El mes de julio, dedicado a “La Preciosísima Sangre de Cristo”

La Iglesia dedica cada mes del año a una devoción especial. El mes de julio lo dedica a “La Preciosísima Sangre de Cristo”.

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Maestro Raúl Berzosa

Fuentes: https://desdelafe.mx; https://es.aleteia.org/

La Iglesia dedica cada mes del año a una devoción especial. El mes de julio lo dedica a “La Preciosísima Sangre de Cristo”.

La devoción católica a la Preciosa Sangre de Cristo lleva a adorar al Señor Jesús reconociendo, con gratitud y amor, el valor de su sacratísima sangre.

Sobre ella trata la carta apostólica Inde a Primis del papa Juan XXIII sobre el fomento del culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

La Iglesia instituyó la fiesta litúrgica de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo el día 1 de julio y actualmente invita a seguir la tradición de ensalzar la dignidad de esta sangre en el mes de julio.

Tal vez a alguien pueda parecerle raro, morboso y hasta grotesco lo de celebrar la sangre, quizá caiga en la típica sospecha de que esto es fruto de una piadosería ‘medieval’ que ya debía superarse.
Nada más lejos de la verdad. Celebrar la sangre de Cristo no es invento de la Iglesia. El propio Jesús nos dio la razón para hacerlo. Para comprenderlo basta leer en los Evangelios de san Mateo, san Marcos san Lucas el momento en que, en la Última Cena, Jesús transformó el vino en Su Sangre, diciendo: “Ésta es Mi Sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.” (Mt 26, 28).

En la Biblia está escrito que hemos sido rescatados con «una sangre preciosa», la de Cristo (1 Pe 1, 19).  San Pablo dice que “para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5, 1), y esta libertad tuvo un precio alto: la vida, la sangre del redentor.

Prueba de amor

  • La Sangre de Cristo es el precio que Dios pagó por librar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna.
  • La Sangre de Cristo es la prueba irrefutable del Amor de Dios Trinidad a todo hombre, sin excluir a nadie.
  • La devoción a la Sangre de Cristo es en el fondo un acto de amor y de respeto al misterio insondable del Amor y de la Misericordia divinas.
  • Y la Iglesia conmemora el misterio de la Sangre de Cristo, en muchas celebraciones, como en la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Señor, el Corpus Christi.

Al dedicar todo un mes a este tema, la Iglesia nos invita a considerar, principalmente, lo siguiente:

Que Jesús derramó Su sangre por nosotros


Los antiguos acostumbraban sellar pactos haciéndose cada uno una cortadita y uniendo una con otra como para mezclar sus sangres y significar que quedaban hermanados. En el Antiguo Testamento, las alianzas de Dios con Su pueblo se sellaban rociando sangre de animales. Jesús en cambio vino a establecer con nosotros una Alianza nueva y eterna, y la selló con Su propia Sangre. Y no fue mediante una herida pequeña. Fue flagelado, coronado de espinas, crucificado, traspasado con una lanza. Selló Su alianza con nosotros derramando Su Sangre, ¡toda Su Sangre! Recordar esto es tener presente Su sacrificio, Su amor hasta el extremo, que dio Su vida por nosotros.

Que por Su Sangre nos rescató del pecado


Nunca hubiéramos logrado, por nosotros mismos, pagar la deuda que teníamos con Dios por nuestros pecados. Anunciaría el profeta Isaías: “Por sus llagas, hemos sido curados” (Is 53, 5). Afirmó san Pablo que Jesús clavó en la cruz la nota que nos condenaba (ver Col 2, 14). Celebrar Su Sangre es mantener en nosotros viva la gratitud y la esperanza, de que aunque en nosotros abunda el pecado, en Él sobreabunda la gracia (ver Rom 5, 20), así que nunca hemos de desesperar de salvarnos, sino tomarnos de la mano de Aquel que nos lava con Su Sangre.

Que Su Sangre nos da vida


Jesús dijo que debíamos beber Su Sangre para tener vida eterna, y no hablaba en forma simbólica, sino real (ver Jn 6, 53-55). Anunciaba lo que hoy ocurre en cada Misa durante la Consagración: el pan y el vino mantienen su apariencia, pero en realidad han sido transformados en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Alimento de vida, Bebida de salvación.

