Lectio Divina Reflexión al Evangelio Miércoles de la Segunda Semana en Pascua «Misionando Con Amor»

“Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella.”

Santo Toribio de Mogrovejo, Obispo (MO). Patrono del Episcopado Latinoamericano

Cuidaré de mis ovejas, dice el Señor, y suscitaré un pastor que las apaciente: Yo, el Señor, seré su Dios. Aleluia.  

Ez 34, 11. 23-24

Audios originales

Del libro de los Hechos de los Apóstoles
Hechos 5, 17-26


En aquellos días, 17 el sumo sacerdote y toda su gente, que eran el partido de los saduceos, decidieron actuar en la forma más enérgica. 18 Apresaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. 19 Pero un ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel durante la noche y los sacó fuera, diciéndoles: 20 «Vayan, hablen en el Templo y anuncien al pueblo el mensaje de vida.» 21 Entraron, pues, en el Templo al amanecer, y se pusieron a enseñar. Mientras tanto el sumo sacerdote y sus partidarios reunieron al Sanedrín con todos los ancianos de Israel y enviaron a buscar a los prisioneros a la cárcel. 22 Pero cuando llegaron los guardias no los encontraron en la cárcel. Volvieron a dar la noticia y les dijeron: 23 «Hemos encontrado la cárcel perfectamente cerrada y a los centinelas fuera, en sus puestos, pero al abrir las puertas, no hemos encontrado a nadie dentro.» 24 El jefe de la policía del Templo y los jefes de los sacerdotes quedaron desconcertados al oír esto y se preguntaban qué podía haber sucedido. 25 En esto llegó uno que les dijo: «Los hombres que ustedes encarcelaron están ahora en el Templo enseñando al pueblo.» 26 El jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia, porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

Salmo responsorial

Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9


R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.



Del santo Evangelio según San Juan
Juan 3, 16-21

16 ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18 Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. 21 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.»

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

“Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes

“Toribio nació en España y fue el segundo arzobispo de la arquidiócesis de Lima desde el año 1589 hasta su muerte, en 1606. La arquidiócesis de Lima abarcaba en aquellos años prácticamente toda la América de habla española, desde Panamá hasta el Río de la Plata. Fue un pastor infatigable, recorrió a pie y a caballo su diócesis y aprendió los idiomas indígenas para llevar la Buena Noticia. Convocó numerosos sínodos y concilios para organizar la tarea evangelizadora, publicó catecismos, sermonarios y directivas para la confesión, y fundó el primer seminario de formación para sacerdotes de América Latina” Es patrono de los obispos latinoamericanos.

(La Liturgia Cotidiana, San Pablo, Paraguay, 27/04/2022, pág. 100).

Probablemente la frase más importante del Evangelio según san Juan, de manera clara y contundente es el amor de Dios como la causa última, verdadera y determinante de la presencia de su Hijo acá en el mundo. La intención última de Dios, que mueve a que su Hijo se encarne por el Amor que brota de Él, es la salvación, la vida de sus hijos. Él no vino para condenar, sino para condonar (esto es, para perdonar) a los pecadores que se abren a recibirlo, a acoger su Misericordia en sus vidas. Y si no se abren o no creen en Él, son las personas que se condenan por no haber creído en el Mesías, el Salvador.

Es decir, que Dios entregó a su propio Hijo para que podamos salvarnos. ¿Será que Dios podría haber sido igualmente feliz si no obtuviéramos la salvación? Lo cierto es que envió a su Hijo para que Él sea más glorificado o ensalzado, sino para que nosotros pudiéramos acceder a la verdadera felicidad. Si Dios es eternamente feliz, alegre y bueno, nunca podrá cambiar su forma de ser, porque es Dios, es infinito, es eterno, omnisciente, etc. Por tanto, llegó a hacer todo esto porque nos amó y nos amó con su amor infinito (no puede amar de otra manera) para poder favorecernos con la salvación. Y lo que hizo fue enviar a su Hijo no para condenarnos, sino para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida. Si Dios fue tan amoroso y misericordioso con nosotros, estamos en deuda, motivos sobran para agradecerlo por tanto amor que nos regala, y la mejor forma de agradecerlo es siendo fieles a sus mandatos, aprovechando al máximo todo lo que nos ofrece, porque sabemos que todo lo que nos ofrece será lo mejor para nosotros, ya que no existe nadie en el mundo quien nos amara tanto como Él. Pero atención: Como Dios nos amó tanto, tan infinitamente, puede pedirnos a nosotros que lo amemos con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas. El amor a Dios debería ser total. Y como el amor de Dios Padre impulsó a que entregara a su propio Hijo para que alcancemos la vida, nuestro amor debe impulsarnos a entregarnos totalmente a hacer siempre sólo su voluntad. ¿Estamos dispuestos a entregar nuestra voluntad al Señor y que nos la dé Él a cambio la Suya? ¿Y qué respondamos

con nuestro sí incondicional a las consecuencias de vivir sólo su voluntad? Creo que ahí recién comprenderíamos su verdadero amor. ¿Cuánto le amamos a Dios? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos hasta derramar la sangre si fuere necesario porque le amamos, aunque padezcamos injusticias y persecuciones de distintas layas? Por tanto, Dios no nos pide sólo demostrar sino sobre todo mostrar con nuestra forma de ser que lo amamos total e incondicionalmente.

La presencia de Jesús divide a los seres humanos en dos: los que vienen a la luz, porque se deciden por Dios y por su Evangelio, y los que optan por las tinieblas, rechazando a Dios y a su Enviado Jesucristo. Las obras salen del corazón: de un corazón malo salen malas obras y de un corazón bueno, salen obras buenas. Si la persona obra mal no querrá acercarse a la luz, porque temerá que sus obras sean descubiertas, así como los corruptos o criminales, usan estrategias justamente para ocultar sus malas acciones porque hay mala intención de fondo. Muchos de los corruptos que cumplen funciones públicas o están en el crimen organizado, no tienen en cuenta el gran daño que todo eso genera a tantas personas. Pero lo más triste es que de esa manera se están condenando y arrastrando a otros también a la condenación.

Sin embargo, de un corazón puro, limpio, de buenas intenciones salen buenas obras y buscará siempre a la luz. No hay motivo para ocultar tus buenas obras, a no ser que generará envidia en otras personas. Lo importante es tener el corazón puro haciendo el bien sin mirar a quién. No buscando aplausos ni reconocimientos sino cumpliendo con la voluntad de Dios. El testimonio de vida debe ser manifestado de distintos modos y compartido con los demás, ya Jesús lo dijo: “Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo” (Mt 5,16). Tampoco nos contaminemos de la vanidad, pero las personas tienen el derecho de que les llegue los buenos testimonios que hacen encender tantas chispas de esperanza en corazones rotos y desgarrados en el campo de batalla de la angustia y desesperación. Aprovechemos en este año en poner al centro a la Eucaristía, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, presente permanentemente entre nosotros, diciéndonos así Jesús que está Vivo, y aprender y enseñar a ser adoradores, puros de corazón, para que las secuelas positivas y negativas del covid-19 y en las familias en donde alguien perdió la vida, puedan recibir la Gracia del Amor sacramental y fraterno que brota del Amor desbordante de Dios misericordioso para nosotros.

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