Lectio Divina Reflexión al Evangelio Viernes de la Octava de Pascua «Misionando Con Amor»

“Vengan a comer.” 

El Señor hizo salir de Egipto a su pueblo y lo llevó por un camino seguro; el mar sepultó a sus enemigos.3 

Aleluia. Sab 77, 5

Audios originales

Primera lectura de hoy

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

Hechos 4, 1-12

En aquellos días, 1 Pedro y Juan estaban hablando al pueblo, cuando se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos; 2 toda esa gente se sentía muy molesta porque enseñaban al pueblo y afirmaban la resurrección de los muertos a propósito de Jesús. 3 Los apresaron y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues ya estaba anocheciendo. 4 Pero muchos de los que habían oído la Palabra creyeron, y su número llegó a unos cinco mil hombres.

5 Al día siguiente, los jefes de los saduceos se reunieron con los ancianos y los maestros de la Ley de Jerusalén. 6 Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Jonatán, Alejandro y todos los que pertenecían a la alta clase sacerdotal. 7 Mandaron traer a Pedro y Juan ante ellos y empezaron a interrogarles: ¿Con qué poder han hecho ustedes eso? ¿A qué ser celestial han invocado?

8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y Ancianos: 9 Hoy debemos responder por el bien que hemos hecho a un enfermo. ¿A quién se debe esa sanación? 10 Sépanlo todos ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre que está aquí sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno, al que ustedes crucificaron, pero que Dios ha resucitado de entre los muertos. 11 Él es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, y que se ha convertido en piedra angular. 12 No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre por el que debamos ser salvados.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

Salmo responsorial del día

Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a

R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (21, 1-14) 

“JESÚS SE ACERCÓ, TOMÓ EL PAN Y SE LO DIO, E HIZO LO MISMO CON EL PESCADO. 

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: Eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti Señor Jesús

MEDITACIÓN

“LA MISIÓN Y LA CAPACIDAD DE LA IGLESIA DE REUNIR A TODA LA HUMANIDAD INCLUSIVE, BUSCANDO SOBRE TODO SU UNIDAD 

Otra aparición de Jesús a orillas del lago, no estuvieron todos, pero sí un buen número de ellos, y Pedro, el líder, a quien todos seguían, particularmente cuando dijo que iba a pescar. Así como Pedro, el Pedro que estuviere a la Cabeza de la Iglesia, siempre ejercerá el liderazgo para cumplir con la voluntad de Dios, como lo hicieron los papas que fueron pasando a lo largo de la historia. Se nos pedirá siempre en la Iglesia católica fidelidad de Dios a través de la jerarquía y el Magisterio oficial, que nos dan luces y orientaciones en la vida de cada tiempo y cultura. “Tiren la red a la derecha de la barca”: Los apóstoles toda la noche estuvieron procurando pescar algo, y no sacaron nada, con mucho esfuerzo no tuvieron fruto, se retiran cansados y desilusionados, ya que son ellos los que mejor conocen lo que deben hacer para la pesca siendo esa su profesión.  

Entra en contacto el Señor, pidiéndoles que tiren la red al otro lado. Seguramente se estuvieron preguntando, quién es este que nos quiere enseñar qué hacer o cómo pescar, ya que ellos son los expertos en esa faena. Pero obedecieron, y el resultado fue la abundancia. Notablemente nos muestra que si somos obedientes a la Palabra de Dios vienen las bendiciones y eso es sinónimo de abundancia (que no necesariamente tiene que ser cosas materiales). Tuvieron un resultado inimaginable que les hizo regresar a lo esencial: al Señor y seguirlo en fidelidad. 

La escena que recoge esta pequeña sección tiene lugar en Genesaret. Un grupo de pescadores galileos, discípulos de Jesús, después del fracaso del esfuerzo nocturno en sus faenas de pesca, logran una captura extraordinaria lanzando sus redes hacia el lugar que les indicó un desconocido desde las orillas del lago (cf. también Lc 5,1-11). Los protagonistas son Jesús y Pedro, éste se afana más en la pesca y no consigue resultados, y el discípulo amado Juan, quien fue el primero que lo reconoció en el desconocido de la orilla del lago. Luego de la pesca se narra el compartir una comida de los discípulos con el Resucitado. 

La escena tiene un simbolismo con el que el evangelista quiere manifestar una enseñanza. Si menciona el número de peces, estemos seguros que no lo hace por satisfacer la curiosidad del lector o precisar una simple cantidad. Si quería expresar algo muy extraordinario, hubiese recurrido al número redondo que siempre es más impresionante. El número 153 resulta de la suma de todos los números desde el 1 al 17, de esta forma: 1 + 2 + 3 + 4 + 5…+ 17: 153. Por otra parte, el 17 se compone de la suma de 10 + 7 y estos dos números, cada uno de por sí, significan una totalidad perfecta. Por ello, la cantidad indicada, 153, debe ser entendida como símbolo de la totalidad de algo, que puede ser totalidad de la humanidad, totalidad de la Iglesia, la Iglesia en relación con toda la humanidad.  

Otra precisión que nos presenta el autor: “Y con ser tantos, no se rompió la red”. Si los peces deben significar la totalidad de los pueblos que deben llegar a la fe, a la Iglesia, y la red no se rompe, este hecho debe simbolizar la unidad de la Iglesia, por ello Jesús dice: “Los haré pescadores de hombres” (Mc 1,17). 

Pedro lo había negado tres veces, se arrepintió y muestra acá que su amor está vivo por Jesús por la reacción que tiene de lanzarse al agua, aunque quien lo reconoce primero es el discípulo amado (cf. Jn21,7a), es decir, para poder reconocerlo se lo debe amar con locura. Acá no se pone énfasis en el número de peces solamente, sino que a pesar de ser tantos y muy grandes, la red no se rompe, simbolizando la misión y la capacidad de la Iglesia de reunir a toda la humanidad inclusive, buscando sobre todo su unidad. La presencia del Resucitado anima, levanta, empuja, promueve, da esperanza.  

San Juan Crisóstomo había dicho que “a Dios no le importa tanto tu trabajo sino tu obediencia”, indicando que no es lo más importante encarar sólo con las propias cualidades o talentos, aunque necesarios también, sino inundarse de la Gracia de Dios, escuchando su Palabra y obrando en conformidad. Echar las redes no con nuestras fuerzas sino en el Nombre del Señor, quien sabe el momento y la manera para obtener los mejores resultados. Si lo hacemos sólo con nuestras fuerzas, podemos terminar en el fracaso, sin embargo, con la fuerza de Dios, y siendo su obra, todo será según su Voluntad.. 

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