DEVOCIONARIO 27 de Mayo

Encuentra una oración para tu Devoción preferida: Amando a la Santísima Virgen, Conociendo a San José, Adoradores Eucarísticos, Por las Benditas Almas del Purgatorio, Aumenta tu Fe, Orando por los Sacerdotes, Meditando con los Santos, Devocionario, Actos de Reparación, Oraciiones de Sanación y Liberación
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FIAT / AMANDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Oración a María

De San Bernardo.

A Vos, ¡oh Reina del universo, dirigimos nuestras suplicantes miradas! Somos culpables de muchos pecados y tenemos que comparecer delante de nuestro Supremo Juez. ¿Quién le aplacará? Solo Vos, oh bienaventurada Virgen, solo Vos que le amáis tanto y que sois de Él tan amada! ¡Dignaos Santa Madre escuchar nuestros suspiros y nuestras súplicas! ¡Madre de misericordia, nosotros imploramos vuestra protección! Calmad la indignación de vuestro Hijo; haced .que volvamos a su divina gracia. Vos no aborrecéis al pecador, cualquiera que sea su crimen, con tal que arrepentido implore vuestra intercesión. Dignaos tendernos vuestra mano y reconciliarnos con nuestro Juez.

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CONOCIENDO A SAN JOSÉ

ORACIÓN DEL PAPA LEÓN XIII

A Vos, bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que, con su sangre, adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.

Proteged, oh providentísimo Custodio de la Divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asistidnos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defended la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio para que a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

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ADORADORES EUCARÍSTICOS

ORACIÓN DE SAN AMBROSIO

Señor mío Jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia.

Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua. Por eso, Señor de bondad y de poder,
con mis miserias y temores me acerco a Ti, fuente de misericordia y de perdón; vengo a refugiarme en Ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues como juez a pedirme cuentas.

Señor no me da vergüenza descubrirte a Ti mis llagas. Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo Tú conoces; pero confío en tu infinita misericordia.

Señor mío Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchame, pues espero en Ti. Ten compasión de mis pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, Señor, porque diste tu vida en la Cruz y te ofreciste en ella como Redentor por todos los hombres y especialmente por mi. Adoro Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados.

Mira, Señor, a este pobre pecador, creado y redimido por Ti. Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias. Purifícame de todos mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre me ayuden, Señor, a obtener de Ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; me libren de mis malos pensamientos, renueven en mi los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo. Amén.

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POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN DEL ALMA A CRISTO

Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) … (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

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AUMENTANDO NUESTRA FE

TIÉNDEME TUS BRAZOS JESÚS

Cuando despierte cada mañana, tiéndeme tus brazos Señor.

Cuando esté llen@ de temores por no saber que hacer, tiéndeme tus brazos Señor.

En los momentos en que mis problemas sean más grandes que yo, tiéndeme tus brazos Señor.

En la enfermedad y el dolor físico, tiéndeme tus brazos Señor.

Cuando sienta que todas las puertas se me cierran, tiéndeme tus brazos Señor.

Cuando la escasez se manifiesta en mi vida, tiéndeme tus brazos Señor.

En la soledad, la depresión y la angustia, tiéndeme tus brazos Señor.

Cuando mis planes fallan y me siento perdid@, tiéndeme tus brazos Señor.

Cuando veo sufrir a la gente que amo, tiéndeme tus brazos Señor.

Ante la adversidad, tiéndeme tus brazos Señor.

Cuando el mundo se vuelva difícil para mí, tiéndeme tus brazos Señor.

Mi Señor Jesucristo, en todo momento de mi vida necesito sentir que Tú, estás cerca de mí.

Que puedo invocarte con una palabra o una oración y regocijarme en tus brazos.

Necesito saber que estás al alcance de mi pensamiento y de mi intensión.

Ruego a Ti, amado Jesús; hermano mayor de todos los hombres, que cuides de mi en este día y en los momentos más oscuros de mi vida.

Dame la dicha de estar en comunión contigo todos los días y percibir tu bendición en todos los aspectos de mi vida.

Señor Jesucristo, solamente a Ti puedo acudir cuando tengo problemas, cuando estoy enferm@ o desesperad@ y también cuando todo funciona bien en mi vida.

Abre tus brazos protectores a mi familia Señor.

Esos brazos seguros y amorosos que nos protegen del mal, que nos mueven hacia la solución de los problemas y que nos dan la fuerza de espíritu necesaria para combatir cualquier adversidad.

