DEVOCIONARIO 10 de Mayo

Ora con nosotros en los siguientes grupos: Fiat, Amando a la Santísima Virgen, Conociendo a San José, Adoradores Eucarísticos, Por las Benditas Almas del Purgatorio, Aumentando Nuestra Fe, Oración por los Sacerdotes, Meditando con los Santos, Devocionario, Actos de Reparación, Sanación y Liberación

FIAT

¡Oh, Santa Reina!

¡Oh, Santa Reina! Ya que el Señor os ha elevado a tan alta dignidad y que para Él no hay imposibles, os suplicamos que intercedáis por nosotros para que nos haga partícipes de la plenitud de gracias que habéis merecido. Dignaos, pues, oh misericordiosa Madre, procurarnos la felicidad para la cual Dios ha querido hacerse hombre en vuestro casto seno. Acoged favorablemente nuestras súplicas, y si Vos misma rogáis a vuestro divino Hijo, no hay duda que os escuchará y nos salvaremos si tal es vuestra voluntad. Amén.

(De San Anselmo)

AMANDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

MEMORARE

No me desampare tu amparo,

no me falte tu piedad,

no me olvide tu memoria.

Si tú, Señora, me dejas, ¿quién me sostendrá?

Si tú me olvidas, ¿quién se acordará de mí?

Si tú, que eres Estrella de la mar

y guía de los errados, no me alumbras, ¿dónde iré a parar?

No me dejes tentar del enemigo,

y si me tentare, no me dejes caer,

y si cayere, ayúdame a levantar.

¿Quién te llamó, Señora, que no le oyeses?

¿Quién te pidió, que no le otorgases?

Fray Luis de Granada, O.P. (1504-1588)

CONOCIENDO A SAN JOSÉ

VISITA A SAN JOSÉ

¡Oh castísimo esposo de la Virgen María, mi amantísimo protector San José! Todo el que implora vuestra protección experimenta vuestro consuelo. Sed, pues, Vos mi amparo y mi guía. Pedid al Señor por mí; libradme del pecado, socorredme en las tentaciones y apartadme del mal y del pecado. Consoladme en las enfermedades y aflicciones. Sean mis pensamientos, palabras y obras fiel trasunto de cuanto os pueda ser acepto y agradable para merecer dignamente vuestro amparo en la vida y en la hora de la muerte. Amén.

Del Devocionario Católico

Jaculatoria.-¡Oh glorioso San José! Haced que sea constante en el bien; corregid mis faltas y alcanzadme el perdón de mis pecados.

ADORADORES EUCARÍSTICOS

SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Oración a la Santísima Virgen por las almas del purgatorio

Dios misericordioso, que nos perdonas y quieres la salvación de todos los hombres, imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de María Santísima y de todos los santos, concedas a las almas de nuestros padres, hermanos, parientes, amigos y bienhechores, que han salido de este mundo, la gracia de llegar a la reunión de la eterna felicidad…

Santísima Virgen María, reina del purgatorio: vengo a depositar en tu corazón inmaculado, una oración en favor de las almas benditas, que sufren en el lugar de expiación. Dígnate a escucharla, clementísima Señora, si es ésta tu voluntad y la de tu misericordioso Hijo. Amén.

María, reina del purgatorio, te ruego por aquellas almas por las cuales tengo o pueda tener alguna obligación, sea de caridad o de justicia.

Dios te salve María…Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

María, reina del purgatorio: te ruego por las almas más abandonadas y olvidadas, y, a las cuales nadie recuerda; tú, Madre, que te acuerdas de ellas, aplícales los méritos de la pasión de Jesús, tus méritos, y los de los santos, para que alcancen así el eterno descanso.

Dios te salve María…Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

María, reina del purgatorio: te ruego, por aquellas almas que han de salir más pronto de aquel lugar de sufrimientos, para que cuanto antes, vayan a cantar en tu compañía las eternas misericordias del Señor.

 Dios te salve María…Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

María, reina del purgatorio: te ruego de una manera especial por aquellas almas que han de estar más tiempo padeciendo y satisfaciendo a la divina Justicia. Ten compasión de ellas, ya que no pueden merecer sino sólo padecer; abrevia sus penas y derrama sobre estas almas el bálsamo de tu consuelo.

