liberados de la esclavitud de Egipto, fueron caminando siguiendo a Dios, quien los guiaba a la tierra prometida a través de una columna de fuego. Luz que se manifiesta en la Palabra de Dios hecha carne, que hace que cada discípulo sea la luz enviada al mundo para iluminar cualquier situación con la Palabra viva, hecha experiencia de amor ofrecido para la salvación de los hermanos. Ilumina nuestra vida con tu Luz de Amor a fin de que iluminemos con tu Luz la vida de nuestros hermanos.

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