Reflexión al Evangelio de Hoy y Lecturas del día, Domingo 3 de julio de 2022 «Lectio Divina»

“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”

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Santo Tomás, apóstol (F), no se celebra por coincidir domingo

En tu santo templo, Señor, evocamos tu misericordia; la gloria de tu nombre llega hasta los confines de la tierra. Tu derecha está llena de justicia.

Sal. 47, 10-11

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Audios Originales de: https://panversia.com/

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías  

Is 66, 10-14

10 ¡Alégrense con Jerusalén y regocíjense a causa de ella, todos los que la aman! ¡Compartan su mismo gozo los que estaban de duelo por ella, 11 para ser amamantados y saciarse en sus pechos consoladores, para gustar las delicias de sus senos gloriosos!

12 Porque así habla el Señor: Yo haré correr hacia ella la prosperidad como un río, y la riqueza de las naciones como un torrente que se desborda. Sus niños de pecho serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas. 13 Como un hombre es consolado por su madre, así yo los consolaré a ustedes, y ustedes serán consolados en Jerusalén.

14 Al ver esto, se llenarán de gozo, y sus huesos florecerán como la hierba. La mano del Señor se manifestará a sus servidores, y a sus enemigos, su indignación.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

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Salmo Responsorial

Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna eternamente. R/.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor. R/.

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Segunda lectura de hoy

Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas

Gal 6, 14-18

Hermanos: 14 Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. 15 Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura.

16 Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. 17 Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús.

18 Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Lucas

Lc 10, 1-12. 17-20

“RUEGUEN AL DUEÑO DE LOS SEMBRADOS QUE ENVÍE TRABAJADORES PARA LA COSECHA”

En aquel tiempo, 1 el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. 2 Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. 3 ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. 4 No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. 5 Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!». 6 Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. 7 Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. 8 En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes».

10 Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: 11 ¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca». 12 «Les aseguro que en aquel día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad».

17 Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».

18 Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. 20 No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

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MEDITACIÓN

“TODO BAUTIZADO ESTÁ LLAMADO A LA MISIÓN EN LA IGLESIA Y BAJO EL MANDATO DE IGLESIA”

«porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia». La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia. En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos» y que hace falta pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera»” (EG 13).

Enviados para preceder y preparar la venida de Jesús, yendo no en nombre propio sino de Jesús para que Lo reciban los destinatarios. Tenemos una serie de recomendaciones, como las que recibieron los doce (cf. Lc 9,1-5). Lo primero: que recen para que haya operarios para la mies. La obra es de Dios, y hay que ponerse en actitud de oración pidiéndole que haya muchos enviados para la misión. Envío imperativo: “¡Vayan!”. “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos” (Lc 10,3), simbolizando la mansedumbre en medio de un ambiente hostil. ¿Qué deben llevar para el camino? Porque la obra es de Dios, el modo de la misma será a lo divino y no a lo humano. Recomienda la pobreza de medios de los misioneros: “no lleven dinero, ni provisiones, ni calzado…”. El misionero depende del Señor y de los destinatarios. La urgencia del envío: nada puede distraer ni demorar la misión, por ello, ni saludar por el camino. Enviados a las casas de la ciudad, lugar para el primer encuentro y primer anuncio, indicando la importancia de los vínculos personales para transmitir el mensaje. Luego refiere a la ciudad, lugar del anuncio público de la cercanía del Reino, precedido por la curación de los enfermos, signo de la presencia soberana de Dios.

