DEVOCIONARIO 23 de Mayo

Encuentra una oración para tu Devoción preferida: Amando a la Santísima Virgen, Conociendo a San José, Adoradores Eucarísticos, Por las Benditas Almas del Purgatorio, Aumenta tu Fe, Orando por los Sacerdotes, Meditando con los Santos, Devocionario, Actos de Reparación, Oraciiones de Sanación y Liberación
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FIAT

¡Virgen bondadosa!

¡Virgen bondadosa! ¡Madre misericordiosa! Yo os recomiendo mi cuerpo y mi alma, mis pensamientos y mis acciones, mi vida y mi muerte. Ayudadme ¡oh Reina mía! y libradme de todas las asechanzas del demonio. Concededme la gracia de amar a mi Señor Jesucristo Vuestro Hijo, con un amor verdadero y perfecto y la de amaros después de Él, ¡oh María! sobre todas las cosas. Amén.

   Santo Tomás de Aquino
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AMANDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

INVOCACIÓN A LA VIRGEN

Oh Virgen santísima,
Madre de Dios,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.

Virgo fidélis, Virgen fiel,
ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído tu.
Haz que nuestra fe
en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.

Mater amábilis, Madre digna de amor.
Mater pulchrae dilectiónis, Madre del Amor Hermoso,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos
como les amaste tú;
haz que nuestro amor a los demás
sea siempre paciente, benigno, respetuoso.

Causa nostrae laetítiae, causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
¡haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena
para podérsela comunicar a todos!
Amén.

San Juan Pablo II

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CONOCIENDO A SAN JOSÉ

¡TANTO ES EL PODER SE SAN JOSÉ! –

¡Glorioso Señor San José, nosotros reconocemos tu poder, nosotros confesamos que nuestra salvación está en tus manos; sí, en tus benditas manos que tantas veces se enlazaron con las de Jesús, que tantas veces lo levantaron, que tantas veces lo llevaron de un lugar a otro, lo alimentaron, lo vistieron y le hicieron todos los oficios paternales. Sálvanos, como te lo pedimos, por Jesús y María!

Y bien ¿Qué queréis de José? ¿Queréis la gracia de salir del pecado, de entrar en el camino de una vida virtuosa y ser perseverante hasta la muerte? ¿Queréis la humildad, la sencillez, la mortificación y el celo de la salvación de las almas? Un gran prelado de la Iglesia decía: Quien quisiera guardar su virginidad, recurra a José; el que hubiere perdido a Jesús por el pecado, recurra a José; el que quisiere seguir sin tropiezo el camino de la virtud, tome por compañero a José; el que quiera milagros necesarios para alcanzar la salvación, pídalos a José; la familia que quiera tener paz, meta en su seno la devoción a señor san José; y acudamos todos a José en la ventura y en la desventura, en el trabajo y el descanso, en la paz y en la guerra, de día y de noche, en la vida y en la muerte, por nosotros y por nuestros semejantes.

Toda esta doctrina vamos a probarla con palabras de santa Teresa de Jesús que dice así: «Cuando yo me viese tan tullida y en tan poca edad, y cual me habían parado los medios de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanaran y tomé por mi abogado y señor al glorioso san José. Él me curó completamente, me ha curado en otras enfermedades, y aun en las pérdidas de la honra y del alma, me ha hecho mucho más que el que yo le sabía pedir… Es una cosa que me espanta las grandes mercedes que me ha hecho el señor san José…» Esto mismo me han asegurado muchas otras personas a quienes yo había dicho que se encomendasen a él… Si fuera persona que tuviera autoridad para escribir, de buena gana me alargaría en esto… porque no conozco persona que de veras haya sido devota del santo que no se haya aprovechado en la virtud, alcanzando también otras muchas gracias. ¡Tanto es el poder del señor san José!

¡SANCTE IOSEPH, ORA PRO NOBIS!

P. José María Vilaseca.
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ADORADORES EUCARÍSTICOS

Señor mío Jesucristo

Señor mío Jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia.

Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua. Por eso, Señor de bondad y de poder,
con mis miserias y temores me acerco a Ti, fuente de misericordia y de perdón; vengo a refugiarme en Ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues como juez a pedirme cuentas.

Señor no me da vergüenza descubrirte a Ti mis llagas. Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo Tú conoces; pero confío en tu infinita misericordia.

Señor mío Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchame, pues espero en Ti. Ten compasión de mis pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, Señor, porque diste tu vida en la Cruz y te ofreciste en ella como Redentor por todos los hombres y especialmente por mi. Adoro Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados.

Mira, Señor, a este pobre pecador, creado y redimido por Ti. Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias. Purifícame de todos mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre me ayuden, Señor, a obtener de Ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; me libren de mis malos pensamientos, renueven en mi los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo. Amén.

SAN AMBROSIO

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POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN DEL ALMA A CRISTO

Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) … (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

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AUMENTANDO NUESTRA FE

YO EN LA CAMA, TU EN LA CRUZ

1. Señor, Tu siempre me has dado
La fuerza necesaria,
y, aunque débil,
Creo en Ti.

2. Señor, Tu siempre me has dado
La paz de cada día,
y, aunque angustiado,
Creo en Ti.

3. Señor, Tu siempre me has guardado
En la prueba,
Y, aunque estoy en ella,
Creo en Ti.

4. Señor, Tu siempre has alumbrado
Mis tinieblas,
Y, aunque no tengo luz,
Creo en Ti. 

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ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS POR LOS MISIONEROS

Corazón de Jesús, tiende una mirada hacia las tierras de infieles y hacia los trabajos de los misioneros, quienes, por tu amor y por el de las almas, tan preciosas para Ti, han abandonado su casa, su patria y sus cariños más íntimos. Bendice sus trabajos y concédeles la gracia de repartir el pan de la divina Palabra entre los mendigos de la Verdad. Hazles sentir que Tú estás con ellos en sus trabajos y preocupaciones, y dales la gracia de perseverar hasta el fin en la vida de abnegación para la que los has escogido:

Sagrado Corazón de Jesús, por amor de tu misma gloria, protege los esfuerzos de tus Misioneros. Amén.