En tus brazos mi Señor, yo entrego mis dificultades de hoy, sobre todo ese problema que no he podido solucionar.

Y en tus brazos Jesús, entrego todos los asuntos de mi familia, los problemas que cada uno tenga, las enfermedades que estén padeciendo; para que Tú, les des el alivio y los ayudes en sus caminos.

Señor, que tu luz protectora cubra todo mi hogar y nos de mucha paz y unión para superar todos los problemas juntos y con mucha comprensión.

Que entre todos sepamos ayudarnos mutuamente, vivir en unión y cordialidad y tenerte presente siempre en nuestros corazones y en nuestra convivencia.

Hoy Señor, es un día para entregarme a Ti, para soltar todo lo que me hace la vida difícil en tus brazos y aprender a vivir livianos, confiando en tu sabiduría y en todo lo que haces por amor a nosotros.

Señor, ayúdame a salir adelante con mis metas y proyectos.

Tú, sabes bien lo que quiero lograr en mi vida, lo que necesito y lo que me hace bien.

Tú, me bendices en este día con la vida, con mi familia y con cosas que muchas personas no tienen.

Yo te alabo y te agradezco por la vida que me das, por las oportunidades que pones en mi camino y porque eres como un faro en medio de la oscuridad guiándome hacia tierra firme.

Recíbeme en tu corazón Señor Jesús, mírame con dulzura y compasión, como solo Tú, lo puedes hacer.

Llena mi vida de tu luz, esa luz que me alimenta el alma, que sana todas mis heridas, que me llena de esperanza y me hace fuerte y capaz.

Tú Señor, eres el poder dentro de mí, eres todo lo que necesito en mi vida.

Desde el fondo de mi corazón, yo te pido Jesucristo misericordioso, que te apiades de mí y me recibas en tus brazos, en cada una de mis dificultades.

Amén.

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ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

ORACIÓN DE JUAN PABLO II

Padre Bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los rasgos de nuestro verdadero rostro.

Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos que, con la palabra y con los sacramentos, preparen el camino para el encuentro contigo.

Padre misericordioso, da a la Humanidad extraviada, hombres y mujeres, que, con el testimonio de una vida transfigurada, a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia la patria celestial.

Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes, que sean testimonios valientes de tu infinita bondad. ¡Amén!

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MEDITANDO CON LOS SANTOS

De los Tratados de san Agustín, obispo

Sobre el evangelio de san Juan

DOS VIDAS

La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.

La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por el apóstol Juan. La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme; en cambio de Juan se dice: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes.» Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla.»

El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.

Aquellas palabras de Cristo: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida no debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: Tú, sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos. Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.

Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.

Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana.

En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñarla con su predicación, la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios —y lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que mirar como en un espejo y oscuramente—, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.

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DEVOCIONARIO

Himno de Pascua

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén.

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ACTOS DE REPARACIÓN

Oración para hacer reparación ante Cristo Eucaristía

Señor Jesús, nos arrodillamos ante Ti, reconociendo tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Te agradecemos inmensamente tu permanencia con nosotros, y la fe que nos has dado.

Con profundo dolor sentimos que tantos hombres, redimidos por ti, te olviden y ofendan; que en tantos sagrarios estés solitario y en tantos hogares no seas invitado.

Nosotros, arrepentidos de nuestros pecados, queremos en la medida de nuestras fuerzas hacerte compañía por cuantos te abandonan, y dedicarte completamente nuestra vida, como ofrenda y desagravio a tu Corazón lleno de amor hacia nosotros.

Santa María, Madre nuestra, confiamos en tu Inmaculado Corazón para que nos alcances gracias para perseverar en la fe, animarnos por la esperanza y vivir la caridad, como satisfacción por todos nuestros pecados y para la salvación del mundo.

Por todas las blasfemias, sacrilegios, profanación de fiestas, que se cometen contra el nombre de Dios y contra sus templos.

-Perdón, Señor, perdón.

Por todos los ataques a la Iglesia, persecuciones y propagandas de ateísmo.

Por los apóstatas, los que desprecian el Magisterio de los Papas y todos los falsos profetas.

Por todas las opresiones de gobierno, de esclavitud, de delincuencia; y todas las injusticias laborales, familiares, sociales.

Por todos los actos inhumanos de violencia, asesinatos, torturas, malos tratos; robos, estafas, extorsiones.

Por toda la inmoralidad y corrupción: en el trabajo profesional, en las relaciones, espectáculos, diversiones, modas, lecturas, bebidas, drogas.