Consideremos también otros aspectos. Sería conveniente aprovechar este mes para reflexionar en que así como la sangre es esencial para nuestro cuerpo y lo ayuda y beneficia de muchas maneras, así también la Sangre de Cristo es esencia para nuestra alma y la ayuda y beneficia de muchas maneras. Por ejemplo:

La sangre purifica el cuerpo porque transporta dióxido de carbono a los pulmones, y desechos a los riñones, para que los expulsen. La Sangre de Cristo nos lava del pecado, nos ayuda a expulsarlo de nuestra vida, nos purifica el alma.

La sangre lleva agua, minerales, hormonas y otras sustancias vitales a diferentes órganos y tejidos para mantenerlos sanos y vivos. La Sangre de Cristo nos comunica Su gracia para mantenernos espiritualmente vivos y sanos.

La sangre defiende el cuerpo de microbios y bloquea y cicatriza heridas. La Sangre de Cristo nos defiende del demonio y nos fortalece para no dejarlo entrar a nuestra vida.

La sangre mantiene constante la temperatura del cuerpo. La Sangre de Cristo no da la gracia para no volvernos fríos ni tibios, ni dejarnos quemar por pasiones desordenadas, sino perseverar sin altibajos en amar y cumplir Su voluntad.

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Una popular devoción

El valor y la eficacia redentora de la Sangre de Cristo son objeto de memoria y adoración constante. Por ejemplo, en dos momentos claves: el Viernes Santo durante la adoración de la cruz, y en la exaltación de la Santa Cruz.

La veneración de la Sangre de Cristo ha pasado del culto litúrgico a la piedad popular, en la que tiene un amplio espacio y numerosas expresiones: el Vía Sanguinis, la hora de adoración a la Preciosísima Sangre de Cristo (la alabanza y la adoración de la Sangre de Cristo presente en la Eucaristía), las Letanías de la Sangre de Cristo (el formulario actual, aprobado por el papa Juan XXIII), la Corona de la Preciosísima Sangre de Cristo, en la que con lecturas bíblicas y oraciones son objeto de meditación las piadosas siete efusiones de Sangre de Cristo.

Maestro Raúl Berzosa

El rosario a la Preciosísima Sangre

Una forma de entrar la Pasión de Jesús es reflexionar sobre las heridas que sufrió y la sangre que derramó debido a ellas.

Esto se trata de una antigua devoción en la Iglesia, una que tiene sus orígenes en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, en la Primera Carta de san Juan leemos:

“Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado”.

1 Juan 1,7

A continuación presentamos una breve guía de la hermosa devoción a la Pasión de Jesús que se llama “Rosario a la Preciosa Sangre de Cristo”. Contiene poderosas oraciones que se pueden rezar con un rosario normal.

Haz la señal de la cruz.

En la primera cuenta grande, recita el Credo de los Apóstoles:

Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.

Amén.

A continuación, recita la siguiente oración:

Que la Preciosa Sangre que brota de la sagrada cabeza de nuestro Señor Jesucristo nos cubra ahora y siempre. Amén.

Por cada década de las cuentas, hay una herida diferente de Jesús sobre la que reflexionar.

1) La mano derecha de nuestro Señor Jesús es clavada

Recita la siguiente oración:

Por la preciosa llaga de tu mano derecha y por el dolor causado por el clavo que la atravesó la Preciosa Sangre que brota de ella salve a los pecadores del mundo y convierta muchas almas. Amén.

Permanece en la misma cuenta y reza un Padre Nuestro y un Avemaría.

A continuación, en las cuentas pequeñas reza:

Sangre Preciosa de Jesucristo, sálvanos a nosotros y al mundo entero”.

Al final de cada década repite “Gloria”:

Toda la Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

2) La mano izquierda de nuestro Señor Jesús es clavada

Recita la siguiente oración:

Por la preciosa llaga de tu mano izquierda y por el dolor causado por el clavo que la atravesó la Preciosa Sangre que brota de ella libere almas del purgatorio y proteja a los moribundos de los ataques de los espíritus infernales. Amén.

Repite la misma secuencia como en el primer misterio.

3) El pie derecho de nuestro Señor Jesús es clavado

Recita la siguiente oración:

Por la preciosa llaga de tu pie derecho y por el dolor causado por el clavo que lo atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella cubra los cimientos de la Iglesia católica contra los planes del reino oculto y los hombres malignos. Amén.

Repite la misma secuencia como en el primer misterio.

4) El pie izquierdo de nuestro Señor Jesús es clavado

Recita la siguiente oración:

Por la Preciosa Sangre de tu pie izquierdo y por el dolor causado por el clavo que atravesó, la Preciosa Sangre que brota de ella nos proteja en todos nuestros caminos de los planes y ataques de los espíritus malignos y sus agentes. Amén.

