DEVOCIONARIO 17 de Mayo

Ora con nosotros en los siguientes grupos: Fiat, Amando a la Santísima Virgen, Conociendo a San José, Adoradores Eucarísticos, Por las Benditas Almas del Purgatorio, Aumentando Nuestra Fe, Oración por los Sacerdotes, Meditando con los Santos, Devocionario, Actos de Reparación, Sanación y Liberación

FIAT

¡Oh María!

¡Oh María!  Habéis dejado la tierra y subido al cielo en donde reináis sobre todos los coros de Ángeles, como canta la Iglesia! Nosotros, miserables pecadores, sabemos que no somos dignos de teneros en este valle de tinieblas; pero también comprendemos que aun en medio de vuestras grandezas no nos habéis olvidado, por pobres y miserables que seamos. Tan grande elevación solo ha servido para aumentar vuestra compasión hacia nosotros, pobres hijos de Adán. Dignaos, oh María, dirigir vuestras misericordiosas miradas hacia nosotros desde la altura de vuestro trono celestial; tened piedad de nosotros, miradnos con compasión, socorrednos en todas las tempestades y combates a que estamos expuestos en este mundo. Alcanzadnos por la santidad de vuestra gloriosa Asunción la perseverancia en la gracia de Dios, para que al salir de esta vida podamos unirnos a los espíritus bienaventurados y cantar vuestras alabanzas como lo merecéis. Amén.

 San Alfonso Ligorio

AMANDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

ANTE LAS TENTACIONES

Madre querida acógeme en tu regazo, cúbreme con tu manto protector y con ese dulce cariño que nos tienes a tus hijos aleja de mí las trampas del enemigo, e intercede intensamente para impedir que sus astucias me hagan caer. A Ti me confío y en tu intercesión espero. Amén.

CONOCIENDO A SAN JOSÉ

A SAN JOSÉ OBRERO

Nos dirigimos a ti, Oh bendito San José, nuestro protector en la tierra, como quien conoce el valor del trabajo y la respuesta a nuestro llamado. A través de tu Santa Esposa, la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y sabiendo el amor paternal que tuviste a nuestro Señor Jesús, te pedimos nos asistas en nuestras necesidades y fortalezcas en nuestros trabajos.

Por la promesa de realizar dignamente nuestras tareas diarias, líbranos de caer en el pecado, de la avaricia, de un corazón corrupto. Se tú el solícito guardián de nuestro trabajo, nuestro defensor y fortaleza contra la injusticia y el error.

Seguimos tu ejemplo y buscamos tu auxilio. Socórrenos en todos nuestros esfuerzos, para así poder obtener contigo el descanso eterno en el Cielo. Amén.

Jaculatoria. San José, Protector de atribulados y de los moribundos, rogad nosotros.

ADORADORES EUCARÍSTICOS

ACTOS DE SÚPLICA

R: ¡TE RUEGO, JESÚS MÍO!

Te ruego, Jesús mío. Que no me dejes, porque me perderé. R.

Que me persevere siempre en tu Amor. R.

Que estés siempre conmigo, sobre todo cuando esté en peligro de pecar y en la hora de mi muerte. R.

Que jamás permitas que me aparte de Tí. R.

Que sepa padecer con resignación por Tí. R.

Que no me preocupe si no de amarte. R.

Que ame también a mi prójimo. R.

Que ame mucho a los pecadores. R.

Que ame mucho a los necesitados y a los enfermos. R.

Te ruego, Jesús mío, que ampares: a tu Santa Iglesia R.

al Romano Pontífice, tu Vicario visible en la Tierra. R.

A los Obispos y sacerdotes. R.

A los Religiosos y Religiosas R.

A los que mandan en tu nombre. R.

A nuestra querida Nación. R.

A mis amados familiares y allegados. R.

Que premies a mis bienhechores. R.

Que favorezcas a los que ruegan por mí. R.

Que bendigas a los que me traten con indiferencia o no me quieran. R.

Que trabaje mucho por Tí, hasta mi muerte. R.

Que me concedas una muerte santa. R.

Que digas al morir: ¡Jesús, María, salvad el alma mía! R.

Que me lleves al Cielo cuando muera. R.

Amén.

María, Madre mía, intercede por mí ante tu Divino Hijo Jesús. Dulce corazón de María, sé mi salvación.

POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

ROSARIO «MILAGROSA»

PRIMER MISTERIO

Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre, en la noche de vuestra dolorosa Pasión y cruel agonía en el huerto de las Olivos.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

SEGUNDO MISTERIO
Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre con el tormento de los crueles azotes que sufristeis amarrado a una columna.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos.

TERCER MISTERIO

Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió Vuestro amantísimo Corazón y el de vuestra Purísima Madre con la cruel coronación de espinas, burlas y escarnios.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

CUARTO MISTERIO

Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre en el encuentro de la calle de la Amargura caminando con pesada cruz de nuestros pecados.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

QUINTO MISTERIO

Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre en las tres horas de mortal agonía y afrentosa muerte en la Cruz.

Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

Se concluye el rosario rezando el Credo y la Salve.

Pedid con fe y recibiréis.

AUMENTANDO NUESTRA FE

Oración de la mañana

¡Señor! Gracias por regalarme un nuevo amanecer, para poder abrir mis ojos esta hermosa mañana, que con tu corazón me proteges del pecado, oriéntame para que no te decepciones de mí y poder llevar una vida plena y por la línea de tus mandatos.

Te pido que me ayudes, a que mi mente no entren pensamientos manchados, que de mis labios no salgan palabras que hieran ni lastimen, que no juzgue ni pueda hacer calumnia alguna sobre ningunos de mis hermanos, ni tampoco permitas que sienta ofendas, y poder de esta manera iniciar mi día confiado con tu bendición.

Tú que vives y reinas, guía mi camino por tu santa senda, en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. ¡Amen!

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

POR LAS VOCACIONES

Señor Dios, Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo nos dijo: «La mies es abundante, pero los obreros pocos. Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies». Animados por estas enseñanzas, te pedimos que envíes a tu Iglesia, numerosas y santas vocaciones para el sacerdocio, a la vida religiosa y al apostolado laical. Consérvales fieles en su ministerio hasta el fin; y concédeles, por tu Espíritu Santo, un gran amor a Dios y a los hermanos, para que en su ministerio y en su vida busquen solamente tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

MEDITANDO CON LOS SANTOS

De las cartas de san Atanasio, obispo (Carta a Epicteto)

La Palabra tomó de María nuestra condición

La Palabra tendió, una mano a los hijos de Abrahán, como afirma el Apóstol, y por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos y asumir un cuerpo semejante al nuestro. Por esta razón, en verdad, María está presente en este misterio, para que de ella la Palabra tome un cuerpo y, como propio, lo ofrezca por nosotros. La Escritura habla del parto y afirma: Lo envolvió en pañales; y se proclaman dichosos los pechos que amamantaron al Señor, y, por el nacimiento de este primogénito, fue ofrecido el sacrificio prescrito. El ángel Gabriel había anunciado esta concepción con palabras. muy precisas, cuando dijo a María no simplemente «lo que nacerá en ti» -para que no se creyese que se trataba de un cuerpo introducido desde el exterior-, sino de tí, para que creyéramos que aquel que era engendrado en María procedía realmente de ella.

Estas cosas sucedieron de esta forma para que la Palabra, tomando nuestra condición y ofreciéndola en sacrificio, la asumiese completamente, y revistiéndonos después a nosotros de su condición, diese ocasión al Apóstol para afirmar lo siguiente: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad.

Estas cosas no son una ficción, como algunos juzgaron; ¡tal postura es inadmisible! Nuestro Salvador fue verdaderamente hombre, y de él ha conseguido la salvación el hombre entero. Porque de ninguna forma es ficticia nuestra salvación ni afecta sólo al cuerpo, sino que la salvación de todo el hombre, es decir, alma y cuerpo, se ha realizado en aquel que es la Palabra.

Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que todos nosotros hemos nacido de Adán.

Lo que Juan afirma: La Palabra se hizo carne, tiene la misma significación, como se puede concluir de la idéntica forma de expresarse. En san Pablo encontramos escrito: Cristo se hizo por nosotros un maldito. Pues al cuerpo humano, por la unión y comunión,con la Palabra, se le ha concedido un inmenso beneficio: de mortal se ha hecho inmortal, de animal se, ha, hecho espiritual, y de terreno ha penetrado las puertas del cielo.

Por otra parte, la Trinidad, también después de la encarnación de la Palabra en María, siempre sigue siendo la Trinidad, no admitiendo ni aumentos ni disminuciones, siempre es perfecta, y en la Trinidad se reconoce una única Deidad, y así la Iglesia confiesa a un único Dios, Padre de la Palabra.

DEVOCIONARIO

Himno de Pascua

QUE DOBLEN LAS CAMPANAS JUBILOSAS

Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el Señor.

Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última verdad.

Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él está.

Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del Señor, que os salvará.

Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón. Amén.

ACTOS DE REPARACIÓN

ACTO DE REPARACIÓN

Divino Corazón de Jesús, Creador del cielo y de la tierra, Rey universal de las naciones y dueño absoluto de todas las cosas: Vos solo sois el Santo, Vos el Señor, Vos solo el altísimo, Vos nuestro único Dios, de quien emanan todo poder, autoridad y soberanía. Vos por quién reinan todos los reyes y dictan lo justo los legisladores: alabado seáis por todos los pueblos y gentes, ensalzado por toda criatura en los siglos de los siglos.

Gracias os damos, Señor, por todos vuestros beneficios, y principalmente, porque en los excesos de vuestra bondad, os habéis dignado elegir ( … ) para vuestra herencia, le habéis defendido de sus enemigos y le habéis colmado de vuestros dones.

Pero ¡ay!, que en vez de corresponder con gratitud a tantas larguezas, hemos pecado, Señor, hemos obrado la iniquidad, hemos procedido impíamente y nos hemos apartado de vuestros juicios y mandamientos.

Pero no miréis, Oh Dios piadosísimo, a nuestras iniquidades sino sólo a vuestra misericordia; apartad de nosotros vuestra ira, aléjense vuestros castigos de este pueblo.

¡Perdón, Señor, por todas nuestras iniquidades! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón, por las faltas de nuestros sacerdotes! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón, por los extravíos de nuestros legisladores! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón, por la irresponsabilidad de los padres de familia! ¡Perdón, Señor perdón!

¡Perdón, por las maldades de todo nuestro pueblo! ¡Perdón, Senor, perdón!

¡Perdón, por los perjurios y sacrilegios! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón, por la profanación de las cosas santas! ¡Perdón, Senor, perdón!

¡Perdón, por nuestras revoluciones y guerras fratricidas! ¡Perdón, Senor, perdón!

¡Perdón, por el odio contra la Iglesia y sus ministros! ¡Perdón, Senor, perdón!

¡Perdón, por los atentados contra vuestros representantes en la tierra! ¡Perdón, Senor, perdón!

¡Perdón, por los excesos licenciosos de la T.V. prensa, el cine y los teatros! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón por los crímenes políticos! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón, por nuestras injusticias! ¡Perdón, Señor, perdón!

¡Perdón, por todas nuestras faltas de caridad para con el prójimo! ¡Perdón, Señor, perdón!

Para nosotros, Señor, la vergüenza y la confusión, para nuestros sacerdotes, nuestros magistrados, nuestros padres de familia y todo nuestro pueblo, porque hemos pecado, hemos procedido inicuamente.

Sólo para Vos la gloria y la bendición. Ahora, pues, Dios de infinita bondad, inclinad benigno hacia nosotros vuestros oídos y escuchadnos: apartad de nosotros vuestra cólera, aplacad vuestro enojo, salvad a vuestro pueblo, sobre el cual ha sido invocado hoy vuestro santo Nombre.

Elevamos hacia Vos nuestras suplicas, no confiados en nuestra justicia, sino únicamente en vuestra misericordia. Mirad, Señor, desde vuestro Santuario, y desde lo excelso de vuestro trono, a la Víctima Santa que se inmola incesantemente por nosotros en el altar, al amantísimo Corazón de vuestro divino Hijo.

Por Vos mismo, Señor, por la honra de vuestro nombre, salvad al pueblo que habéis elegido para herencia vuestra, libradle de sus enemigos y haced ver a todo el mundo que es bienaventurada la Nación que os reconoce por su Señor y Dios.

Amén.

SANACIÓN Y LIBERACIÓN

ORACIÓN DE PERDÓN

Señor Jesucristo, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en mi vida. Sé que Tú me darás la fuerza para perdonar. Te doy gracias porque Tú me amas y deseas mi felicidad más que yo mismo.

«Señor Jesucristo, hoy quiero perdonarme por todos mis pecados, faltas y todo lo que es malo en mí y todo lo que pienso que es malo. Señor, me perdono por cualquier intromisión en ocultismo, usando tablas de uija, horóscopos, sesiones, adivinos, amuletos, tomado tu nombre en vano, no adorándote; por herir a mis padres, emborracharme, usando droga, por pecados contra la pureza, por adulterio, aborto, robar, mentir. Me perdono de verdad.

