Reflexión al EvangelioViernes 8 de abril 2022/ «Misionando Con Amor» 5ta. Semana del Tiempo de Cuaresma

Aquí tienes a tu madre”

Día penitencial (ayuno o abstinencia).

Santa María junto a la Cruz (la Dolorosa)

Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado; líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. Señor, que no me avergüence de haberte invocado.  

Sal 30, 10. 16. 18 

Audios originales de:

Primera lectura de hoy

Del libro del profeta Jeremías

Jeremías 20, 10-13

10 Yo oía a mis adversarios que decían contra mí: «¿Cuándo, por fin, lo denunciarán?» Ahora me observan los que antes me saludaban, esperando que yo tropiece para desquitarse de mí.

11 Pero Yavé está conmigo, él, mi poderoso defensor; los que me persiguen no me vencerán. Caerán ellos y tendrán la vergüenza de su fracaso, y su humillación no se olvidará jamás.

12 Yavé, Señor, tus ojos están pendientes del hombre justo. Tú conoces las conciencias y los corazones, haz que vea cuando te desquites de ellos, porque a ti he confiado mi defensa.

13 ¡Canten y alaben a Yavé, que salvó al desamparado de las manos de los malvados!

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

Salmo responsorial del día

Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7

R/. En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (19,25-27)

“Mujer, aquí tienes a tu hijo

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre, con su hermana María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

MEDITACIÓN

Jesús creará un nuevo vínculo entre ellos, extendiendo la maternidad de María a todo aquel que se hace discípulo”

“María sufrió indecibles penas y fue traspasada en el alma por una espada de dolor para ser misericordiosa. Su martirio fue el más largo, porque siempre contemplaba en su espíritu la pasión de su hijo y el pecado, causa de tal pasión (…). Su martirio fue el más penoso, pues nacía de amor al hijo, a Dios, a las almas. Y cuanto más amaba tanto más dolor recibía; y cuanto más se encendía el fuego de la caridad, tanto más la espada del dolor penetraba en su alma. Su dolor fue universal. Cada una de las penas de Jesús se reflejaba en el corazón de María: los clavos, las espinas, los azotes, la traición, el abandono. Todos los pecados de los hombres en su número y malicia se reflejaban en su corazón” (P Santiago ALBERIONE, Beato, citado en: La Liturgia Cotidiana, San Pablo, Paraguay, 26/03/2021, pág. 77). En Paraguay, tierra de María, todos le tenemos a la Virgen como nuestra Madre, que sufre por cada paraguayo, intercediendo para estar en comunión con su Hijo.

Juan presenta fantásticamente este cuadro cuyo centro es Jesús en la cruz, incluso diríamos, de modo artístico. Cuando tengan la oportunidad pueden ir a mirar el retablo de la parroquia san Pedro y san Pablo, del barrio Mburicaó -Asunción-, conocido como barrio River Plate. Ese retablo expresa excelentemente el encuentro de María a los pies de la cruz de Jesús, conjuntamente con Juan, el discípulo a quien Jesús amaba tanto. La escena refleja el texto bíblico: “contemplarán al que traspasaron” (Jn 19,37), pues siempre es Jesús al centro de toda la interpretación del misterio. Ciertamente el Jesús presentado en ese retablo está abriendo los ojos, levanta la cabeza, desprendiéndose una parte de la cruz, para indicar que es el mismo quien Murió, el que Resucitó; Él está Vivo y nos mira a todos quienes entramos en la escena en la contemplación. Por sus heridas hemos sido sanados, por sus Llagas nos consuela y nos comunica todo su amor. Nos ama tanto, hasta sangrar por cada uno de nosotros.

En el relato de hoy se encuentran cuatro soldados y cuatro mujeres, probablemente éstas son mencionadas porque son creyentes, contrastando la presencia de los soldados, quienes no creen, y con ellos el discípulo amado. Después de las bodas en Caná de Galilea, aparece en la escena de vuelta María, ante la cruz, es decir, al principio y al final de su ministerio público. En esa oportunidad en las bodas, Jesús expresa que todavía no ha llegado su hora de manifestarse como Mesías, pero Ella dice a los servidores “hagan todo lo que Él les diga” (Jn 2,5), indicándoles que siempre deben escuchar a su Hijo. Ciertamente la hora de Jesús se va concretando en el otro encuentro que tiene con su madre, junto a la Cruz, que al mismo tiempo es la hora de su Madre; pensemos en la tristeza de una madre, ella sabe la decisión de su Hijo: hacer la voluntad de su Padre para la vida del mundo. Llama la atención que en las dos ocasiones Jesús se dirige a su Madre llamándola “mujer” y no le dice madre, como le tendría que llamar. ¿Por qué será? Podría ser porque quiere presentarla como la mujer muy unida al Salvador para concretar la obra de la redención. La mujer que aparece en el Génesis 3,15: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya: ella te herirá en la cabeza, pero tú sólo herirás su talón”; y en el Apocalipsis 12,1-5: “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (…). Entonces apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada una de sus siete cabezas (…). Y el dragón se puso al acecho delante de la mujer que iba a dar a luz, con ánimo de devorar al hijo en cuanto naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro, el cual fue puesto a salvo junto al trono de Dios”.

A Juan le dice: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27); desde una preocupación humana por su madre, habrían bastado esas palabras y no dirigirse también a ella: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). Cuando llegue la hora de Jesús, y llega justo en este momento en la cruz, saltará la relación peculiar entre Él y ella, mucho más fuerte que la relación simplemente físico generacional (de sangre). El afecto y relación maternal se centrará en aquellos por quienes su Hijo estará entregando su vida (que son sus seguidores): es la maternidad espiritual de María. Así, María pasa a ser Madre de todos los discípulos de Jesús de todos los tiempos. Esta dimensión de aquella “mujer” se ilumina desde el discípulo amado. En la teología de san Pablo encontraremos desarrollada esta propuesta, donde se les llama hermanos de Cristo a los creyentes, pues se participa de su filiación. Nos unimos a la vida de Cristo y participando de su vida llegamos a ser hijos del Padre, por tanto, en ese sentido somos hermanos de Jesús y al ser sus hermanos, le tenemos a Su Madre, también como la nuestra.

Junto a la cruz hay un pequeño grupo de hombres y mujeres que acompaña al Maestro y Amigo, pues no se puede abandonar a quien forma parte de sus vidas. Casi todos lo han abandonado condenándolo, otros, por temor a las persecuciones. Allí Jesús creará un nuevo vínculo entre ellos, extendiendo la maternidad de María a todo aquel que se hace discípulo. Todos los que invocamos a María como Madre nos reconocemos como parte de esta familia nacida en la Pascua. Somos de la familia de Dios y Ella siendo Madre de Dios y Madre nuestra nos acompaña noche y día, nos mima y procura por nuestra conversión. A Ella le duele los graves pecados que cometemos, le duele si no hay arrepentimiento y conversión. Llora profundamente por la condena injusta a su Hijo, y siente una gran herida en su corazón por las heridas que dejaron los clavos en el cuerpo de su Hijo. Hoy, más que nunca, Ella nos acompaña en el vía crucis todos los días de cada persona. En estos tiempos de incertidumbre y adversidad, llora porque muchos están distraídos en superficialidades y no centran su mirada donde deben hacerlo: en Hijo Muerto y Resucitado.

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