Lectio Divina – Reflexión al Evangelio del Domingo de la Quinta Semana en Pascua «Misionando Con Amor»

“En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos.”

Independencia del Paraguay. Día de la madre.

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas; reveló su victoria a los ojos de las naciones. Aleluia.

 Sal 97, 1-2

Audios originales

Primera lectura de hoy

Del libro de los Hechos de los Apóstoles Hch 14, 21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé 21 volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. 22 Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. 23 En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.

24 Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. 25 Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. 26 Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir.

27 A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor


Salmo responsorial del día

Libro de los Salmos Sal 144, 8-9. 10-11. 12-13ab 

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.


Segunda lectura de hoy

Del libro del Apocalipsis   Apoc. 21, 1-5a

Yo, Juan,1 vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. 2 Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. 3 Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. 4 El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».

5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas».

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Juan (13,31-33a.34-35)


“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros.

31 Después que Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

33 Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: «A donde yo voy, ustedes no pueden venir». 34 Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. 35 En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Hoy damos gracias a Dios por nacer en esta tierra, en esta patria, la República independiente del Paraguay, en donde hemos aprendido y tenido tantas experiencias maravillosas. Esta patria es nuestra madre, la que nos marcó en expresiones culturales con valores que siempre serán apreciados por el mundo entero. Y también recordamos a nuestra mamá, la que nos engendró y nos dio a luz, la que nos cuidó y nos amamantó, la que nos tuvo paciencia enseñándonos los valores y transmitiéndonos la fe que nos diferencia de la mayoría de las personas de otros países. Y, sobre todo, nos transmitió el amor a la Virgencita de Caacupé. Hoy es un día para celebrar, día de fiesta, para compartir este gran regalo de Dios. Ofrecemos un minuto de silencio por todas las mamás que ya partieron y quienes están intercediendo porque nos vaya bien en nuestros fatigosos asuntos a enfrentar.

Luego de la partida de Judas, el Evangelio según san Juan nos trae una larga sección en la cual Jesús dirige un discurso de despedida a sus discípulos (cf. Jn 13,31-17,26), en la última cena, después del lavatorio de los pies. Hoy leemos como un prólogo o introducción al discurso que anuncia tres temas: la glorificación del Hijo del hombre y del Padre, la partida y el mandamiento del amor. En primer lugar, Jesús anuncia la glorificación como un hecho consumado (que ya se cumplió). Tanto el hijo del hombre, como el Padre reciben la gloria; Jesús recibe la gloria de parte del Padre desde el momento en que asume su muerte, y Dios Padre la recibe desde ese mismo momento de parte de Jesús. Recibir la gloria de sí mismo no vale nada, por ello, Jesús la recibe del Padre: “Jesús respondió: Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman ‘nuestro Dios’” (Jn 8,54).

Jesús es glorificado como hijo del hombre, pues será exaltado, levantado en alto y recibirá la gloria que tenía como Hijo de Dios. El Padre es glorificado por la obediencia del Hijo, por su aceptación libre de entregar la vida por la salvación de los hombres: “Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese” (Jn 17,4-5). El Padre glorificará al Hijo pronto, refiere a la Pasión-Resurrección.

En segundo lugar, Jesús anuncia su partida, con tono familiar y cariñoso: diciendo “hijitos” (1Jn 2,1.12.28; 3,7.18; 4,4; 5,21), que traerá un período de ausencia y de búsqueda infructuosa por los discípulos. Se lo encontrará no sólo con el “ver” sino con el “creer”; se lo encontrará en la fe. Es una partida necesaria para que comprendan que él está en el Padre (cf. Jn 14,20). En tercer lugar, la donación del mandamiento nuevo, el del amor mutuo; donación que incluye una previa recepción del amor. Ya en el AT tenemos el mandamiento de “amar al prójimo como a uno mismo” (Lv 19,18; cf. Mt 22,30; Mc 12,31; Lc 10,17). Pero Jesús nos pide algo nuevo y que supera lo antiguo: que nos amemos “como Él nos ha amado”. No es sólo un ejemplo a seguir, sino un don a recibir, pues nos debemos amar como y porque Él nos amó primero. Con el mismo amor con que Él amó a los discípulos nos pide que nos amemos unos a otros, que es el mismo amor del Padre. La novedad está en que el amor entre los cristianos tiene su fuente en el Padre y en el Hijo, circulación del mismo amor que recibimos de Jesús y lo volcamos hacia el hermano, al prójimo. Es como su documento de identidad, su sello de identidad para reconocer a través del amor mutuo. El Card. A. Vanhoye dijo: «la gloria de Dios es la gloria de amar. Del mismo modo también la gloria de Jesús es la gloria de amar. Él amó al Padre cumpliendo su voluntad con una generosidad perfecta; nos amó a los hombres dando, como Buen Pastor, su vida por nosotros. Así fue glorificado ya en su pasión, y Dios fue glorificado en él».

Pero el evangelista también nos advierte de una relación negativa entre la gloria y el amor: «Mi gloria no viene de los hombres. Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?» (Jn 5,41-44).

El contexto litúrgico del tiempo pascual nos orienta a mirar el mandamiento del amor y su capacidad de ser el signo de identidad de los cristianos. El mandamiento no obliga desde fuera, como una nueva y mayor exigencia. Si se tomara el voluntarismo pelagiano de pensar que podemos por nosotros mismos llegar a imitar y vivir el amor de Jesús, es un camino falso y con un peligroso final, pues “les falta la humildad esencial para el amor, la humildad de poder recibir dones más allá de nuestro actuar y merecer” (Card. J. Ratzinger). Dejémonos amar por Jesús, a su modo divino, que nos supera y nos desconcierta. Dejémonos invadir por su amor, aunque deje al desnudo nuestra insuficiente capacidad de amar de verdad. Es un amor generosísimo, universal, capaz de transformar las situaciones más negativas y obstáculos para crecer en el amor (ejemplo: la Pasión de Jesús, siendo rechazado, condenado y ajusticiado por todos, pero se transformó en la oportunidad del amor más grande).

Si los cristianos nos amásemos con este amor, revelaríamos a Jesús, lo haremos presente, visible en el mundo. Así seremos reconocidos como suyos, de Cristo, por amar como Él, amando con su mismo amor. La caridad es la cumbre de la perfección y el alma de la vida cristiana, para llegar a evangelizar mejor. El amor es nuestro documento de identidad, es concreto, visible. Podemos expresar todo el amor desde las obras de misericordia. La puerta de la fe, que se abre es puerta del amor. El amor de Jesús entra por la puerta de la fe y la vivencia de este amor por los creyentes es un signo de la presencia de Dios, “donde hay caridad y amor, allí está Dios”. Es lo que atrae a los no creyentes hacia la puerta de la fe, para llegue a decir: “Miren cómo se aman”.

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