«Señor, quiero que me sanes de cualquier ira, amargura y resentimiento hacia Ti, por las veces que sentí que Tú mandaste la muerte a mi familia, enfermedad, dolor de corazón, dificultades financieras o lo que yo pensé que eran castigos. ¡Perdóname, Jesús, Sáname!

«Señor, perdono a mi madre por las veces que me hirió, se resintió conmigo, estuvo furiosa conmigo, me castigó, prefirió a mis hermanos y hermanas a mí, me dijo que era tonto, feo, estúpido o que le había costado mucho dinero a la familia, o cuando me dijo que no era deseado, que fui un accidente, una equivocación o no era lo que quería.

«Perdono a mi padre por cualquier falta de apoyo, falta de amor, o de afecto, falta de atención, de tiempo, o de compañía, por beber, por mal comportamiento, especialmente con mi madre y los otros hijos, por sus castigos severos, por desertar, por estar lejos de casa, por divorciarse de mi madre, por no serle fiel.

«Señor, perdono a mis hermanos y hermanas que me rechazaron, dijeron mentiras de mí, me odiaron, estaban resentidos contra mí, competían conmigo por el amor de mis padres; me hirieron físicamente o me hicieron la vida desagradable de algún modo. Les perdono, Señor.

Señor, perdono a mi cónyuge por su falta de amor, de afecto, de consideración, de apoyo, por su falta de comunicación, por tensión, faltas, dolores o aquellos otros actos o palabras que me han herido o perturbado.

«Señor, perdono a mis hijos por su falta de respeto, obediencia, falta de amor, de atención, de apoyo, de comprensión, por sus malos hábitos, por cualquier mala acción que me puede perturbar.

«Señor, perdono a mi abuela, abuelo, tíos, tías y primos, que hayan interferido en la familia y hayan causado confusión, o que hayan enfrentado a mis padres.

«Señor, perdono a mis parientes políticos, especialmente a mi suegra, mi suegro, perdono a mis cuñados y cuñadas.

«Señor, hoy te pido especialmente la gracia de perdonar a mis yernos y nueras, y otros parientes por matrimonio, que tratan a mis hijos sin amor.

«Jesús, ayúdame a perdonar a mis compañeros de trabajo que son desagradables o me hacen la vida imposible. Por aquellos que me cargan con su trabajo, cotillean de mí, no cooperan conmigo, intentan quitarme el trabajo. Les perdono hoy.

«También necesito perdonar a mis vecinos, Señor. Por el ruido que hacen, por molestar, por no tener sus perros atados y dejar que pasen a mi jardín, por no tener la basura bien recogida y tener el vecindario desordenado; les perdono.

» Ahora perdono a mi párroco y los sacerdotes, a mi congregación y mi iglesia por su falta de apoyo, mezquindad, falta de amistad, malos sermones, por no apoyarme como debieran, por no usarme en un puesto de responsabilidad, por no invitarme a ayudar en puestos mayores y por cualquier otra herida que me hayan hecho; les perdono hoy.

«Señor, perdono a todos los profesionales que me hayan herido en cualquier forma, médicos, enfermeras, abogados, policías, trabajadores de hospitales. Por cualquier cosa que me hicieron; les perdono sinceramente hoy.

«Señor, perdono a mi jefe por no pagarme lo suficiente, por no apreciarme, por no ser amable o razonable conmigo, por estar furioso o no ser dialogante, por no promocionarme, y por no alabarme por mi trabajo.

«Señor, perdono a mis profesores y formadores del pasado así como a los actuales; a los que me castigaron, humillaron, insultaron, me trataron injustamente, se rieron de mí, me llamaron tonto o estúpido, me hicieron quedar castigado después del colegio.

«Señor, perdono a mis amigos que me han decepcionado, han perdido contacto conmigo, no me apoyan, no estaban disponibles cuando necesitaba ayuda, les presté dinero y no me lo devolvieron, me criticaron.

«Señor Jesús, pido especialmente la gracia de perdonar a esa persona que más me ha herido en mi vida. Pido perdonar a mi peor enemigo, la persona que más me cuesta perdonar o la persona que haya dicho que nunca la perdonaría.

«Gracias Jesús, porque me estás liberando del mal de no perdonar y pido perdón a todos aquellos a los que yo también he ofendido. Gracias, Señor, por el amor que llega a través de mí hasta ellos. Amén.»

(P. Roberto De Grandis)

NO TE QUEDES SIN LA LECTIO DIVINA…

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