Reflexión al Evangelio de hoy y Lecturas del día, lunes 13 de junio de 2022 «Lectio Divina»

“Da al que te pide, y no le vuelvas la espalada al que quiere pedirte algo prestado”

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San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia (MO)

El Señor es mi herencia y mi cáliz; tú me entregas mi herencia.

Sal. 15, 5-6.-   

 

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Audios Originales tomados de: https://panversia.com/

Primera lectura de hoy

Lectura del primer libro de los Reyes        

1R 21, 1-16

Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. Ajab dijo a Nabot: «Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero». 3 Pero Nabot respondió a Ajab: «¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!».

4 Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: «No te daré la herencia de mis padres». Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado. 5 Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: «¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?». 6 El le dijo: «Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: «Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio». Pero él respondió: «No te daré mi viña».

7 Su esposa Jezabel le dijo: «¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!».

8 En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. 9 En esa carta escribió: «Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. 10 Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: «Tú has maldecido a Dios y al rey». Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas».

11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. 12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. 13 En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey». Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. 14 Y mandaron decir a Jezabel: «Nabot fue apedreado y murió».

15 Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: «Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto». 16 Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

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Salmo responsorial del día

Libro de los Salmos

Sal 5    

R/. Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío. R/.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.  R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

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Evangelio de hoy lunes 13 de junio de 2022

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN San Mateo (Mt 5, 38-42)


“si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 38 ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. 39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús
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MEDITACIÓN

Al cristiano no se le permite devolver mal por mal, nunca debería hacer mal a nadie, aunque se lo hayan hecho; al contrario, debe devolver bien por mal.”

“Antonio nació en Lisboa en el año 1195. San Francisco de Asís le tenía un especial afecto, y lo llamaba ‘mi obispo’. A pesar de la vasta formación cultural que había recibido en su juventud, estuvo a cargo de la cocina en un convento franciscano, cerca de Forlí, Italia. Cuando los demás monjes advirtieron su capacidad, lo animaron para que se desempeñara como predicador en el norte del país y de Francia. Murió en el año 1231, y al año siguiente, fue canonizado debido a su gran popularidad”

(La Liturgia Cotidiana, San Pablo, Paraguay, 13/06/2022, pág. 47).

Lo que hace Jesús es salir al paso de la legislación entonces vigente en el medio rabínico. Siguiendo lo que había expresado: “Han oído que se dijo… pero yo les digo…”. Es una reafirmación de la divina autoridad de Jesús, que está sobre los profetas y legisladores del Pueblo de Dios y sobre la ley misma. En el fondo, es una clara afirmación de la divinidad de Jesús. Él siendo el Mesías, Dios encarnado, tiene la autoridad para concretar lo que está previsto en el plan eterno de salvación. Ciertamente hemos explicado que existe un respeto y pedido de cumplimiento con lo mínimo, pero el creyente cristiano no debe quedarse con lo mínimo, pues Dios no sólo mira lo que se hace, sino que mira el corazón, sabiendo las profundas intenciones que anidan en él.

Lo que Jesús nos está enseñando es ir desterrando la venganza y romper con la cadena de violencia. Sólo el amor es capaz de cambiar un corazón y una vida. La ley del Talión, “ojo por ojo y diente por diente” (cf. Lev 24,19-20), fue necesaria en una cultura primitiva en que la venganza no tenía límite alguno. En su tiempo fue una ley progresista. Esta ley del talión se basaba en el principio de retribución: haz lo mismo que te hayan hecho. Es decir, si una persona te hizo un daño en un ojo, la persona dañada tiene derecho de hacerle daño en la misma proporción hasta un ojo también, no más que eso. Y si alguien la rompió a una persona un diente, la persona que sufrió la ruptura de un diente tiene derecho hasta romperle un diente al agresor.

