DEVOCIONARIO a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Esta imagen recuerda el cuidado de la Virgen por Jesús, desde su concepción hasta su muerte, y que hoy sigue protegiendo a sus hijos que acuden a ella.

Oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

¡Santísima Virgen María, que para inspirarme confianza habéis querido llamaros Madre del Perpetuo Socorro! Yo os suplico me socorráis en todo tiempo y en todo lugar; en mis tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en todas las miserias de la vida y, sobre todo, en el trance de la muerte. Concédeme, ¡oh amorosa Madre!, el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a Vos; porque estoy cierto de que, si soy fiel en invocaros, Vos seréis fiel en socorrerme. Alcanzadme, pues, la gracia de acudir a Vos sin cesar con la confianza de un hijo, a fin de que obtenga vuestro perpetuo socorro y la perseverancia final. Bendecidme y rogad por mí ahora y en la hora de mi muerte. Así sea.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Rogad a Jesús por mí, y salvadme.

II

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, en cuyos brazos el mismo Niño Jesús parece buscar seguro refugio; ya que ese mismo Dios hecho Hijo tuyo como tierna Madre lo estrechas contra tu pecho y sujetas sus manos con tu diestra, no permitas, Señora, que ese mismo Jesús ofendido por nuestras culpas, descargue sobre el mundo el brazo de su irritada justicia; sé tú nuestra poderosa Medianera y Abogada, y detenga tu maternal socorro los castigos que hemos merecido.

En especial, Madre mía, concédeme la gracia que te pido.

Amén.

III

Santísima y siempre pura Virgen María, Madre de Jesucristo, Reina del mundo y Señora de todo lo creado; que a ninguno abandonas, a ninguno desprecias ni dejas desconsolado a quien recurre a Ti con corazón humilde y puro. No me deseches por mis gravísimos e innumerables pecados, no me abandones por mis muchas iniquidades, ni por la dureza e inmundicia de mi corazón me prives de tu gracia y de tu amor, pues soy tu hijo.

Escucha a este pecador que confía en tu misericordia y piedad: socórreme, piadosísima Madre del Perpetuo Socorro, de tu querido Hijo, omnipotente Dios y Señor nuestro Jesucristo, la indulgencia y la remisión de todos mis pecados y la gracia de tu amor y temor, la salud y la castidad y el verme libre de todos los peligros de alma y cuerpo.

En los últimos momentos de mi vida, sé mi piadosa auxiliadora y libra mi alma de las eternas penas y de todo mal, así como las almas de mis padres, familiares, amigos y bienhechores, y las de todos los fieles vivos y difuntos, con el auxilio de Aquel que por espacio de nueve meses llevaste en tu purísimo seno y con tus manos reclinaste en el pesebre, tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que es bendito por los siglos de los siglos.

Amén.

IV

Oh Madre del Perpetuo Socorro, concédeme la gracia de que pueda siempre invocar tu bellísimo nombre ya que él es el Socorro del que vive y Esperanza del que muere. Ah María dulcísima, María de los pequeños y olvidados, haz que tu nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Cada vez que te llame, Madre mía, apresúrate a socorrerme, pues, en todas mi tentaciones, y en todas mis necesidades propongo no dejar de invocarte diciendo y repitiendo: María, María, Madre Mía.

Oh qué consuelo, qué dulzura, qué confianza, qué ternura siente todo mi ser con sólo repetir tu nombre y pensar en ti, Madre Mía. Bendigo y doy gracias a Dios que te ha dado para bien nuestro ese nombre tan dulce, tan amable y bello. Mas no me contento con pronunciar tu bendito nombre, quiero pronunciarlo con amor, quiero que el amor me recuerde que siempre debo acudir a ti, Madre del Perpetuo Socorro.

Amén.

Oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro por una ayuda financiera

Oh querida Madre de todos, tú que eres el perpetuo socorro, no sólo en lo espiritual, sino también en las necesidades temporales, te pedimos que nos ayude en el presente por las preocupaciones financieras.

Debido a circunstancias inevitables que han surgido en nuestras vidas, estamos en una gran necesidad financiera y la vergüenza se ha apoderado de nuestro hogar, ya que no somos capaces de cumplir con nuestras deudas.