Por todos los pecados de escándalo y de respeto humano.

Por todos los pecados contra la santidad de la familia y contra el amor fraterno.

Por los sacerdotes indignos, por los políticos ambiciosos, por todos los abusos de autoridad.

Cristo Jesús, pedimos en especial a tu Corazón que concedas gracias abundantes a los más necesitados; y que nunca permitas nos apartemos de Ti; sino que aprendiendo en tu Corazón nuestros sentimientos y juicios cada día nos parezcamos más a Ti. Amén.

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SANACIÓN Y LIBERACIÓN

ORACIÓN DE LA MAÑANA A CRISTO JESÚS

 

Cuando la luz de la mañana me avisa que un nuevo día comienza, yo siento que Tú, mi Cristo Jesús, estás en cada rayo de luz que ilumina mi día.

En cada soplo de vida nueva que me transmites con el calor del sol, la brisa de la mañana o el sonido de la lluvia.

Amado Cristo, hoy te abro mi corazón y te recibo con todo mi amor.

Te entrego mi día, todo lo que haga hoy lo dejo en tus manos; todas las decisiones que tome hoy, yo te las dejo a Ti.

Todos los caminos que transite en este día para que Tú, me guíes y me protejas.

Señor Jesucristo, dame tu bendición en esta mañana.

Desde el fondo de mi alma quiero sentirte en todo momento de mi vida, en todo lo que haga a cada instante.

Hoy mi Señor, me conecto contigo, desde lo más profundo de mi ser para alabarte y agradecerte por todas las cosas que has puesto en mi vida.

Te pido mi amado Cristo, que acompañes a mi familia en este día.

Que derrames sobre mis hijos, padres, pareja, hermanos y demás familiares, muchos momentos de alegría y felicidad.

Que protejas sus cuerpos de toda enfermedad y accidente y puedan sanarse pronto de todo lo que los está afectando en estos momentos.

Que tengan mucha fe en que Tú, estás actuando en sus vidas, sanando todas sus enfermedades y carencias.

Señor, te pido que todos mis familiares encuentren verdaderas satisfacciones en sus vidas, en todo lo que hacen y puedan lograr con tu bendición, todo lo que se propongan.

Señor Jesucristo, libera a mi familia del sufrimiento, de todo lo que en este momento no nos permite sentir plena felicidad.

Libéranos de los problemas económicos, que a veces nos atormentan tanto y nos quitan la tranquilidad.

Libéranos también de la enfermedad Señor.

Bendícenos con una salud fuerte, que tengamos esa tranquilidad de vivir con una vida sana y saber que todos estamos bajo tu cuidado.

Perdona nuestras ofensas, amado Cristo, perdona nuestra ignorancia, todas las veces que te ofendemos con nuestro comportamiento, y perdona también nuestra intolerancia con los demás.

Señor, danos en este día, un día maravilloso, que nos recuerde a cada instante que nos levantamos pensando en Ti, orando y sintiendo tu presencia en todo momento.

Guíame Cristo, en mi trabajo, en mis asuntos familiares, de pareja, en mis finanzas y en todo lo que tenga que hacer hoy.

Te alabo Señor, y te doy gracias por tantas maravillas que has hecho en mi vida.

Especialmente por la familia con la que me has bendecido.

Por todas las personas que has puesto en mi camino hasta el día de hoy.

Por todas las experiencias que me han hecho crecer y ser mejor persona cada día.

Te doy gracias por el amor que me tienes y que me demuestras todos los días de mi vida, en todo momento y sobre todo cuando más te necesito.

En tus poderosas manos que sanan todo lo que tocan, dejo todas mis necesidades y problemas que tengo hoy.

Envía la luz de tu Espíritu Santo sobre nuestro hogar, para que ilumine nuestra vida y convivencia como familia y la vida de cada uno de nosotros.

Que esa luz de amor sane todas nuestras diferencias, nos ayude a perdonar y amar con sinceridad.

Gracias Señor, por la vida de mi familia, por mi vida, por mi cuerpo, mis sentidos, mis capacidades, mis dones y mis amistades.

Levanto mis ojos y mis brazos al cielo y recibo tu bendición con emoción, siento que Tu, inundas todo mi ser con tu amor.

Siento que escuchas mi oración, que te alegras por ella y me acompañas en este día.

Bendito y alabado seas por siempre Cristo Jesús.

Amén.

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NO TE QUEDES SIN LA LECTIO DIVINA…

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