Lectio Divina – Reflexión al Evangelio del Martes Séptima Semana de Pascua

“Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador.”

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Visitación de la Santísima Virgen María (F)

Vengan y escuchen l0s que temen al Señor, yo les contaré lo que el Señor hizo por mí.   

Sal 65, 16

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Audios Originales tomados de: https://panversia.com/

Primera lectura de hoy

Del libro de Sofonías    

Sof 3, 14-18

14 ¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén!

15 El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal.

16 Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos!

17 ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! El exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría,

18 como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el oprobio.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo responsorial del día

Libro de los Salmos

Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6   

R/. Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.

«Él es mi Señor y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R/.

«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso». R/.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. R/.

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Evangelio de hoy martes 31 de mayo de 2022

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN san Lucas (Lc 1, 39-56)


“Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.

39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 45 Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

46 María dijo entonces:

«Mi alma canta la grandeza del Señor, 47 y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, 48 porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, 49 porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

50 Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. 51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. 52 Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. 53 Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

54 Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, 55 como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

56 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús
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MEDITACIÓN

Ella nos cubrirá con su manto y amparará a todos sus hijos, para que, desde la fe, esperanza y caridad, podamos compartir la alegría del Amor de Dios.”

En este relato vemos el encuentro entre María, la madre de Jesús, e Isabel, la madre de Juan Bautista, aunque fundamentalmente se da el encuentro entre Jesús y su primo Juan, produciendo alegría inmensa con su Presencia. Para la redacción de este relato, se nota que el autor se inspira en el traslado del arca de la alianza a Jerusalén (cf. 2 Sam 6). “El arca de la alianza era el cofre de maderas preciosas y de oro que guardaba las tablas de la antigua alianza (cf. Éx 25,10-22). Se le presenta a María como esa nueva arca quien le lleva a Jesús, la nueva y definitiva alianza de Dios con toda la humanidad”.

Nos muestra que así como David y los israelitas saltaban de gozo, de júbilo, ante el arca de Dios: “David y todo Israel iban danzando delante del arca con gran entusiasmo, cantando al son de cítaras, arpas, tambores, mandolinas y platillos” (2 Sam 6,5), Juan Bautista, el precursor, salta de alegría en el seno de su madre cuando María ingresa a la casa de Isabel (cf. Lc 6,41.44). Durante tres meses permaneció el arca en una casa y llegó a ser causa de bendición para los habitantes de la zona: “El arca del Señor estuvo tres meses en casa de Obededón, de Gat, y el Señor bendijo a Obededón y a toda su familia” (2 Sam 6,11). Y qué notable: María también permaneció durante tres meses en la casa de Isabel (cf. Lc 6,56) y llegó a ser causa de bendición para toda la familia (cf. Lc 1, 42).

Con esto confirmamos que Dios ha visitado a su pueblo, que Dios nunca se olvida de ninguno de sus hijos. Con esta imagen de la visitación, entendemos que en María siempre está su Hijo, por tanto, al entrar María a nuestra casa, a nuestra vida, entra también Jesús. Una persona muy mariana es Cristocéntrica, ya que Ella siempre lleva a su Hijo y, además, sabe cómo llegar hasta Su Sagrado Corazón, pues como mamá lo cuidó y lo educó, lo conoce tanto que sabe exactamente cómo seducir lo más profundo de su ser para que nos alcance la alegría de la vida.

Esta experiencia de entrega con su sí y su fiat es modelo para nosotros a favor del nuevo Pueblo que se va gestando con la venida del Hijo de Dios. Dichosa tú que has creído María Santísima. Su visita no fue para ir a hablar mal de alguien, ni para escuchar experiencias superficiales de la vida; su visita fue para acompañar y servir, porque ese encuentro es con alguien que también fue favorecida. Era compartir entre dos personas que recibieran una acción extraordinaria de Dios en su vida cotidiana, por tanto, el encuentro suscitaba compartir esa alegría y alabar y glorificar a Dios por las maravillas que obró en ellas. María, sin embargo, tiene una actitud contemplativa ante el gran misterio que se le está revelando, convirtiéndose así en modelo de creyente, quien está llamada a discernir permanentemente la voluntad de Dios y acogerla viviendo a cabalidad en su vida. Ella, “guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19), va reconociendo la Presencia de Dios en su Hijo envuelto en pañales, quien está recostado en un pesebre. ¿Por qué será que Dios se manifiesta de manera tan pobre y sencilla, en un bebé? ¿Qué nos quiere decir con eso?

Desde el inicio Dios elige la pequeñez para manifestar su grandeza, el camino del ser humano, y más aún, el de una mujer dentro de una familia para mostrar su rostro pequeñito, indefenso, totalmente dependiente de sus padres. Por eso, san Pablo en su carta a los cristianos de Filipos expresa en el abajamiento de Dios, la intención más profunda: se despoja de su categoría de Dios, se hace bebé, en obediencia acepta la muerte de Cruz. Qué camino más difícil. María siempre a su lado, contemplando en silencio la gran manifestación del Amor de Dios para la humanidad. Aunque haya experiencias de alegría y de dolor, ella siempre desde el silencio acompañó con el amor que sólo una madre puede dar a su Hijo.

El Magníficat es un canto como el himno de la gloria de María (cf. La pequeña obra de San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María). Se le glorifica porque creyó en Dios y permitió que hiciese en y por ella grandes cosas. Paraguay, tierra de María, también alaba al Señor por las maravillas obradas en sus hijos a lo largo de su historia. Estamos seguros que en esta pandemia Ella nos cubrirá con su manto y amparará a todos sus hijos, para que, desde la fe, esperanza y caridad, podamos compartir la alegría del Amor de Dios, el principio fundamental de toda sanación. Gracias María, dichosa María, porque en ti Dios inició las grandes obras con las que cumple su promesa auxiliando a los pobres, a los humildes y desvalidos. Gracias María por la alegría en tu corazón de ser favorecida y por compartir con nosotros los hombres de generación en generación.

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