No estamos pidiendo, oh querida Madre del Perpetuo Socorro, la riqueza, si la misma no está de acuerdo a la voluntad de Dios. Nosotros simplemente te solicitamos la asistencia divina que nos ayude a resolver nuestras obligaciones presentes.

Creemos, querida Santa Madre de Dios, que tú eres extremadamente amable y generosa con todos tus hijos amorosos y dedicados.

Te rogamos, por lo tanto, querida Madre, nos concedas la ayuda que necesitamos con urgencia.

Estamos tratando con mucha perseverancia en resolver nuestro problema con todas nuestras fuerzas humanamente posibles, pero creemos que con tu poderosa intercesión con el Señor Jesucristo, tu Hijo y nuestro Redentor, puedas aliviarnos estas cargas.

Por nuestro Señor Jesucristo

Amén.

Súplicas a nuestra Señora del Perpetuo Socorro en alivio de las almas del Purgatorio.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Tan grande es tu bondad, que no puedes descubrir miserias sin compadecerte. Mira, te suplicamos, con caritativos ojos las afligidas almas que sufren en el purgatorio, sin poderse procurar alivio alguno en sus tremendas penas, y muévete a compasión. Por tu piedad y por el amor que tienes a Jesús, te pedimos mitigues sus sufrimientos, y les procures eterno descanso. Pero ¡ah! ¡Cuán dolorosa debe  ser para tu maternal corazón la conducta de innumerables cristianos, que dejan en el olvido a las pobres almas del purgatorio! ¡Esperan nuestros sufragios y apenas hay quien se acuerde de ellas! ¡O María! dígnate inspirar a todos los fieles una tierna y viva compasión por nuestros hermanos difuntos; comunícales un ardiente deseo de ofrecer por ellas obras satisfactorias, y ganar, en su favor, cuantas indulgencias les sean aplicables, a fin de que pronto vayan a gozar de Dios. Oye ahora las súplicas que por ellas te hacemos:
Para que salgan de aquella tenebrosa cárcel, imploramos tu perpetuo socorro, oh Madre de bondad.
Para que Dios les perdone la pena de sus pecados (*)
Para que se abrevie el tiempo de sus sufrimientos,
Para que se apaguen sus llamas abrasadoras,
Para que un rayo de luz celestial ilumine sus horrendas tinieblas,
Para que alcancen alivio en sus penas y amargas angustias,
Para que su tristeza se cambie en perpetua alegría, imploramos tu perpetuo socorro, oh Madre de bondad.
Para que se mitigue su ardiente sed de los bienes eternos, (*)
Para que se llenen pronto sus deseos vivísimos de entrar en la gloria.
Por las almas de nuestros padres e hijos, 
Por las almas de nuestros parientes,
Por las almas de nuestros amigos, 
Por las almas de nuestros bienhechores, 
Por las almas que sufren en aquellas llamas por culpa nuestra,
Por las almas de aquellos, que en su vida nos hicieron sufrir,
Por las almas más desamparadas,
Por las almas que sufren mayores tormentos,
Por las almas que están más cerca de entrar en el cielo,
Por las almas que durante su vida te han amado más a ti y a tu divino Hijo, 
Por las almas de aquellos que sufren hace más tiempo,
Por todas las benditas almas del purgatorio,
Por tu inefable misericordia,
Por tu inmenso poder, imploramos tu perpetuo socorro, oh Madre de bondad, (*)
Por tu maternal bondad, 
Por tu incomparable maternidad, 
Por tus preciosas lágrimas,
Por tus acerbos dolores, 
Por tu santa muerte,
Por las cinco llagas de tu amado Hijo,
Por su dolorosísima muerte en el árbol de la Cruz,
Para que se apliquen con abundancia a los difuntos las súplicas de los vivos,
Para que la gloriosa legión de los santos las socorra sin cesar, 
Para que los nueve coros de los ángeles las reciban con regocijo,
Para que tus ojos maternales les echen una mirada de compasión,
Para que las haga felices la vista de tu divino Hijo, Para que por la contemplación de la Santísima Trinidad sean bienaventuradas,
Para que se haga cada día más fervorosa nuestra devoción a las almas,
Para que se ofrezcan siempre más y más oraciones, indulgencias y obras satisfactorias por ellas,
Para que nosotros recibamos el premio eterno de nuestra devoción a las almas, imploramos tu perpetuo socorro, oh Madre de bondad.
Para que las almas, que hayamos librado del purgatorio, hagan un día lo mismo con nosotros, imploramos tu perpetuo socorro, oh Madre de bondad.