Dios te salve María…Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

María, reina del purgatorio: te ruego de modo especial por aquellas almas que más padecen. Es verdad que todas sufren con resignación, pero sus penas son atroces y no podemos imaginarlas siquiera. Intercede Madre nuestra por ellas, y Dios escuchará tu oración.

Dios te salve María…Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

AUMENTANDO NUESTRA FE

Salmo de esperanza y fortaleza

Señor, hoy que siento que he perdido las fuerzas ante esta prueba que estoy pasando, te suplico que me claridad, serenidad y fortaleza para poder combatir esta circunstancia, te pido con el corazón que no permitas que mis esperanzas disminuyan ni se pierdan.

A ti Señor, que eres en todo momento mi protector, roca fuerte y mi fuerza entera ante todas y cada una de mis batallas, nosotros tenemos puesta en ti, nuestras esperanzas y confianza, te pedimos que en ningún caso nos encontremos con incertidumbre y confusión.

Siempre mi corazón quiere estar lleno de confianza en ti, y desea alabarte y servirte con responsabilidad y entrega para alcanzar todas las metas planteadas de vida, permite y oriéntame a poder ofrecer y otorgar lo mejor de mí, ser bondadoso y puro de tu infinito amor.

Orienta mi camino y ayúdame a concentrarme en tu palabra, que es la que arropa, mantiene, fortalece y da valor para salir victorioso de todas circunstancias y situaciones complicadas.

Permite que pueda conocer cada espacio de mi interior y que así pueda descubrir todas las virtudes y cualidades especiales que has cultivado en mí, para de esta forma tenga las herramientas necesarias y resolver satisfactoriamente todo lo que se me encomiende.

Tengo la plena certeza que con tu intervención y en tu nombre, podre ganar, ya que confiados en tu infinita misericordia y compasión, nadie ha terminado defraudado. ¡Amen!

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

PLEGARIA PARA PEDIR POR LOS SACERDOTES

Señor Jesús, te pido por tus sacerdotes. Que cuando estén clavados en la cruz del confesionario, pongas en ellos tu corona de luz en vez de tu corona de espinas.

Que cuando, día a día, te traigan al pan convertido en tu cuerpo, ello no se les vuelva rutina, sino diario milagro.

Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú nos entregas.

Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de tus últimos tres años y cuando viejos, sigan sintiendo que «Dios alegra su juventud».

Que espíritu viviente en carne y hueso, sean como Tú, profundamente humanos y perfectamente divinos.

Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario, estés Tú, como Cirineo, para llevarles la cruz y volvérselas gozo.

¡Y que nunca falte quien de la vida por ellos, así como Tú la diste por nosotros!

MEDITANDO CON LOS SANTOS

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

Os exhorto por la misericordia de Dios. Pablo, o, mejor dicho, Dios por boca de Pablo, nos exhorta porque prefiere ser amado antes que temido. Nos exhorta porque
prefiere ser padre antes que Señor. Nos exhorta Dios, por su misericordia, para que no tenga que castigarnos por su rigor.

Oye lo que dice el Señor: «Ved, ved en mí vuestro propio cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si teméis lo que es de Dios, ¿por qué no amáis lo que es también vuestro? Si rehuís al que es Señor, ¿por qué no recurrís al que es padre?

Quizás os avergüence la magnitud de mis sufrimientos, de los que vosotros habéis sido la causa. No temáis. La cruz, más que herirme a mí, hirió a la muerte. Estos clavos, más que infligirme dolor, fijan en mí un amor más grande hacia vosotros. Estas heridas, más que hacerme gemir, os introducen más profundamente en mi interior. La extensión de mi cuerpo en la cruz, más que aumentar mi sufrimiento, sirve para prepararos un regazo más amplio. La efusión de mi sangre, más que una pérdida para mí, es el precio de vuestra redención.

Venid, pues, volved a mí, y comprobaréis que soy padre, al ver cómo devuelvo bien por mal, amor por injurias, tan gran caridad por tan graves heridas.»

Pero oigamos ya qué es lo que os pide el Apóstol: Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos. Este ruego del Apóstol promueve a todos los hombres a la altísima dignidad del sacerdocio. A presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Inaudito ministerio del sacerdocio cristiano: el hombre es a la vez víctima y sacerdote; el hombre no ha de buscar fuera de sí qué ofrecer a Dios, sino que aporta consigo, en su misma persona, lo que ha de sacrificar a Dios; la víctima y el sacerdote permanecen inalterados; la víctima es inmolada y continúa viva, y el sacerdote oficiante no puede matarla.

