Lectio Divina Reflexión al Evangelio Martes de la Tercera Semana en Pascua «Misionando Con Amor»

“Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

La Exaltación de la Santa Cruz (F)

Debemos gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo: en Él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección; por El hemos sido salvados y redimidos. Aleluia. 

Gál 6, 14

Audios originales

Del libro de los Números  

Nm 21, 4b-9

En aquellos días,4b el pueblo de Israel perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!».

Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes».

Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

Salmo responsorial

Sal 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R/. «El Señor es mi pastor, nada me falta» o «No olvidéis las acciones del Señor»

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R/.

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor. R/.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con Él,
ni eran fieles a su alianza. R/.

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R/.

Evangelio de hoy martes 3 de mayo de 2022

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan

“Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

Jn 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: 13 Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

14 De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, 15 para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna.

16 Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna.

17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Dios no nos pide demostrar que lo amamos, sino mostrar con nuestra forma de ser que lo amamos total e incondicionalmente

“En medio del Tiempo Pascual, en muchos pueblos de América Latina se conserva la tradicional fiesta de la Veneración de la Santa Cruz, en la que, en la alegría del Resucitado, los creyentes contemplan en la Cruz un signo de victoria, de amor y de esperanza. En el Paraguay la fiesta de Kurusu Ára toma un color propio que evoca a los nichos familiares, las enseñanzas de los padres y abuelos, la fe recibida con gozo y confianza en Cristo, que se ha hecho compasivo de nuestros dolores, de los dolores del campesino, del marginado, del que con su fe ha logrado salir adelante

(La Liturgia Cotidiana 3/05/2021, pág. 29).

Cuando Jesús dice “renacer de lo alto” está diciendo que se debe dar un salto para nacer del Espíritu, ciertamente un nacimiento nuevo, que no se puede medir por las categorías de la carne que quiere razonar todo sólo con la mente humana, sin dejarse guiar por el Espíritu. El Hijo del Hombre debe ser levantado en la cruz e introducido nuevamente en la Gloria del Padre. Es un llamado a mirar al Cristo alzado en la cruz, y creer en Él, en la victoria del Amor y la Misericordia derramando su sangre por nuestra salvación. El Hijo del hombre debe ser levantado en alto, a la vez alzado en la cruz e introducido de nuevo en la gloria del Padre. Nos recordamos del texto “mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37), en donde se nos pide mirar al crucificado y quien asciende y es glorificado a la diestra del Padre. Es el mismo Jesús, el crucificado, quien lleva consigo impregnado las llagas por donde le traspasaron. Sólo podrá ser salvado quien mire a Cristo, levantado en la cruz, creyendo que es el Hijo de Dios, porque de su costado al salir agua y sangre, es el que nos purificará de todos nuestros pecados.

Probablemente la frase más importante del Evangelio según san Juan, de manera clara y contundente es el amor de Dios como la causa última, verdadera y determinante de la presencia de su Hijo acá en el mundo. La intención última de Dios, que mueve a que su Hijo se encarne por el Amor que brota de Él, es la salvación, la vida de sus hijos. Él no vino para condenar, sino para condonar (esto es, para perdonar) a los pecadores que se abren a recibirlo, a acoger su Misericordia en sus vidas. Y si no se abren, no creen en Él, son las personas que se condenan por no haber creído en el Mesías, el Salvador. Es decir, que Dios entregó a su propio Hijo para que podamos salvarnos. ¿Será que Dios podría haber sido igualmente feliz si no obtuviéramos la salvación? Lo cierto es que no envió a su Hijo para que Él sea más glorificado o ensalzado, sino para que nosotros pudiéramos acceder a la verdadera felicidad. Si Dios es eternamente feliz, alegre y bueno, nunca podrá cambiar su forma de ser, porque es Dios, es infinito, es eterno, omnisciente, etc. Por tanto, llegó a hacer todo esto porque nos amó y nos amó con su amor infinito (es que no puede amar de otra manera) para poder favorecernos con la salvación. Y lo que hizo fue enviar a su Hijo no para condenarnos, sino para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida.

Si Dios fue tan amoroso y misericordioso con nosotros, estamos en deuda; motivos sobran para agradecerlo por tanto amor que nos regala, y la mejor forma de agradecerlo es siendo fieles a sus mandatos, aprovechando al máximo todo lo que nos ofrece, porque sabemos que todo lo que nos ofrece será lo mejor para nosotros, ya que no existe nadie en el mundo quien nos amara tanto como Él. Pero atención: Como Dios nos amó tanto, tan infinitamente, puede exigirnos a nosotros que lo amemos con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas. El amor a Dios debería ser total. Y como el amor de Dios Padre impulsó a que entregara a su propio Hijo para que alcancemos la vida, nuestro amor debe impulsarnos a entregarnos totalmente a hacer siempre sólo su voluntad. ¿Estamos dispuestos a entregar nuestra voluntad al Señor y que nos la dé Él a cambio la Suya? ¿Y que respondamos con nuestro sí incondicional a las consecuencias de vivir sólo su voluntad? Creo que ahí recién comprenderíamos su verdadero amor. ¿Cuánto le amamos a Dios? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos hasta derramar la sangre si fuere necesario porque le amamos, aunque padezcamos injusticias y persecuciones de distintas layas? Por tanto, Dios no nos pide demostrar que lo amamos, sino mostrar con nuestra forma de ser que lo amamos total e incondicionalmente.

Aprovechemos en este año y a través de san José, patrono universal de la Iglesia y de la Eucaristía, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, presente permanentemente entre nosotros, diciéndonos que está Vivo, para aprender y enseñar a ser adoradores y puros de corazón, para que los enfermos con covid-19 y en riesgo de perder la vida, puedan ganar indulgencias (busquemos información al respecto y ayudemos a las personas a recibir esa Gracia que la Iglesia nos favorece), recibir el perdón que brota del Amor desbordante de Dios para nosotros.

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