Oración: ¡Oh Madre compasiva del Perpetuo Socorro!, mira te ruego, a esas afligidas almas que la justicia de Dios tiene sumergidas en las llamas del purgatorio. Ellos son caros objetos del amor de tu divino Hijo; ellas lo han amado durante su vida, y al presente se abrasan en deseos de verle y poseerle; pero no pueden romper sus cadenas por sí mismas, ni salir del fuego terrible que las devora. ¡Conmueva tu tierno corazón la vista de su dolor!  Dígnate consolar a esas almas que te aman y suspiran sin cesar por Ti; son hijas tuyas, muestra que eres para ellas Madre del Perpetuo Socorro. Visítalas, mitiga sus penas, abrevia sus sufrimientos, y apresúrate a librarlas alcanzando de tu divino Hijo les aplique los méritos infinitos del santo sacrificio que por ellas se celebra.
Amén.
Un Credo por los devotos.

Oración por los hijos a Virgen del Perpetuo Socorro

¡Madre Mía, socorre a mis hijos! 
Que esta palabra sea el grito de mi corazón desde la aurora.
¡Oh María! que tu bendición los acompañe, los guarde, los defienda, los anime,
los sostenga en todas partes y en todas las cosas.

Cuando postrados ante la presencia del Señor le ofrezcan sus tributos de alabanza y oración,
cuando le presenten sus necesidades o imploren sus Divinas Misericordias, 
¡Madre Mía socorre a mis hijos!

Que cuando se dirijan al trabajo o al estudio donde el deber los llama;
pasen de una ocupación a otra, a cada movimiento que ejecuten,
a cada paso que den y a cada nueva acción 
¡Madre Mía, socorre a mis hijos!

Cuando la prueba venga a ejercitar su debilísima virtud y el cáliz de sufrimiento se muestre ante sus ojos;
ten Divina Misericordia y purifícalos por el sufrimiento, 
¡Madre Mía, socorre a mis hijos!

Cuando el infierno desencadenado contra ellos, se esfuerce en seducirlos con los atractivos del placer, las violencias de las tentaciones y los malos ejemplos, 
¡Madre Mía, socorre y preserva de todo mal a mis hijos!

Y cuando en la noche se dispongan al descanso a fin de continuar con nuevo fervor al día siguiente su camino hacia la patria eterna 
¡Madre Mía, socorre a mis hijos! 

Que tu bendición Madre Mía, descienda sobre ellos, en el día, en la noche, en el consuelo, en la tristeza, en el trabajo, en el descanso, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte.

Amén

Rezar tres Ave María con esta oración por los hijos a la Virgen del Perpetuo Socorro.

Oh Señora Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros que acudimos a ti. Te confiamos a todos los hijos para que los guíes y protejas siempre. Amén.

Por el perdón

Santísima y siempre pura Virgen María, Madre de Jesucristo, Reina del mundo y Señora de todo lo creado; que a ninguno abandonas, a ninguno desprecias ni dejas desconsolado a quien recurre a Ti con corazón humilde y puro.

No me deseches por mis gravísimos e innumerables pecados, no me abandones por mis muchas iniquidades, ni por la dureza e inmundicia de mi corazón me prives de tu gracia y de tu amor, pues soy tu hijo.

Escucha a este pecador que confía en tu misericordia y piedad: socórreme, piadosísima Madre del Perpetuo Socorro, de tu querido Hijo, omnipotente Dios y Señor nuestro Jesucristo, la indulgencia y la remisión de todos mis pecados y la gracia de tu amor y temor, la salud y la castidad y el verme libre de todos los peligros de alma y cuerpo.

En los últimos momentos de mi vida, sé mi piadosa auxiliadora y libra mi alma de las eternas penas y de todo mal, así como las almas de mis padres, familiares, amigos y bienhechores, y las de todos los fieles vivos y difuntos, con el auxilio de aquel que por espacio de nueve meses llevaste en tu purísimo seno y con tus manos reclinaste en el pesebre, tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que es bendito por los siglos de los siglos. Amén.