¿Cuál es el contenido del anuncio? El don de la paz. Para la Biblia, la paz indica el conjunto de los bienes mesiánicos esperados para la era escatológica, identificándose con la salvación (cf. Hch 10,36). Presencia de Jesús es presencia de la paz (cf. Lc 24,36); recibir a Jesús es recibir la paz de Dios. “Esta paz no es un deseo, es un don, y tan real que si es rechazado retorna a los discípulos” (W. Foerster). Pero hay que estar abiertos para recibirla, ser “hijo de la paz” (Lc 10,6). En estrecha vinculación con la paz está el anuncio de la llegada del Reino de Dios, que trae la verdadera paz. Al mismo tiempo la paz, junto con la curación de los enfermos, pasa a ser el signo de la llegada del Reino a una persona y a una familia o casa (cf. Lc 10,9). Y la actitud de los misioneros debe ser pacífica, pues son enviados como ovejas en medio de lobos (cf. Lc 10,3). Y si son rechazados no deben reaccionar violentamente, como Santiago y Juan, quienes quisieron que caiga fuego del cielo sobre los habitantes de un pueblo de Samaría porque no lo recibieron (cf. Lc 9,54). Si es así, sacudirse el polvo pegado a las sandalias, indicando la responsabilidad asumida por los que rechazan a los mensajeros, quienes no quieren llevarse nada de ellos, dando por terminada la misión (cf. Lc 10,10-11), porque el juicio pertenece sólo a Dios. Otros elementos a tener en cuenta hoy: En primer lugar, el contenido del anuncio (primera lectura): gozo, consuelo y paz de parte de Dios. Es Evangelio, Buena Noticia. “Él es nuestra paz” (cf. Ef 2,14-18). En segundo lugar, la dimensión eclesial de la misión: en la descripción de Jerusalén (primera lectura), donde abundan los dones de Dios, vemos la imagen de la Iglesia como madre, que ahora invita a sus hijos

a encontrar a Dios y sus dones en ella. El Papa Francisco, en el mensaje para la jornada mundial de las misiones de este año, nos dice comentando el lema de la misma: “«Para que sean mis testigos». La forma plural destaca el carácter comunitario-eclesial de la llamada misionera de los discípulos. Todo bautizado está llamado a la misión en la Iglesia y bajo el mandato de Iglesia…” y menciona a Pablo VI con la Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, refiere que evangelizar es una acto no individual o aislado, sino comunitario.

Esta dimensión eclesial de la misión se concretiza en el cultivo de los vínculos personales. Al respecto nos dicen nuestros obispos en su «Carta pastoral con ocasión de la Misión continental» (20/08/09): «La misión lleva al encuentro personal para transmitir a Cristo. La misión es relación, es vínculo. No hay misión si no me relaciono con el prójimo. La misión necesita de la cercanía cordial. Y el desafío, desde esta cercanía, es llegar a todos sin excluir a nadie» (nº 19). La misión es más que una acción, es una actitud permanente, la misión es permanente, tiene proyección indeterminada (nº7).

El resultado de la misión: Jesús no oculta la posibilidad que surge de la libertad humana, del rechazo. Los demonios se les someten, pero los hombres no, pueden rechazarlos, no querer recibir ni a Dios ni a sus dones, lo que es un gran misterio. El éxito no es ni el motivo ni la motivación del envío. La posibilidad del rechazo no anula ni el envío ni la misión; el apóstol cumple con su misión de anunciar. El Papa Francisco en su mensaje para la jornada mundial de las misiones de este año: “Los misioneros de Cristo no son enviados a comunicarse a sí mismos, a mostrar sus cualidades o capacidades persuasivas o sus dotes de gestión, sino que tienen el altísimo honor de ofrecer a Cristo en palabras y acciones, anunciando a todos la Buena Noticia de su salvación con alegría y franqueza, como los primeros apóstoles”.Que el Señor nos permita experimentar su consuelo; el gozo y la alegría de habernos encontrado con Él en la Iglesia y de recibir la paz del Reino. Entonces, y sólo entonces, estaremos en condiciones de ser sus testigos y misioneros ante los demás, porque esto es lo más importante que tenemos para llevar. Los medios pueden ayudar, pero no podrán suplir nunca la obra de la Gracia. Por eso lo primero que se pide al enviado es que rece, es la oración

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