Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  jueves 28 de julio de 2022 «Lectio Divina»

“Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”

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Dios habita en su santa morada. Él congrega en su casa a los dispersos. Él dará poder y fortaleza a su pueblo.

Sal 67, 6-7. 36
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Audios Originales de: https://panversia.com/

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías 

Jr 18, 1-6

1 Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: «Baja ahora mismo al taller del alfarero, y allí te haré oír mis palabras». 3 Yo bajé al taller del alfarero, mientras el trabajaba en el torno. 4 Y cuando la vasija que estaba haciendo le salía mal, como suele pasar con la arcilla en manos del alfarero, él volvía a hacer otra, según le parecía mejor. Entonces la palabra del Señor me llego en estos términos: ¿No puedo yo tratarlos a ustedes, casa de Israel, como ese alfarero? –oráculo del Señor–. Sí, como la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

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Salmo Responsorial

Sal 145, 1b-2. 3-4. 5-6ab  

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes. R/.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Mateo

Mt 13, 47-53

“El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces”

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En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: 47 el Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, 50 para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 51 ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron.

52 Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo». 53 Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

“En este mundo los buenos y los malos, están juntos por la paciencia de Dios; y sólo en el juicio final se dará la separación de los mismos de modo que sólo los buenos heredarán el reino de los cielos”

Esta parábola de la red es semejante a la del trigo y la cizaña, planteando sobre la paciencia que debemos tener los unos con los otros hasta que llegue la instauración definitiva del Reino de Dios. En ambas, existen experiencias negativas y positivas dentro mismo de la comunidad cristiana. Pero la forma en que nos presenta, nos advierte que las dificultades y adversidades son pasajeras, mientras dura nuestro caminar hasta el final del mundo, lo que indicaría que el Reino de Dios se manifiesta en toda su plenitud o esplendor. Por ello, mientras dura el discernimiento final, se invita a mantenernos firmes conservando nuestra identidad de cristianos creyentes, siendo fieles en el seguimiento del Señor. Sabemos que esa fidelidad es fruto de la Gracia y no sólo de nuestros esfuerzos o méritos, aunque éstos sean necesarios, son absolutamente insuficientes.

La «red de pesca», que en aquella época tenía entre 250 y 400 mts. de largo y 2 mts. de ancho, con elementos de peso en un lado para que se hunda, mientras que arriba tenía corcho o madera ligera para que se mantenga a flote. Las redes eran manejadas por uno o más botes, de modo que atrapaban toda clase de peces que luego eran llevados a tierra para seleccionarlos; tal como narra esta parábola de la red. La misma es luego interpretada en clave escatológica al ser relacionada al “fin del mundo” (cf. Mt 13,49-50). Su mensaje es semejante al de la parábola del trigo y la cizaña, con cuya explicación alegórica comparte el vocabulario, señalando que, en este mundo los buenos y los malos, están juntos por la paciencia de Dios; y sólo en el juicio final se dará la separación de los mismos de modo que sólo los buenos heredarán el Reino de los cielos. Esto mismo nos enseña a que la paciencia, que viene de Dios, debe ser practicada entre los miembros de una comunidad, pues el juicio o la selección definitiva corresponde sólo a Dios.

También nuestro texto menciona que: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos”: teniendo en cuenta el contexto de todo el evangelio según san Mateo, que es un evangelio de síntesis, se trataría de una exaltación de los que intentan mantener la correlación entre el Antiguo Testamento y la novedad de Jesús; como tantas veces hace el evangelista con sus citas de cumplimiento. Mención clara que también un escriba es llamado a ser discípulo de Jesús, quien realmente sabrá presentar el cumplimiento de todo lo que se dijo antiguamente en el Jesús. El mensaje de la parábola ante la presencia del mal y los malos es que Dios ha decidido no intervenir antes del juicio final, pues respeta la libertad de los hombres y no quiere anular la libertad de los buenos. A la luz de todo el evangelio podemos decir también que Dios tiene paciencia y bondad para con todos manteniendo la esperanza en la conversión de los “malos”; y pide vivir esta actitud, ya que: «así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45).  Recordemos que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 18,23). Siempre nos enseña que Él es rico en piedad y bondad, lento para enojarse y veloz para perdonar, un poco contrario muchas veces a nuestras actitudes, que caemos fácilmente en ser lentos para perdonar y veloz para condenar. Por tanto, nosotros no estamos llamados a condenar, sino a condonar, esto es, a perdonar a los hermanos, porque Dios nunca nos trató como merecemos por nuestros múltiples pecados, sino que siempre con amor y misericordia, esperando nuestra conversión.

Además, nosotros también esperamos ser tratados siempre con misericordia y no con severa justicia (venganza), pues Dios mismo nos pide ser misericordiosos como Él, quien es bueno con todos. Recuerdo lo que el Papa Francisco nos planteó en el año extraordinario jubilar de la Misericordia, con el lema: “Misericordiosos como el Padre”, diciéndonos que nosotros ya hemos sido “misericordiados” por Dios, ya que Él nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10).

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