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MEDITANDO CON LOS SANTOS

Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad

EL ESPÍRITU SANTO NOS RENUEVA EN EL BAUTISMO

El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte; nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del infierno.

Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así como su doctrina.

Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro cuerpo y nuestra alma.

Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu, dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego.

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DEVOCIONARIO

Himno de Pascua

CRISTO EL SEÑOR

Cristo el Señor,
como la primavera,
como una nueva aurora,
resucitó.

Cristo, nuestra Pascua,
es nuestro rescate,
nuestra salvación.

Es grano en la tierra,
muerto y florecido,
tierno pan de amor.

Se rompió el sepulcro,
se movió la roca,
y el fruto brotó.

Dueño de la muerte,
en el árbol grita
su resurrección.

Humilde en la tierra,
Señor de los cielos,
su cielo nos dió.

Ábranse de gozo
las puertas del Hombre
que al hombre salvó.

Gloria para siempre
al Cordero humilde
que nos redimió. Amén.

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ACTOS DE REPARACIÓN

LETANIAS REPARADORAS AL SAGRADO CORAZON

Señor Jesús, me arrodillo ante ti, reconociendo tu presencia real en el santísimo sacramento. Con profundo dolor siento que tantos hombres redimidos por ti, se olvidan y te ofenden; que en tantos Sagrarios estés solitario y en tantos hogares no seas invitado.

Nosotros arrepentidos de nuestros pecados, queremos pedirte perdón por los pecados cometidos en contra de tu presencia real en la Eucaristía.

Por todas las blasfemias, sacrilegios, profanaciones de fiestas, que se cometen contra el nombre de Dios y sus templos. Perdón Señor, perdón.

Por todos los ataques a la Iglesia, persecuciones y propaganda de ateísmo. Perdón Señor, perdón.

Por todos los que abandonan, los que desprecian el Magisterio de los Papas y por todos los falsos profetas. Perdón Señor, perdón.

Por todas las opresiones de gobiernos, de esclavitud, delincuencia; y todas las injusticias laborales, familiares, sociales. Perdón Señor, perdón.

Por toda la inmoralidad y corrupción; en el trabajo profesional, en la política, en las relaciones, espectáculos, diversiones, modas, lecturas, bebidas, drogas. Perdón Señor, perdón.

Por todos los pecados de escándalo y de respeto humano, de inmoralidad y pornografía en el cine, en los periódicos, en la televisión. Perdón Señor, perdón.

Por todos los pecados contra la santidad de la familia y contra la vida y el amor fraterno. Perdón Señor, perdón.

Por lo sacerdotes indignos, por los políticos prepotentes y mentirosos, por todos los abusos de autoridad. Perdón Señor, perdón.

Cristo Jesús, pedimos en especial a tu Corazón que concedas gracias abundantes a los más necesitados, y que nunca permitas que nos apartemos de ti

Amén.

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SANACIÓN Y LIBERACIÓN

 ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS POR UN ENFERMO.

Dulcísimo Jesús, que dijisteis:

«Yo soy la Resurrección y la Vida», que recibiendo y llevando en Vos nuestras enfermedades, curabas las dolencias de cuantos se te acercaban; a Ti acudo para implorar de tu Divino Corazón a favor de los enfermos, suplicándote por intercesión de tu Santísima Madre, la bienaventurada siempre Virgen María, salud de los enfermos, quieras aliviar y sanar en la presente enfermedad a tu siervo …….. , si es conveniente para su bien espiritual y el de mi alma.

Señor Jesús, que al funcionario real que te decía: «Venid, Señor, antes que mi hijo muera», le respondisteis: «Vete, tu hijo vive». Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que al ciego de Jericó, que sentado junto al camino te decía en alta voz: «Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí», le respondiste: «Recupera tu vista, tu fe te ha salvado», y al momento vio. Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que diciendo: «Quiero, sé limpio», limpiaste al leproso, que te decía suplicante: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que librasteis al mudo poseído del demonio, hablando luego con admiración a las turbas el que antes era mudo. Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que sanaste al enfermo que llevaba treinta y ocho años de su enfermedad, junto a la piscina de las ovejas, diciéndole: «Levántate, toma tu camilla y anda» y anduvo.
Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que delante del hijo muerto de la viuda de Naím, enternecido, dijiste a la madre: «No llores»; y tocando el féretro, añadiste: «Joven, a ti te digo, levántate»; entregándolo luego vivo a su madre. Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que dijisteis: «Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados». Sánalo, Señor.

Señor Jesús, que dijisteis: «En verdad, en verdad te digo, que todo cuanto pidieras al Padre, en mi Nombre, os lo dará». Sánalo, Señor.

Omnipotente y sempiterno Dios, eterna salud de los que creen, escúchanos en bien de tus siervos enfermos, por quienes imploramos el auxilio de tu Misericordia; a fin de que recobrada la salud, te den en tu Iglesia ferviente acción de gracias. Por Cristo Nuestro Señor. Así sea.

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NO TE QUEDES SIN LA LECTIO DIVINA…

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