Petición en casos desesperados

Oh Madre del Perpetuo Socorro, concédeme la gracia de que pueda siempre invocar tu bellísimo nombre ya que él es el Socorro del que vive y Esperanza del que muere. Ah María dulcísima, María de los pequeños y olvidados, haz que tu nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Cada vez que te llame, Madre mía, apresúrate a socorrerme, pues, en todas mi tentaciones, y en todas mis necesidades propongo no dejar de invocarte diciendo y repitiendo: María, María, Madre Mía.

Oh qué consuelo, qué dulzura, qué confianza, qué ternura siente todo mi ser con sólo repetir tu nombre y pensar en ti, Madre Mía. Bendigo y doy gracias a Dios que te ha dado para bien nuestro ese nombre tan dulce, tan amable y bello. Mas no me contento con pronunciar tu bendito nombre, quiero pronunciarlo con amor, quiero que el amor me recuerde que siempre debo acudir a ti, Madre del Perpetuo Socorro.

Triduo

INVOCACIONES

A cada invocación se responde:

«Madre de amor, ven en mi socorro»

* Madre del Perpetuo Socorro, cuyo solo nombre inspira confianza: R/.
* En el momento difícil de la prueba, para ser fuerte. R/.
* Cuando haya tenido la desgracia de caer, para que vuelva a levantarme. R/.
* Frente a la mentira y a la injusticia, frente al afán de poseer para mantenerme libre. R/.
* Si se oscurece mi fe, decae mi esperanza y me enfrío en el amor. R/.
* Al participar en los sacramentos y en el servicio a Dios y a los hermanos. R/.
* En todos los acontecimientos y ocupaciones de la vida. R/.
* Para estar atento a la Palabra de Dios y responder a sus dones. R/.
* Para conseguir con mi ejemplo que los demás te invoquen y te amen. R/.
* Madre mía, para ser fiel a Cristo, hasta llegar a la gloria del Padre. R/.

Rezar la oración del día correspondiente:

DÍA PRIMERO

ORACIÓN.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Aquí tenéis a vuestros pies a un miserable pecador que a Vos acude y en Vos confía. Madre de misericordia, tened piedad de mi. Oigo que todos os llaman Refugio y Esperanza de los pecadores; sed, pues, el refugio y la esperanza mía. Socorredme por amor de Jesucristo, tended la mano a un miserable caído que a Vos se encomienda y se consagra por vuestro siervo perpetuo. Bendigo y doy gracias a Dios que por su misericordia me ha concedido esta confianza en Vos, que yo miro como una prenda de mi salvación. ¡Ah, infeliz de mi! En el tiempo pasado he caído en la culpa por no haber acudido a Vos; y tengo por cierto que si a Vos me encomiendo me ayudaréis y saldré victorioso; pero este es mi temor; que en las ocasiones de pecar deje de llamaros en mi ayuda y así me pierda. Concededme, pues, esta gracia que ardientemente os pido; alcanzadme que en los asaltos del infierno recurra a Vos diciendo; María, ayudadme; Virgen del Perpetuo Socorro, no permitaís que pierda a mi Dios.

Rezar cinco Avemarías. Hacer la petición del favor que se desea obtener con este triduo. Terminar con laoración final para todos los días.

*  *  *

DÍA SEGUNDO

ORACIÓN.

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! Concededme la gracia de que pueda siempre invocar vuestro poderosísimo nombre, ya que él es el socorro del que vive y la salvación del que muere. ¡Ah, María dulcísima, María purísima! haced que vuestro nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Cada vez que os llame, Señora mía, apresuraos a socorrerme, pues en todas mis necesidades propongo no dejar de invocaros, diciendo y repitiendo: ¡María, María!… ¡Oh qué aliento, qué dulzura, qué confianza, qué ternura no siente mi alma con solo repetir vuestro nombre y pensar en Vos! Doy gracias a Dios, que os ha dado para bien mío ese nombre tan dulce, tan amable y tan poderoso! Mas no me contento con pronunciar vuestro bendito nombre; quiero pronunciarlo por amor, quiero que el amor me recuerde que siempre debo llamaros: Madre del Perpetuo Socorro.