Jesús niega que sea válido concretar este principio, afirmando que sus discípulos no deben buscar la venganza. La ley del Talión era una ley del derecho romano, ojo por ojo, lo que quiere decir, se castigará con el mismo daño, que se le haya hecho a la otra persona; esta ley regía en todo el Oriente, no sólo en el Pueblo de Dios, pero Jesús vino a perfeccionar también esta ley. Les enseña aceptar el camino de la humillación, estando dispuestos a sufrir la injusticia que se les hace y prestar el servicio necesario y requerido en cada momento, porque esa es la voluntad de Dios. Sabemos que la venganza engendra venganza, y así la cadena nunca se soltará, entonces; el único camino que se propone con Jesús es el perdón, aunque se tenga que pasar humillaciones de toda laya.

La ley del Talión favorecería más a la justicia que a la misericordia, sin embargo, Él prefiere la misericordia: “Vayan a aprender qué significa aquello de misericordia quiero, y no sacrificio” (Mt 9,13). En el fondo, Jesús prefiere el sentimiento interior de un corazón sincero y compasivo, a la práctica rigorista y exterior de la ley. Si la ley del Talión respondía a un espíritu de justicia, no responde al Espíritu del Evangelio, que es pura caridad, ni responde al concepto de justicia que encontramos en las palabras de Jesús, relacionándose más bien con la misericordia. Es superar cualitativamente el concepto de la venganza, si bien era lo más justo que había, por el de misericordia que presupone el perdón, ya que se regala un gesto de perdón, aunque no exista mérito alguno. Si alguien te da una bofetada en una mejilla, preséntale la otra, es una forma literaria, hiperbólicamente, excesiva y fuertemente llamativa, es decir, no debería entenderse al pie de la letra, sino que se debe penetrar en lo que nos quiere comunicar. Jesús había reprendido y echó en cara cuando le abofetearon: “Si he hablado mal, muestra en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23). Lo que nos enseña es que al cristiano no se le permite devolver mal por mal, nunca debería hacer mal a nadie, aunque se lo hayan hecho; al contrario, debe devolver bien por mal: “No te dejes vencer por el mal; por el contrario, vence al mal haciendo el bien” (Rom 12,21). Recordemos que Jesús se pasó haciendo el bien siempre y a todos. Hasta llegó también a perdonar a sus verdugos, pidiendo al Padre que no les tenga en cuenta aquel pecado.

El cristiano debería oponer la dulzura a la violencia, el desinterés a la avaricia, la renuncia de sus derechos a las exigencias injustas, el perdón a la venganza. Es decir, espíritu de benevolencia y caridad, que lo llevará a no negar su ayuda al hermano que lo solicite, esto es, si el discípulo de Jesús no regatea nada cuando se trata de ayudar a un prójimo suyo, está cumpliendo el precepto de la ley: “Amarás al prójimo, como a ti mismo”. El cristiano está llamado siempre a ser generoso en estos temas, perdonando, aunque no haya méritos de por medio. Nosotros en nuestro tiempo demasiado nos movemos a obrar en relación a lo que se merece, que en el fondo es algo justo, pero la enseñanza de Jesús plenifica apuntando al don, al regalo, aunque no se merezca la persona. Es hacer el bien sin mirar a quién, buscando y concretando siempre la voluntad de Dios. Recordemos que las exigencias de Jesús son expresiones de amor y no mera preocupación por los preceptos, de ahí que siempre será más exigente para el cristiano que para las personas judías que vivían en tiempo del Antiguo Testamento.

Estas exigencias de Jesús no van en contra del orden necesario de la sociedad. El mismo Jesús se constituye en paradigma: pide explicación a quien le ha herido (cf. Mc 14,48; Jn 18,23) y sufre la humillación; manda incluso a sus discípulos que compren una espada para defenderse de sus enemigos (cf. Lc 22,33) y Pablo apela, para defenderse de la injusticia, a su calidad de ciudadano romano y recurre incluso al tribunal supremo, al César. Pero también es cierto que obró haciendo el bien, perdonando y siendo misericordioso, lo que en la época era impensable se pudiere concretar.

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