Admirable sacrificio, en el que se ofrece el cuerpo sin que sea destruido, y la sangre sin que sea derramada.
0s exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Este sacrificio, hermanos, es semejante al de Cristo, quien inmoló su cuerpo vivo por la vida del mundo: él hizo realmente de su cuerpo una hostia viva, ya que fue muerto y ahora vive. Esta víctima admirable pagó su tributo a la muerte, pero permanece viva, después de haber castigado a la muerte. Por esta razón, los mártires nacen al morir, su fin significa el principio, al matarlos se les dio la vida, y ahora brillan en el cielo, cuando se pensaba haberlos suprimido en la tierra.

Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa. Es lo que había cantado el profeta: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.

Sé, pues, oh hombre, sacrificio y sacerdote para Dios; no pierdas lo que te ha sido dado por el poder de Dios; revístete de la vestidura de santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo el casco de protección para tu cabeza; que la cruz se mantenga en tu frente como una defensa; pon sobre tu pecho el misterio del conocimiento de Dios; haz que arda continuamente el incienso aromático de tu oración; empuña la espada del Espíritu; haz de tu corazón un altar; y así, puesta en Dios tu confianza, lleva tu cuerpo al sacrificio.

Lo que pide Dios es la fe, no la muerte; tiene sed de tu buena intención, no de sangre; se satisface con la buena voluntad, no con matanzas.

san Pedro Crisólogo, obispo

DEVOCIONARIO

Himno de Pascua

Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el Señor.

Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última verdad.

Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él está.

Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del Señor, que os salvará.

Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón. Amén.

ACTOS DE REPARACIÓN

Oración de reparación y desagravio

“Dios mío. Dios mío…
yo creo firmemente con todo mi corazón…
espero y confío sinceramente en Tí.
Solamente a Ti adoraré por siempre.

Con verdadero arrepentimiento y amor,
me postro a Tus Pies;
te pido perdón por aquellos que no creen y no quieren creer,
por aquellos que no Te adoran y no quieren adorarte
y por aquellos que Te crucificaron y
Te están crucificando diariamente.
Querido Jesús,
yo te consolaré durante toda mi vida”

Amén.

Se ofrece desagravio por cualquier ofensa realizada con o sin intención.

SANACIÓN Y LIBERACIÓN

Oración a nuestro Ángel de la guarda

Ángel Santo, tú eres mi guardián, mi tutor y mi maestro, mi guía y mi defensa, mi sabio consejero y mi fiel amigo,
a ti estoy encomendado por la bondad del Señor desde el día de mi nacimiento hasta la última hora de mi vida.
¡Qué respeto te debo, tú que estás siempre a mi lado, allí donde vaya! ·
Con cuánto reconocimiento he de agradecerte el amor que me tienes. ¡Qué confianza ilimitada me da el saber que eres mi ayuda y mi defensor!

Santo Ángel, enséñame, corrígeme, guárdame y guíame por el camino recto y seguro de la Ciudad Santa de Dios. No permitas que haga nada que ofenda tu santidad y tu pureza.

Presenta mis deseos al Señor, ofrécele mis oraciones, muéstrale mis miserias y hazme saber desde su infinita bondad , por la intercesión maternal de tu Reina, María Santísima, cómo alcanzar la sanación.

Vigila cuando estoy descansando, sostenme cuando estoy cansado, sujétame cuando voy a caer, levántame cuando he caído, indícame el camino cuando estoy perdido, devuélveme el valor cuando estoy extraviado, ilumíname cuando no veo, defiéndeme cuando soy atacado. Y, especialmente en el último día de mi vida, sé mi escudo contra el demonio.

Con tu defensa y tu conducta, ayúdame a entrar por fin en la morada radiante donde eternamente podré expresarte mi agradecimiento y glorificar contigo al Señor Dios y a la Virgen María, mi Reina y la tuya.
Así sea.
¡Ángel de Dios, tú a quien he sido confiado por la bondad divina, ilumíname hoy (o esta noche), protégeme, dirígeme y gobiérname! Así sea.

NO TE QUEDES SIN LA LECTIO DIVINA…

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