Rezar cinco Avemarías. Hacer la petición del favor que se desea obtener con este triduo. Terminar con laoración final para todos los días.

*  *  *

DÍA TERCERO

ORACIÓN.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Vos sois la dispensadora de todas las gracias que Dios nos concede a nosotros pecadores; y si os ha hecho tan poderosa, tan rica y tan benigna, es para que nos socorráis en nuestras miserias. Vos sois la abogada de los reos más abominables y desamparados que a Vos recurren; socorredme también a mí, que a Vos me encomiendo, en vuestras manos pongo mi eterna salvación y a Vos entrego mi alma; contadme en el número de vuestros más especiales siervos; acogedme bajo vuestra protección, y eso me basta. Si, porque si Vos me protegéis ya nada temeré; no temeré mis pecados, porque Vos me alcanzaréis perdón de ellos; no a los demonios, porque Vos sois mas poderosa que todo el Infierno; no temeré a mi propio Juez, Jesucristo, porque con una súplica vuestra El se aplaca. Solo temo que por mi descuido deje de encomendarme a Vos, y así me pierda. Obtenedme, Señora mía, el perdón de mis pecados, el amor a Jesucristo, la perseverancia final y la gracia de acudir siempre a Vos, ¡oh Madre del Perpetuo Socorro!

Rezar cinco Avemarías. Hacer la petición del favor que se desea obtener con este triduo. Terminar con laoración final para todos los días.

*  *  *

ORACIÓN FINAL

V. Te has hecho, Señora, nuestro Refugio.
R. Socorriéndonos oportunamente en la tribulación.

ORACION.

Dios Omnipotente, que en tu misericordia nos diste la Imagen de tu Bienaventurada Madre, para que con el titulo especial de Perpetuo Socorro la venerásemos: concédenos, Señor, que en todas las vicisitudes de nuestra peregrinación en esta vida seamos, con la continua protección de la Inmaculada y siempre Virgen María, asistidos y amparados y merezcamos conseguir los premios eternos de tu Redención. Que vives y reinas por los de los siglos. Amén.

Novena a Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

Oración

(rezada por todos)

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! Aquí tienes a tus pies a un humilde servidor que a ti acude y en ti confía. Madre de misericordia, ten piedad de mí. Oigo que todos te llaman Refugio y Esperanza de los pecadores; sé, pues, mi refugio y Esperanza. Socórreme por amor a Jesucristo, tiende la mano a un servidor caído que a ti se encomienda y se consagra para siempre a ti. Bendigo y doy gracias Dios, que por su misericordia me ha concedido esta confianza en ti, que yo miro como un signo de salvación. ¡Infeliz de mí! En el pasado he caído en la culpa de no haber acudido a ti, y tengo por cierto que, si a ti Madre mía me encomiendo, me ayudarás y saldré victorioso. Pero este es mi temor: que en las ocasiones de pecar deje de llamarte en mi ayuda y así me pierda. Concédeme, pues, esta gracia que ardientemente te pido: que en los asaltos del mal recurra a ti, diciendo: Maria, ayúdame; Virgen del Perpetuo Socorro, no permitas que pierda el amor a Dios.

(Se reza tres veces avemaría)

Oh Madre del Perpetuo Socorro, concédeme la gracia de que pueda siempre invocar tu bellísimo nombre ya que es el Socorro del que vive y Esperanza del que muere. Ah, María, María de los pequeños y olvidados, haz que tu nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Cada vez que te llame, Madre mía, apresúrate a socorrerme, pues, en todas mis tentaciones, y en todas mis necesidades propongo no dejar de invocarte diciendo y repitiendo: María, María, Madre Mía. Oh que consuelo, que dulzura, que confianza, que ternura siente todo mi ser con sólo repetir tu nombre y pensar en ti, Madre Mía. Bendigo y doy gracias a Dios que te ha dado para bien nuestro ese nombre tan dulce, tan amable y bello. Mas no me contento con pronunciar tu bendito nombre, quiero pronunciarlo con amor, quiero que el amor me recuerde que siempre debo acudir a ti, Madre del Perpetuo Socorro.

