DEVOCIONARIO 8 de Mayo

Ora con nosotros en los siguientes grupos: Fiat, Amando a la Santísima Virgen, Conociendo a San José, Adoradores Eucarísticos, Por las Benditas Almas del Purgatorio, Aumentando Nuestra Fe, Oración por los Sacerdotes, Meditando con los Santos, Devocionario, Actos de Reparación, Sanación y Liberación

FIAT

Petición a María desatadora de nudos

Santa María, llena de la Presencia de Dios, durante los días
de tu vida aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre,
 el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones.

Ya, junto a tu Hijo, intercediste por nuestras dificultades y,
con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo
desenredar la madeja de nuestras vidas.

Y, al quedarte para siempre como Madre nuestra, pones en
orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, la que con
corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que recibas en tus manos

(pide aquí tu petición),

 y que  nos libres de las ataduras y confusiones con que nos hostiga
el que es nuestro enemigo.

Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo, líbranos de todo mal.

Señora nuestra, desata los nudos que nos impiden nos unamos a
Dios, para que, libres de toda confusión y error, lo hallemos en
todas las cosas, tengamos en Él puestos nuestros corazones y
podamos servirle  siempre en nuestros hermanos.

Amén

AMANDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Oración de San Alfonso María de Ligorio

Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos.

Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido.

Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte.

Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad.

Así lo espero. Amén.

CONOCIENDO A SAN JOSÉ

Oración a San José para pedir una buena muerte

Poderoso patrón del linaje humano, amparo de pecadores, seguro refugio de las almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo de los desamparados, glorioso San José, el último instante de mi vida ha de llegar sin remedio; mi alma quizás agonizará terriblemente acongojada con la representación de mi mala vida y de mis muchas culpas; el paso a la eternidad será sumamente duro; el demonio, mi enemigo, intentará combatirme terriblemente con todo el poder del infierno, a fin de que pierda a Dios eternamente; mis fuerzas en lo natural han de ser nulas: yo no tendré en lo humano quien me ayude; desde ahora, para entonces, te invoco, padre mío; a tu patrocinio me acojo; asísteme en aquel trance para que no falte en la fe, la esperanza y en la caridad; cuando tú moriste, tu Hijo y mi Dios, tu esposa y mi Señora, ahuyentaron a los demonios para que no se atreviesen a combatir tu espíritu. Por estos favores y por los que en vida te hicieron, te pido ahuyentes a estos enemigos, para que yo acabe la vida en paz, amando a Jesús, a María y a ti, San José. Así sea.

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en la útima agonía.

Jesús, José y María, recibid cuando muera, el alma mía.

ADORADORES EUCARÍSTICOS

SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Oración a las Ánimas benditas

Benditas Ánimas que en el purgatorio penan y erran, hoy ruego que entren al reino de los cielos y obtengan el eterno descanso, que junto a Dios, la Virgen María, los Santos, Ángeles y Arcángeles jamás sufran lo vivido en la prisión del purgatorio y que sus almas sean llevadas a la luz eterna.

Que una vez limpias de todo rastro de pecado, ya no sientan dolor, que no parezcan de hambre y sed, que nuestro Salvador, Jesús misericordioso, se apiade y las eleve al cielo y les otorgue la paz que tanto demanda su necesitado espíritu, que alaben a Dios y una vez a su lado, medien por los favores que diariamente imploro y por los espinosos obstáculos que tengo que superar.

Las honro y oro firmemente por ustedes, en especial por mis familiares y amigos que han partido antes de mí y están penando, que sepan que están presentes en mis rezos y que no les abandono. Que sus almas sean libres de sufrimiento y que la pureza de Dios los ilumine por toda la eternidad. Amén.

AUMENTANDO NUESTRA FE

Oración para conseguir trabajo

Oh amado Señor, en estas difíciles circunstancias por las cuales atravieso hoy en día, en las que ya he recorrido varios caminos, he tocado diversas puertas, con la finalidad de conseguir un buen empleo, con el que pueda cubrir mis necesidades y las de mi familia, sin obtener buenos resultados.

Hoy, me inclino a tus pies, y con la mirada firme hacia al Santísimo, te imploro que me ayudes a que se abran esas puertas y oportunidades cerradas ante mí, y para que ablandes el corazón de todas aquellas personas que no me han dado una respuesta satisfactoria de empleo, disperses e ilumines el camino tranqueado que no permite transitar en él, para que de esa forma pueda conseguir el empleo que tanta falta me hace.

Te lo pido en nombre del amor de tu madre, que en la cruz te lloro, por aquella promesa del padre que te espero, te lo ruego por la plegaria que con fervor te aclama tu pueblo, hoy vengo a suplicar ante tus pies, ayúdame a encontrar un empleo honrado y dignificante, te lo suplico por cada gota de sangre que derramaste en la cruz, por los fuertes dolores pasados por nosotros y nuestros pecados cometidos.

