Lectio Divina Reflexión al Evangelio Sábado de la Segunda Semana en Pascua «Misionando Con Amor»

“Soy yo, no teman.”

Ustedes son un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. Aleluia.

1Ped 2, 9  

Audios originales

Del libro de los Hechos de los Apóstoles  

Hechos 6, 1-7

Por aquellos días, como el número de los discípulos iba en aumento, hubo quejas de los llamados helenistas contra los llamados hebreos, porque según ellos sus viudas eran tratadas con negligencia en la atención de cada día. 2 Los Doce reunieron la asamblea de los discípulos y les dijeron: «No es correcto que nosotros descuidemos la Palabra de Dios por hacernos cargo de las mesas. 3 Por lo tanto, hermanos, elijan entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu y de sabiduría; les confiaremos esta tarea 4 mientras que nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la Palabra.» 5 Toda la asamblea estuvo de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, que era un prosélito de Antioquía. 6 Los presentaron a los apóstoles, quienes se pusieron en oración y les impusieron las manos. 7 La Palabra de Dios se difundía; el número de los discípulos en Jerusalén aumentaba considerablemente, e incluso un buen grupo de sacerdotes había aceptado la fe.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

Salmo responsorial del día

Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (6,16-21)


“Ellos quisieron subirlo a la barca, pero ésta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

16 Al llegar la noche, sus discípulos bajaron a la orilla 17 y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a Cafarnaún. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, 18 y empezaban a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba. 19 Habían remado como unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto. 20 Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo.» 21 Quisieron subirlo a la barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Tantas veces Dios permite que luchemos solos contra los sinsabores de la vida, contra situaciones tan complicadas en cualquier tiempo de la historia de la humanidad,”

Después de una breve introducción (cf. Jn 6,1-4), se desarrolla la narración de la multiplicación de los panes y peces (cf. Jn 6,5-15), con el episodio de la caminata sobre el mar y la llegada de la barca a su destino (cf. Jn 6,16-21). Se pueden encontrar esos episodios en los pasajes del Antiguo Testamento, relatando las acciones que Dios realiza con su pueblo, también Jesús lo está haciendo. Al igual que Dios alimenta al pueblo con el maná en el desierto (cf. Sal 78,23-25), Jesús lo alimenta, y también como Dios domina las tempestades y tormentas (cf. Is 27,1; Sal 89,10-11), también Jesús lo hace (cf. Jn 6,20-21). Cuando Jesús dice “Soy yo” (cf. Jn 6,20), recordamos el nombre de Dios de Israel: “Yo soy” (Éx 3,14). Es decir, lo signos y afirmaciones revelan el origen de Jesús: Él es el Hijo de Dios y participa de su poder para liberar a su pueblo, por tanto, si Él está presente, nada hay que temer, pues “sólo Dios basta” (Santa Teresa de Ávila), “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom 8,31).

En este caso se presenta Jesús, que se está reuniendo con sus discípulos, caminando sobre el mar en medio de la oscuridad y un fuerte viento que encrespaba las olas. Lo que nos indica que los apóstoles estaban remando, teniendo viento y marea en contra, sus fuerzas ya estaban al límite, ya estaban totalmente rebasados; porque estaban en la oscuridad tenían mucho miedo y las ráfagas de viento que anulaban todos los grandes esfuerzos que estaban haciendo al remar y la violencia de las olas hacía que la barca no pudiera irse en buena dirección sino se iba a la deriva. Sin Jesús con ellos, más temor todavía tenían, ya que estaban muy unidos al Maestro. Jesús no estaba con ellos porque se quedó a solas a orar en la montaña.

Si miramos con los ojos humanos, diremos que Jesús les abandonó, pero ¿realmente Jesús les abandonó? Jesús no los abandona, desde la montaña ve la tormenta que se avecina y también la angustia por lo que estaban pasando los apóstoles. Lo ve todo desde ahí. Era preciso orar y entregar todo eso porque se realice la voluntad del Padre, y jamás el Padre abandonaría a sus hijos, quienes están implantando su proyecto en esa región. Lo mismo pasa cuando estamos en apuros o angustia o pánico espiritual, el Señor nunca nos abandona, acudirá a nosotros cuando ya nuestras fuerzas no puedan responder, y cuando nos dirigimos a Él de la manera correcta: con humildad, sencillez y con absoluta fe, confiando en su poder y misericordia. Lo notable del caso es que Jesús no acudió junto a sus apóstoles sino ya cerca de la madrugada, tenía intención de que ellos pasaran el peligro y sean conscientes de que necesitan saber pedir ayuda, un ejercicio de humildad para todos. Dios quiere nuestro esfuerzo, que sepamos colaborar y sacrificarnos, pretendía que ellos se organizaran y planificaran para superar el peligro, es decir, que hagamos todo lo necesario que esté a nuestro alcance, de nuestra parte, y nos podamos convencer de que necesitamos de Él, necesitamos de su ayuda, de su Gracia, pues “tu Gracia me basta Señor”. La barca en donde iban los apóstoles representan la imagen de la Iglesia, en tantas ocasiones sacudida por las olas, levantándose los vientos huracanados de las persecuciones de distintas layas, de los testimonios falsos, de las contradicciones de sus enemigos, y también, todos los problemas que debería afrontar de las divisiones internas y falta de unidad que vaya surgiendo a lo largo de la historia. Siempre tuvimos persecuciones cruentas y otras persecuciones más sutiles en cada época de la historia. Hoy día seguimos teniendo condena de tantos inocentes y mártires quienes derraman su sangre por todas partes del mundo, pero otros mártires de la vida cotidiana, que están por todas partes, no viviendo la crueldad de la violencia, pero sí la crueldad de la mentira y de la marginación por ser cristianos.

La Iglesia tantas veces hizo grandes esfuerzos humanos para ir superando situaciones tan complejas y difíciles, que parecían estar a las puertas de un naufragio, pero es en ese momento cuando acude Jesús y se hace presente de otra manera, sacándola de los huracanes y mareas desatadas en contra de Ella, saliendo airosa de un problema más, agregando a la larga lista que ya tiene en su memoria. Es más, difícil que podamos contar todas las tempestades y adversidades que tuvo que sortear en los últimos tiempos.

Lo que suele notarse es que tenemos poca fe los cristianos en determinadas situaciones que debemos afrontar. Recordemos que Dios es Dueño de todo, de nuestra vida y de la historia, por tanto, es necesario confiar absolutamente en Él, y para que así sea, que nos encuentre siempre en estado de Gracia, en comunión plena con Él. Tantas veces Dios permite que luchemos solos contra los sinsabores de la vida, contra situaciones tan complicadas en cualquier tiempo de la historia de la humanidad, esperando de nosotros que estemos luchando hasta lo último que podemos dar de nosotros mismos, pues Dios luego de agotar nuestros esfuerzos, Él vendrá en nuestro auxilio, nos salvará y nos traerá la calma y la paz.

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