Repite la misma secuencia como en el primer misterio.

5)El sagrado costado de nuestro Señor Jesús es traspasado

Recita la siguiente oración:

Por la preciosa llaga de tu sagrado costado y por el dolor causado por la lanza que lo traspasó, la Preciosa Sangre y agua que brotan de ella sane a los enfermos, resucite a los muertos, solucione nuestros problemas presentes y nos enseñe el camino hacia nuestro Dios para la Gloria eterna. Amén.

Repite la misma secuencia como en el primer misterio.

Cuando llegues al final del rosario, reza estas oraciones:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oh Preciosísima Sangre de Jesucristo, te honramos, te alabamos y te adoramos por tu obra de eterna alianza que trae paz a la humanidad. Sana las heridas en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consuela al Padre todopoderoso en su trono, y lava los pecados del mundo entero. Que todos te reverencien, oh Preciosa Sangre, ten misericordia. Amén.

Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros.

San José, esposo de María, ruega por nosotros.

Santos Pedro y Pablo, rueguen por nosotros.

San Juan al pie de la Cruz, ruega por nosotros.

Santa María Magdalena, ruega por nosotros.

Todos los grandes santos de nuestro Señor, rueguen por nosotros. 

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Maestro Raúl Berzosa

En este mes reza la Corona de la Preciosísima Sangre de Cristo, que con textos bíblicos recuerda que Cristo derramó Su Sangre en Su circuncisión; en el Huerto de los Olivos; en la flagelación; al ser coronado de espinas; al cargar la cruz; al ser crucificado y en la lanzada a Su costado.

LETANÍA A LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO


Ordenada por el Papa Juan XXIII

El mismo Papa que mandó inscribir en el Ritual de la Iglesia esta letanía nos mandaba también añadir, antes de la reserva del Santísimo Sacramento, la alabanza: ¡Bendita sea su preciosísima Sangre! ¿Por qué?… Esa Sangre por la que fuimos salvados merece una devoción especial. Además, es un reconocimiento agradecido al amor de Jesucristo, que no ahorró ningún sufrimiento a fin de ganarse el amor de nuestros corazones.

Señor Jesucristo, que con tú Sangre limpias el pecado del mundo y nos mereces la salvación.
¡Sálvanos ahora y siempre!

Señor ten piedad. Cristo, ten piedad.
-Señor ten piedad.
-Cristo, óyenos
-Cristo, escúchanos.

Dios, Padre Celestial, ten piedad.
Dios, hijo Redentor del mundo, ten piedad.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad.
Trinidad Santa, que eres un sólo Dios, ten piedad.

RESCÁTANOS (se repite en cada una)
-Sangre de Cristo, Hijo Unigénito del Eterno Padre.
-Sangre de Cristo, del Verbo de Dios hecho Hombre.
-Sangre de Cristo, de la Nueva y Eterna Alianza.
-Sangre de Cristo, caída en la tierra durante la agonía del Huerto.
-Sangre de Cristo, que corrió abundante durante la flagelación.
-Sangre de Cristo, vertida de la cabeza en la coronación de espinas.
-Sangre de Cristo, derramada en la cruz.
-Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación.
-Sangre de Cristo, con la cual hay redención de los pecados.
-Sangre de Cristo, bebida nuestra en la Eucaristía y baño de las almas.

– Manantial de misericordia
– Río de misericordia
– Lago de misericordia
– Catarata de misericordia
– Mar de misericordia
– Océano de misericordia

Sangre de Cristo
-Sangre de Cristo, victoria sobre el demonio.
-Sangre de Cristo, fuerza de los mártires.
-Sangre de Cristo, vigor de los confesores de la fe.
-Sangre de Cristo que engendra vírgenes.
-Sangre de Cristo, fortaleza de los que peligran.
-Sangre de Cristo, alivio de los que sufren.
-Sangre de Cristo, consuelo en la aflicción.
-Sangre de Cristo, esperanza del pecador.
-Sangre de Cristo, seguridad de los moribundos.
-Sangre de Cristo, paz y delicia de los corazones.
-Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna.
-Sangre de Cristo, liberación de las almas del purgatorio.
-Sangre de Cristo, digna de toda gloria y honor.
-Nos has redimido, Señor, con tu Sangre.
-Y has hecho de nosotros un Reino para nuestro Dios

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, que te aplacaste con la Sangre de tu Hijo Jesucristo, constituido Redentor del mundo. Al venerar esta Sangre Sagrada, líbranos de todo mal y danos la alegría del cielo. Amén.


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