Con un corazón limpio y completamente arrepentido de cada una de las ofendas cometidas, ante ti amado Señor, me presento y te pido que me otorgues un empleo digno que pueda hacer con nobleza y amor, para obtener de él lo necesario para sustentarme día a día, Amen.

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

Oración por los Sacerdotes

De la exhortación apostólica Pastores davo vobis
Juan Pablo II

Oh María,
Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:
acepta este título con el que hoy te honramos
para exaltar tu maternidad
y contemplar contigo
el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,
oh Santa Madre de Dios.

Madre de Cristo,
que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne
por la unción del Espíritu Santo
para salvar a los pobres y contritos de corazón:
custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,
oh Madre del Salvador.

Madre de la fe,
que acompañaste al templo al Hijo del hombre,
en cumplimiento de las promesas
hechas a nuestros Padres:
presenta a Dios Padre, para su gloria,
a los sacerdotes de tu Hijo,
oh Arca de la Alianza.

Madre de la Iglesia,
que con los discípulos en el Cenáculo
implorabas el Espíritu
para el nuevo Pueblo y sus Pastores:
alcanza para el orden de los presbíteros
la plenitud de los dones,
oh Reina de los Apóstoles.

Madre de Jesucristo,
que estuviste con Él al comienzo de su vida y de su misión,
lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,
lo acompañaste en la cruz,
exhausto por el sacrificio único y eterno,
y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:
acoge desde el principio
a los llamados al sacerdocio,
protégelos en su formación
y acompaña a tus hijos
en su vida y en su ministerio,
oh Madre de los sacerdotes.
Amén

MEDITANDO CON LOS SANTOS

De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los
Evangelios

Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí. Es como si dijese con toda claridad: «Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce.

Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuáles el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente.

Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo que equivale a decir: «En esto consiste mi conocimiento del Padre y el conocimiento que el Padre tiene de mí, en que doy mi vida por mis ovejas; esto es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre.»

Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna, Y un poco antes había dicho también acerca de ellas: El que entre por mí se salvará, disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.

Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios,
que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida.

Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto, hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino.

Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino.

DEVOCIONARIO

Himno de Pascua

Oh perpetuo Pastor, que purificas
a tu grey con las aguas bautismales,
en las que hallan limpieza nuestras mentes
y sepulcro final nuestras maldades.

Oh tú que, al ver manchada nuestra especie
por obra del demonio y de sus fraudes,
asumiste la carne de los hombres
y su forma perdida reformaste.

Oh tú que, en una cruz clavado un día,
llegaste por amor a estremos tales,
que pagaste la deuda de los hombres
con el precio divino de tu sangre.

Oh Jesucristo, libra de la muerte
a cuantos hoy reviven y renacen,
para que seas el perene gozo
pascual de nuestras mentes inmortales.

Gloria al Padre celeste y gloria al Hijo,
que de la muerte resugió triunfante,
y gloria con entrambos al divino
Paracleto, por los siglos incesantes. Amén.

ACTOS DE REPARACIÓN

Oración de reparación

“Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Te adoro profundamente y te ofrezco
el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma
y Divinidad de Jesucristo,
presente en todos los tabernáculos del mundo.

En reparación por las ofensas, sacrilegios e indiferencias
con los que Él es ofendido.
Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús
y del Inmaculado Corazón de María,
te pido la conversión de los pecadores”

Amén

SANACIÓN Y LIBERACIÓN

ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES

Esta Oración fue dictada por la propia Virgen  el 13 de enero de 1863, al P Cestac (Fundador de la Congregación de las Siervas de María en Anglet) para combatir y dominar las potencias del infierno, después de que tuviera una visión de los «destrozos indescriptibles» causados por los demonios en la Tierra.  Ha sido recomendada por el papa Pío IX) enriquecida de indulgencia por los papas  León Xlll y San Pío X.

Augusta  Reina  de los  Cielos  y  Señora de los Ángeles, tú que has recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, te pedimos humildemente que envíes tus  legiones celestes para que, bajo  tus órdenes  y por tu poder,   persigan  a  los demonios,   los combatan  en  todas partes, repriman su audacia y los echen al abismo.   «¿Quién es como Dios?»

¡Oh buena y dulce  Madre, siempre serás  nuestro amor  y nuestra esperanza! ¡Oh divina Madre, envía los Santos Ángeles para  defendernos y arrojar  lejos de  nosotros  al cruel enemigo!

¡Santos  Ángeles y Arcángeles, defendednos y guardadnos!

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