Lectio Divina Reflexión al Evangelio Jueves de la Tercera Semana en Pascua «Misionando Con Amor»

“Todos serán instruidos por Dios.”

Cantaré al Señor que se ha cubierto de gloria. El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. Aleluia. 

Ex 15, 1-2

Audios originales

Del libro de los Hechos de los Apóstoles  

Hch 8, 26-40

En aquellos días, 26 el Ángel del Señor dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto». 27 El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén 28 y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.

29 El Espíritu Santo dijo a Felipe: «Acércate y camina junto a su carro». 30 Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: «¿Comprendes lo que estás leyendo?». 31 El respondió: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?». Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.

32 El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: “Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. 33 En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?”

34 El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?». 35 Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús. 36 Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: «Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?». 37 [Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, es posible». «Creo, afirmó, que Jesucristo es el Hijo de Dios».] 38 Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.

39 Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino. 40 Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

Salmo responsorial del día

Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7

R/. Aclama al Señor, tierra entera.


Bendigan, pueblos, a nuestro Dios
hagan resonar sus alabanzas,
porque Él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R/.

Fieles de Dios, vengan a escuchar,
les contaré lo que ha hecho conmigo:
a Él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R/.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.

Evangelio de hoy jueves 5 de mayo de 2022

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (6,44-51)


“Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: 44 Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. 45 Está escrito en el libro de los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. 46 Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo Él ha visto al Padre.

47 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. 48 Yo soy el pan de Vida. 49 Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. 50 Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. 51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Esta comida espiritual recibida del mismo Jesús a través de los Sacramentos, particularmente de la Eucaristía, y de la Palabra de Dios, nos orienta para discernir los signos de los tiempos.

Es tanta la insistencia sobre el tema del Pan eucarístico, por ser tan maravilloso y jamás escuchado, ni siquiera se había imaginado que Jesús se quedara en la Eucaristía para que llegue a ser nuestro alimento, se nota que el Señor repite tantas veces para que conste con toda claridad qué es lo que quería enseñar, sobre su presencia real en la Eucaristía, pues Él no quiere que exista duda alguna. Encontraremos en todo el capítulo 6 del Evangelio según san Juan que la Eucaristía comunica a los fieles la vida, la misma que el Hijo recibe del Padre. Es el Padre quien suscita en nosotros el deseo de ir junto a Jesús y de entregarnos a Él, por tanto, escuchando al Padre será la forma de llegar a Jesús.

“Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Los que lo escuchaban, decían que eso es absurdo, porque conocían quién era Él, su papá José y compañía. Todos murmuraban, así como el pueblo de Israel murmuró contra Moisés y Yahveh en el desierto camino hacia la Tierra prometida. Jesús es el enviado y Revelador del Padre, desde el Padre bajó como Pan de vida para el hombre. Es difícil entender esto si no hay fe. Pues Nadie puede venir a Jesús si no es atraído por el Padre, indicando que es obra de Dios, es un regalo y es Él quien toma la iniciativa para cualquier encuentro que tengamos con Dios. San Agustín decía que tarde amó a Dios, mientras él lo buscaba fuera de sí, Él estaba dentro. Dios está y nos estira cuando nos dejamos seducir. Nuestra alma siempre busca lo más sagrado, sólo ahí descansa y tiene paz.

Es necesario leer rectamente la Escritura y escuchar al Padre para ser adoctrinados por el mismo Dios (cf. Is 54,13), lo que llevará al lector hasta Jesús. Cuando de verdad existe una apertura al movimiento de Dios, si se termina de murmurar contra Dios, puede darse el tema de la atracción que el Padre hace del hombre hacia Jesús, e inmediatamente lo buscaremos. En este tiempo, en que la pandemia parece que ya va pasando, no deja a nadie indiferente porque fue dejando sus huellas, no precisamente tan buenas, ya que hay mucha gente con secuelas luego de la enfermedad y otras que quedaron sin trabajo sin saber cómo sostener a sus familias; en ocasiones tenemos la tentación de murmurar contra todos por la situación que nos toca vivir, pero lo que no está bien es murmurar contra Dios. Recordemos que la fe es un don de Dios, es una virtud sobrenatural, por tanto, no es suficiente nuestra sola voluntad o fuerzas para conseguirla; la fe es obra de la Gracia de Dios, que llegará a ayudar a nuestra voluntad para que se potencie impresionantemente y tienda hacia la voluntad divina. Nos referimos no a una fe de costumbre, convencional, no comprometida ni practicada, sino a esa fe viva y sencilla, sólida y permanente como la roca, que nada ni nadie la hará cambiar porque sabe de dónde viene y a dónde va. Pero todo parte de la experiencia del encuentro, así como la tuvieron los apóstoles o cualquier persona que llega a ser tocada profundamente por el Señor. Y esa fe nos llevará a compartir en comunidad, porque no se realizará en soledad, siempre estaremos buscando la realización en experiencia fraterna donde el Espíritu nos iluminará lo que tengamos que decir y hacer a Su modo y a Su tiempo.

La fe tiene una dimensión histórica, remitiéndose a un acontecimiento que ha cambiado la historia de la humanidad y, por ende, la nuestra, partiendo de la Encarnación del Hijo de Dios quien inició a fascinar a unos cuantos desde su Pasión-Muerte-Resurrección para llegar a transformar la vida de millones de personas del mundo entero (cf. Jn 1,14). Y tiene también una dimensión existencial, porque la persona desde que le conoce a Cristo todo cambia: sus pensamientos, sus palabras, sus acciones, sus proyecciones, sus sueños, su forma de discernimiento de todas sus decisiones.

Cuando el evangelista recoge esta frase de Isaías: “serán enseñados por Dios”, tiene un aspecto externo, referido a la Persona de Jesús, actuando en medio de ellos en aquel tiempo, y otro interno, es Dios actuando en el corazón de cada uno. Hoy Jesús está en medio nuestro en la Eucaristía, y en cada corazón, nos sigue enseñando, nos sigue alimentando desde una fe viva y comprometida. Cuánta enseñanza en este tiempo en donde vemos lo frágiles que somos, lo dependientes los unos de los otros. Cuánta hambre de la Eucaristía teníamos, cuando no podíamos ir a celebrar en los templos abrazados de los hermanos de comunidad, por las restricciones que se ponían en nuestros países. Hoy damos gracias a Dios porque ya compartimos en comunidad y podemos salir gozosos de cada celebración eucarística como panecillos vivos y sabrosos que el mundo necesita para recibir el alimento de salvación. 

Jesús les hace alusión a que sus padres comieron el maná y murieron, era el pan perecedero, pero el que Él les ofrece es el pan imperecedero, pues al comer de ese pan (Persona de Jesús y todo lo que salga de Él) se alcanzará la Vida eterna. Esta comida espiritual recibida del mismo Jesús a través de los Sacramentos, particularmente de la Eucaristía, y de la Palabra de Dios, nos orienta para discernir los signos de los tiempos y tomar decisiones correctas en nuestra vida.

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