Lectio Divina Reflexión al Evangelio del Martes de la Cuarta Semana en Pascua «Misionando Con Amor»

“El Padre y yo somos una sola cosa.”

 San Juan de Ávila, pbro. y doctor de la Iglesia (ML)

Alegrémonos, regocijémonos y demos gloria a Dios, el Todopoderoso, ha establecido su reino. Aleluia. 

Apoc 19, 7

Audios originales

Del libro de los Hechos de los Apóstoles

Hch 11, 19-26

En aquellos días, 19 los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra únicamente a los judíos. 20 Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. 21 La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron.

22 Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. 23 Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. 24 Bernabé era un hombre bondadoso, lleno de Espíritu Santo y de mucha fe. Y una multitud adhirió al Señor.

25 Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, 26 y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».

P/ Palabra de Dios
R/Te alabamos Señor

Libro de los Salmos

Sal 86, 1-3, 4-5. 6-7

R/. Alabad al Señor, todas las naciones.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades» R/.

Evangelio de hoy martes 10 de mayo de 2022

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (10,22-30)


“Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.

22 Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, 23 y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. 24 Los Judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente».

25 Jesús les respondió: «Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, 26 pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. 27 Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. 29 Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. 30 El Padre y yo somos una sola cosa».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Dios resiste a los orgullosos y da su ayuda a los humildes.”

“San Juan de Ávila, natural del Almodóvar del Campo (1500), inició su vida ascética muy joven, forjando así su corazón sacerdotal, de vida austera y dedicación apostólica. Por insidias de quienes se incomodaban por su estilo de vida, fue denunciado a la Inquisición. Sin embargo, el maestro de Ávila se mantuvo firme, fiel y centrado en la misión, la predicación y la formación de misioneros. Murió en 1569, fue canonizado en 1970 y declarado Doctor de la Iglesia en 2012. El 25 de enero de 2021, el papa Francisco, mediante un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, inscribió a san Juan de Ávila en el Calendario Romano General”

(La Liturgia Cotidiana, San Pablo, Paraguay, pág. 44).

Le preguntan a Jesús si es el Mesías. Jesús responde diciendo que el interrogante está ya contestado. ¿Cómo respondió? A través de sus palabras y de sus obras, un lenguaje mucho más elocuente que con sólo afirmar con palabras. Entonces, ¿dónde está el problema para que no se entienda que es el Mesías? No está en sus declaraciones o en lo que diga de sí mismo, sino en ellos (los fariseos), que no quieren creer. ¿Por qué no quieren creer? Porque no le pertenecen, no son de los suyos, no son sus ovejas, no fueron atraídos por el Padre y, por tanto, no escucharán su voz.

Es imposible comprender a una persona si no hay simpatía hacia ella, ni siquiera le nacerá querer escucharla. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”, dice Jesús. ¿Escuchamos la voz de Jesús, escuchamos su Palabra? Recordemos que la verdadera escucha es activa, que implica una respuesta al mismo tiempo. Interpretamos la escucha en el castellano como obediencia. Escucha de verdad quien es obediente. Jesús nos conoce tanto, que nos seduce con sus gestos y palabras para que lo sigamos siendo felices con Él. Acerquémonos con sinceridad de corazón a nuestro Señor Jesús, a escucharlo y a hacer lo que nos dice. Eso nos llevará a conocerlo y amarlo más. Pues nadie ama lo que no conoce ni ama a quien no conoce. Así necesariamente esa experiencia de conocimiento nos llevará a creer en Él y en su Palabra. La fe supone entender la dimensión espiritual, sin fe no se puede entender lo que Jesús está diciendo. Si la persona es muy materialista, si está sumida en el mundo del bienestar, si es alguien que quiere interpretar todo sólo desde la razón humana, le costará muchísimo conocer la divinidad de Jesús, aunque le presenten pruebas y más pruebas. Esa dosis de fe faltaba en el corazón de los fariseos, quienes estaban tan preocupados y ocupados en cumplir y hacer cumplir todos los preceptos de la época. Les faltaba humidad, pues “Dios resiste a los orgullosos y da su ayuda a los humildes” (1 Pe 5,5). Les faltaba esa humildad para aceptar de otros también conocimiento y ayuda en interpretar la Palabra de Dios, y así abrirse a creer en la presencia del Mesías delante de ellos.

Son tan soberbios y orgullosos, que se acercan a Jesús con prejuicios y presupuestos excluyentes de la realidad escondida en Él. Imagínense que los testimonios que les ofrece nunca les convencieron, pues no satisfacían esas exigencias de un racionalismo religioso incapaz de abrirse a otra posibilidad, para aceptar a través de las obras de que le tienen al mismo Mesías con ellos. No podían dar ese paso por estar anclados en sus costumbres y en lo que les daba seguridad. Dios y su Palabra son mucho más que lo racional y los mandatos o preceptos. Dios es vida, es experiencia, es acción hacia los más frágiles y desde una mirada de fe que no se reduce sólo a lo meramente racional o establecido.

Jesús se da a conocer como el Mesías, uno con Dios Padre, quien le entrega sus ovejas. Vaya responsabilidad. Jesús es la Palabra que está en el seno de Dios Padre viviendo permanentemente en comunión con Él, aunque vino a los suyos habitando desde la carne humana para que quienes lo reciban se hagan hijos de Dios (cf. Jn 1,11-13) y alcancen la Vida eterna. La unidad del Hijo con el Padre es de amor y de obediencia. Jesús se presenta en la misma dignidad e igualdad que el Padre, por tanto, se presenta como Dios. Eso es lo que más molestó a los fariseos, el hecho de que se iguale a Dios. Él tiene el poder de cuidar a los suyos sin que nadie pueda arrebatarlos de sus manos. Tanto es el amor que tiene por los suyos (quienes escuchan su voz porque son sus discípulos), es tan grande y profundo ese amor, que hasta es capaz de dar su Vida por ellos. Es el Buen Pastor que alimenta y da Vida en abundancia con el poder de su Amor y Misericordia.

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