(Se reza tres veces avemaría)

Líder:: Ruega por nosotros, Madre del Perpetuo Socorro.

Todos: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración

Líder: Señor Jesús, que nos diste a tu Madre Santísima para que con el titulo insigne de Madre del Perpetuo Socorro la venerásemos, te suplicamos que los que imploran con frecuencia su maternal favor, participemos constantes de los frutos de tu Redención, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Invocaciones

Líder: ¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! Nuestros corazones rebozan de confianza en ti a causa del nombre que llevas. Acudimos a ti y queremos manifestarte nuestras necesidades; venimos a implorar tu maternal socorro. Escucha, Madre, nuestras humildes súplicas.

A cada invocación se responde:

Madre del Amor, ven en mi socorro.

  • ¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro, cuyo solo nombre inspira confianza! …
  • Si alguna esclavitud nos encadena al pecado, para romperla…
  • Contra las seducciones del mundo y todo lo que nos oprime…
  • Si vivimos en la tibieza, para que nos reanimemos…
  • En la recepción de los sacramentos y en el cumplimiento de los deberes cristianos…
  • En todas las pruebas y trabajos de la vida….
  • Contra nuestra propia inconstancia, y para perseverar hasta el fin…
  • Para que siempre promovamos el Amor, la fraternidad y la justicia…
  • Para que nuestra vida sea siempre evangelio…
  • ¡Oh, Madre nuestra, hasta nuestro último suspiro!..


    (Se canta un himno apropiado)


    Oración a nuestra Madre

    (Rezada por todos)

    Oh, Santísima Virgen María, que para inspirarnos una confianza sin límites has querido tomar el dulcísimo nombre de Madre del Perpetuo Socorro, te imploramos nos socorras en todo tiempo y en todo lugar, en las tentaciones, después de las caídas, en las dificultades, en todas las miserias de la vida y sobre todo en el trance de la muerte.
    Concédenos, Oh amorosa Madre el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a ti porque estamos ciertos de que si somos fieles en invocarte tu serás fiel en socorrernos.
    Obtén para nosotros esta gracia de las gracias, la gracia de suplicarte sin cesar con la confianza de hijos a fin de que por la virtud de esta súplica constante obtengamos tu perpetuo socorro y la perseverancia hasta el fin.
    Bendícenos Oh tierna y cariñosa Madre, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.
    Amén.



    Bendición de los enfermos

    Líder: Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
    Todos: Que hizo el cielo y la tierra.

    Líder: Oye, Señor, mi oración.
    Todos: Y mi clamor llegue a Ti.

    Líder: El Señor esté con ustedes.
    Todos: Y también contigo.

    Líder: Oh Señor Misericordioso, consolador de los fieles, te rogamos humildemente, que visites a todos los enfermos de nuestra Comunidad de fe, como visitaste a la suegra de Simón. Ayúdalos, Señor, para que, fortalecidos con tu presencia, perseveren en la fe y en el amor. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas, por los siglos de los siglos.
    Todos: Amén.

    Todos:Oh Madre del Perpetuo Socorro, que seas amada, seas venerada, seas invocada y seas eternamente bendita porque tu eres mi esperanza, mi amor, mi Madre y mi vida. Amén.


    Oración por las vocaciones

    Lider: Señor Jesús, tu has querido que nosotros colaboremos contigo en la salvación del mundo. La cosecha es grande, pero los obreros son pocos. Nuestro pueblo necesita hombres y mujeres comprometidos con el Evangelio; necesita jóvenes que están dispuestos a dar su vida por la causa del Reino de Dios. Te pedimos, por la intercesión de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, que de entre nuestras familias, suscites jóvenes que consagren sus vidas a los mas necesitados. Haz que nuestros jóvenes, al igual que María, no sólo escuchen tu llamada sino también que sepan responderte con generosidad. Envía, pues, Señor, a tu pueblo sólidos matrimonios cristianos, solteros que se entreguen al servicio de la comunidad, sacerdotes y religiosos a tu Iglesia, particularmente a nuestra Congregación Redentorista. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
    Amén.


    Todos: Que por la intercesión de nuestra Madre del Perpetuo Socorro, Dios nos bendiga a todos: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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